Julián Rojas, el Rey de la nota diversa y tradicional

Julián Rojas, el Rey de la nota diversa y tradicional

El sanandresano interpreta el vallenato como los juglares, pero se nutre de la música del mundo.

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01 de febrero 2015 , 10:58 a.m.

Juliancito, de 5 años, el menor de nueve hermanos, salió despavorido a esconderse en uno de los cuartos de la casa, al notar que su hermano Jorge, 10 años mayor que él, había regresado de bucear y lo encontró con el acordeón terciado al pecho.

El niño pensó que por tomar el instrumento sin permiso el regaño era seguro, pero Jorge lo felicitó pues al ingresar a la vivienda, en el barrio San Luis, en la zona de Sound Bay, en la punta sur de la Isla de San Andrés, escuchó las notas de la Charanga Campesina, de Calixto Ochoa, tan bien tocadas, que lo impresionó.

“Venga Julián, no corra, vuelva y toque, pero el acordeón no se deja tirado en el suelo”, le dijo el adolescente (quien ya tocaba) a su hermanito.

Era el año 1975, cuando Julián Rojas, Rey Vallenato en 1991, comenzaba sus amores con el arrugado instrumento, paralelo a las aventuras playeras que vivía entre regueés, calipsos, boleros, salsas,y de cuanto ritmo apareciera, incluido el vallenato, que apenas se conocía por Alfredo Gutiérrez, Alejandro Durán y los hermanos López.

Las cosas no podían transcurrir mejor para ese niño flaco y de cabellos rubios que ya acompañaba a su hermano en presentaciones que este daba en Johnnny Cay y en las que le dejaban tocar dos canciones a cambio de una chocolatina.

Pero llegó el día en el que Julián se quedó sin la música. Jorge, motivado por el sueño de convertirse en técnico de acordeones, se marchó a Bogotá.

“Dejaba de ir al colegio para contemplar un acordeón exhibido en un almacén y que tocaba de vez en cuando”, relató el Rey.

De oído, como si este fuera la extensión de sus manos, el niño comenzó a desarrollar y forjarse un camino en la música.

Eran tantas las ganas de tocar, que su padre, José Gabriel Rojas, organizó una rifa cuyos fondos serían destinados para comprar el acordeón con el que soñaba.

Al obtenerlo, ya no tuvo más limites, viajó a Bogotá siendo un ‘pelao’, donde se mezcló con la crema y nata de la música vallenata, incluidos dos de los que considera sus maestros: Israel Romero y Alfredo Gutiérrez.

“Llegar a Bogotá fue lo máximo, porque con mi hermano conocí a los grandes y aprendí mucho. Hice amistad con todos ellos y también me ha tocado despedir a varios”, refirió.

Rojas, quien acompañó a Rafael Orozco durante un año, cuando Israel Romero fue sometido a una cirugía, inició su recorrido en los festivales vallenatos logrando, en 1986, con 16 años, el tercer puesto en el Cuna de Acordeones de Villanueva (La Guajira), el segundo más importante después de Valledupar.

Un triunfo agridulce

Tras obtener otro tercer puesto en 1988, pero ya en el Festival Vallenato de Valledupar, Rojas volvió de nuevo a la capital del Cesar, pero en esa ocasión como asesor de Juancho Rois.

Un día en Bogotá, este le propuso ayudarle a prepararse para competir.

Cuenta Rojas que, en uno de los ensayos, Rois le pidió que se presentara, lo que aceptó luego de insistirle varias veces.

“Juancho me dijo: Juliano, (asi le decía) tu eres bueno. Participa y te das a conocer”, relató el músico.

Ambos pasaron a la final, pero Juancho Rois optó por cambiar lo ensayado y en vez de tocar el paseo La Contra, interpretó Lucero Espiritual, tal cual como lo había grabado con Diomedes Díaz.

“Desde abajo de la tarima no podía entender lo que pasaba. Me subí con sus acordeones, toqué y gané. Me tocó ganarle a Juancho, pero solo esa noche, porque era insuperable”, agregó.

Ya con la corona, los dos conjuntos, el de Rojas y el de Rois, se dirigieron a la parranda que le tenían preparada al nuevo Rey vallenato.

“Mucha gente no lo sabe, pero Juancho se sacrificó por mí. Luego de ganar fue una noche eterna en la que no podía entender lo que había pasado. Por un lado, se suponía que tenía que estar feliz, pero por otro triste porque le gané a Juancho”, relató Rojas.

Después de esa noche, la amistad entre ambos acordeoneros continuó, pero nunca tocaron más el tema del festival hasta que Rois perdió la vida en el accidente aéreo.

‘El vallenato está en estado de coma’

Julián Rojas, que ostenta 51 primeros puestos en festivales, considera que el vallenato “está en estado de coma”. Para el músico, muchos de los artistas de hoy están más concentrados en lo económico y lucir bien que en hacer buena música. “Se ha perdido la creatividad y todo los arreglos son percutivos sin melodía”, dijo.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
Barranquilla.

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