Editorial: Las piezas que faltan

Editorial: Las piezas que faltan

Entrega de Hurtado, clave para esclarecer uno de los episodios más oscuros en la historia del país.

01 de febrero 2015 , 10:10 p.m.

Cansada, como ella misma lo reconoció, de evadir a los tribunales y con la certeza de que había una circular roja de Interpol en su contra, hecho sumado al de no contar con pasaporte válido que reducía sustancialmente su campo de acción, la exdirectora del DAS María del Pilar Hurtado decidió el sábado pasado poner fin a cuatro años de zozobra y regresar al país para darle la cara a la justicia.

Bien vale aquí un paréntesis para decir que así como ella fue la encargada de abrir la cuestionable senda del refugio en el exterior para exfuncionarios con procesos en curso, es de esperar que sea también pionera en otra, más deseable, que permita a quienes hoy permanecen en el exterior regresar a someterse a los tribunales colombianos.

Como es conocido, Hurtado está en el centro de uno de los escándalos más sonados en la historia reciente del país y al que todavía le quedan muchos cabos por atar. De tal magnitud fue el episodio, que, ante el mismo, no sobrevivió la entidad que por más de cincuenta años tuvo en sus manos las riendas de la inteligencia estatal.

Ya han sido condenados exfuncionarios por haber abusado de las potestades de sus cargos, llevando a cabo seguimientos y escuchas ilegales, además de macabras intimidaciones a periodistas y a reconocidas figuras de la oposición. Ahora es necesario establecer –por el bien de toda la institucionalidad, por el derecho que tienen las víctimas a la verdad y porque en este caso, más que en cualquier otro, hay que sentar un precedente sobre lo inaceptable que es utilizar el aparato estatal para violar derechos fundamentales– qué había detrás de estas órdenes.

En este propósito, Hurtado bien puede tener las piezas que le faltan al rompecabezas. Con las dosis de culpabilidad o de inocencia que sean del caso –la justicia lo dirá–, ojalá aporte, así sea simplemente a cambio de la tranquilidad que para su conciencia traerá, luces ciertas sobre un suceso cuyas tinieblas le hacen un grave daño a la sociedad. Así mismo, hay que llegar hasta el final en el esclarecimiento de testimonios que hablan de sombríos vasos comunicantes que funcionarios habrían establecido con el crimen organizado.

Que quede claro: el que hechos tan graves terminen sin ser aclarados es un escenario que a nadie conviene, comenzando por quienes hoy están en el banquillo de los acusados. Sería impresentable, de cara a las próximas generaciones, que esta página no tuviera como epílogo el castigo de los culpables de excesos y, especialmente, la verdad sobre los mismos, así como la lección de que poner las instituciones al servicio de intereses particulares es invitar a caminar al Estado de derecho por el filo de un abismo.

Así mismo, para el objetivo de despejar los nubarrones, es tan necesaria la disposición de los sindicados para reconstruir la verdad como la adhesión de los encargados de impartir justicia a los principios básicos que deben regir a esta rama y que tienen que ver con la imparcialidad, la ponderación, la eficiencia y el respeto por los derechos de los acusados, entre otros.

Un camino que, por cierto, también los aparta de la tentación de los reflectores y los micrófonos. Y es que aquí, además de esclarecer por fin un oscuro episodio, estamos ante una inmejorable oportunidad para que la justicia renueve una credibilidad hoy maltrecha.

EDITORIAL
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