Marco Lazaga, la trampa como sistema

Marco Lazaga, la trampa como sistema

Con ello ha logrado 14 contratos, pero no puede esperar pasar eternamente inadvertido.

01 de febrero 2015 , 01:41 a.m.

“Un gol con la mano decidió un ascenso”, decía el cable en crudo. Hablaba del tanto del paraguayo Marco Lazaga, de Cúcuta, a Quindío, para el empate parcial 2-2 que influyó en el 3-3 del pase a Primera del equipo rojinegro. A la noticia faltaba agregarle “mano deliberada”, pues eso fue y es lo que torna desgraciado el suceso. Sin ninguna posibilidad de cabecear, Lazaga directamente tiró el manotazo. La justicia está muy vinculada al mérito y el mérito al fútbol, por eso duele tanto (y molesta) cuando sucede algo así: lesiona de gravedad el espíritu del deporte. Más cuando determina una instancia tan trascendente.

El árbitro Ulises Arrieta dice no haber visto la mano monumental. En todo caso, merece el beneficio de la duda: el área era una romería. Pero le queda el antecedente... ¿Cómo arreglar semejante ultraje al juego limpio...? El fútbol tiene caminos: jugar el partido nuevamente y sancionar con dureza al infractor sería una decisión edificante. Cúcuta Deportivo no debería poner reparos y daría un ejemplo magnífico.

No es la primera vez que se da un gol de esta forma. La célebre ‘Mano de Dios’ de Maradona en México-1986 es la más recordada por todo el contorno: un Mundial, el estadio Azteca, Inglaterra como rival, cientos de millones frente al televisor... Aquella fue más sutil, hubo que verla varias veces, lo cual exculpa al juez tunecino Alí Bennaceur, aunque no a Maradona. Valga decir que Diego sí saltó para impactar el balón con la cabeza y, cuando vio que no llegaba, metió el puño. De todos modos, los argentinos no entronizaron a Maradona por ese gol vergonzante, sino porque fue un monstruo del fútbol de todos los tiempos, porque les dio el título mundial y por la otra conquista frente a los ingleses, que es considerada la más bella de todas las copas y que tapó en parte a la primera. También debe considerarse la circunstancia: el rival era Inglaterra, que ganó en 1966 con la flagrante complicidad arbitraría orquestada por Stanley Rous (arbitrajes que perjudicaron a Brasil, Argentina y Uruguay) y por el antagonismo secular entre ambos países. Había muchos ingredientes que, en el inconsciente colectivo, elevaban esa ‘Mano de Dios’ al nivel de reparación histórica, entre ellos las usurpadas islas Malvinas. La gente hubiera querido que los dos goles fueran como el segundo; se dio como se dio y celebró igual. Más por ser Inglaterra el vencido. Los hinchas de Cúcuta también festejaron el ascenso, no es que estén felices por la mano. Seguro les hubiese encantado que se diera de otra forma, más épica. No hay por qué condenar su alegría.

Aparte, Maradona fue victimario por un día en el fútbol. Antes y después lo abollaron a patadas (sobre todo en Italia) y nunca respondió. Diego y Pelé son los dos futbolistas más golpeados de la historia.

Lazaga no es Maradona. En él los goles con la mano son menos inusuales que con el pie, los ha intentado infinidad de veces. Cuando un club contrata a un jugador debe analizar sus antecedentes, y en esto sí es responsable Cúcuta. Lazaga tal vez sea el jugador más desleal de la Fifa. Difícil que alguien lo supere en este rubro: tiene decenas de antecedentes violentos, goles con la mano, patadas, codazos intentados y perpetrados, planchazos, peleas, insultos cruzados, cantidades de expulsiones en Paraguay, Bolivia, Argentina, Chile, Perú; denuncias de abuso sexual a una mujer en Chile, de agresión a otra en Paraguay, de haber golpeado a una periodista y a su camarógrafo, también en Paraguay (por lo que tenía captura internacional), de pegarle a un hincha en Chile que le costó el arresto por parte de Carabineros...

“Es un muchacho díscolo, polémico, metido en incontables peleas y enredos de todo tipo en su vida privada y deportiva”, cuenta el colega ‘guaraní’ Gaspar Aníbal Noguera. “Pese a ello, la gente de Olimpia lo quería, pues le había sacado la mujer a Jorge Brítez, jugador de Cerro Porteño”.

En el escaso lapso de nueve años cambió 14 veces de club. Llega con el rótulo de “temperamental”, muy seductor para mucha gente. No dura; se va después de algún escándalo o alguna inconducta. Cúcuta no puede aducir que no sabía quién era. Desde internet en adelante, se sabe todo. Lazaga ha empleado la trampa como sistema. Con ello ha logrado 14 contratos; lo que no puede esperar es pasar eternamente inadvertido. El bien siempre debe imponerse sobre el mal. Y tiene la ley para librarse de sus males.

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
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