Las historias detrás de Auschwitz

Las historias detrás de Auschwitz

Una oportunidad para rescatar del olvido esas historias de dolor que vivieron millones de judíos.

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02 de febrero 2015 , 06:17 p.m.

La conmemoración de los setenta años del descubrimiento por parte de las tropas aliadas del campo de concentración de Auschwitz es una oportunidad para rescatar del olvido esas historias de dolor que vivieron millones de judíos hechos prisioneros por las tropas del Tercer Reich.

Ese 27 de enero de 1945, cuando el ejército soviético descubrió el campo de exterminio, quedó para siempre en la memoria de quienes lograron sobrevivir al Holocausto nazi.

Como le ocurre a la señora Raquel Gedallovic, una mujer de 83 años que hace más de cincuenta años vive en Cali, que narró en la edición del domingo 25 de enero de este diario su dramática experiencia en el complejo de la muerte donde Joseph Mengele seleccionaba a quienes iban a ser ejecutados en las cámaras de gas.

Ubicado 43 kilómetros al oeste de Cracovia, el campo de concentración fue creado para llevar allí, engañados, en trenes, desde distintos países de Europa, a miles de ciudadanos que encontraron la muerte cuando intentaban bañarse, al entrar en contacto con el fatídico químico Zyklon B producido por el laboratorio alemán IG Farben. Los hombres de Hitler contrataron esta empresa para que lo instalaran en las duchas de los baños.

Al abrirlas, en vez de agua por allí salía el mortal químico. Un millón cien mil ciudadanos, el 90 por ciento judíos, encontraron la muerte en este centro de exterminio que fue creado bajo la supervisión de Heinrich Himmler y dirigido por Rudolf Höos, oficial de las temidas SS. El complejo abrió sus puertas el 20 de mayo de 1940, después de la invasión a Polonia.

Detrás del campo de concentración de Auschwitz quedan solamente historias de dolor. Se inician con el sufrimiento de los ciudadanos que son obligados a subirse a los trenes para emprender el viaje hacia la muerte. Familias enteras fueron llevadas hasta este complejo. En cada viaje, los trenes llevaban hasta trescientas personas.

Los pasajeros nunca se imaginaron que tenían como destino un lugar donde se trabajaba en el exterminio de una raza. Al descender, la frase “El trabajo los hará libres”, escrita en un aviso a la entrada del campo, les hacía pensar que llegaban a un sitio donde iban a tener nuevas oportunidades laborales. Pero la realidad era otra: estaban en un infierno.

Un infierno donde los hornos crematorios tenían capacidad para reducir a cenizas 80.000 personas en un mes.
Raquel Gedallovic, la ciudadana sobreviviente al exterminio, cuenta que el traqueteo de los vagones sin ventanas sobre los rieles producía un sonido macabro.

Pero era peor el olor que expelían las cubetas habilitadas para hacer las necesidades cuando, por los movimientos de los vagones, se regaban en el piso las deposiciones. Tres días de viaje, de pie en el vagón, aguantándose ese ruido y ese olor, eran un calvario. Pero no fue nada frente a lo que le tocó vivir cuando el tren la descargó en la puerta de ingreso a Auschwitz. Fue separada de sus padres. Ellos fueron conducidos, inmediatamente, a las cámaras de gas. Por esta razón, no olvida la palabra “mañana”. Fue la que le dijeron a su mamá en el momento en que preguntó cuándo podía volver a ver a la hija.

Las historias que cuentan los sobrevivientes del exterminio nazi causan dolor en el alma. Moshe Haelión, otro sobreviviente, que tenía 16 años cuando la guerra llegó a Salónica, su tierra, narra que cuando llegó al campo de concentración fue separado de su madre y su hermana.

Vino a saber que fueron llevadas a las cámaras de gas porque un compañero de estudio con quien se encontró le dijo que había visto cuando sus cuerpos eran conducidos a los hornos crematorios. Dice que los engañaban para entrar a las cámaras de gas, haciéndoles creer que se iban a bañar. Muchos años después, este sobreviviente fue hasta Auschwitz con su hija, que estaba en embarazo, para reencontrarse con ese pasado que nunca pudo olvidar.

Todas las historias vividas por los sobrevivientes del campo de concentración son horripilantes. Como es horripilante saber que cuando el ejército soviético ingresó a Auschwitz se encontró cantidades de huesos amontonados en los rincones.

Era el testimonio de la barbarie cometida por los seguidores de Hitler, que, queriendo hacer realidad su sueño de una raza pura, no se detuvieron ante el dolor de los prisioneros de guerra que veían asombrados cómo desaparecían a sus familias. Marcos Peckel cuenta que, cuando los alemanes se percataron de que el ejército soviético estaba por llegar al complejo, 60.000 prisioneros fueron obligados a marcharse del sitio, caminando. En su intento por destruir evidencias de la ignominia, quienes ya no tenían fuerza para caminar fueron asesinados a bala.

JOSÉ MIGUEL ALZATE

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