Las sospechas de Plinio

Las sospechas de Plinio

No puede impedir que superemos un conflicto de 50 años y más de 6 millones de víctimas.

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31 de enero 2015 , 08:24 p.m.

La columna de Plinio del 30 de enero corresponde al ideal de discusión civilizada y racional que le conviene a Colombia.

Por un lado, abre un terreno enorme para el perfeccionamiento de fórmulas de justicia y participación política, dos de los verdaderos nudos gordianos de las negociaciones.

Del otro lado, advierte sobre supuestas ambiciones territoriales de las Farc que serían inadmisibles. “... Y lo están consiguiendo a través de concesiones disfrazadas de buenos propósitos. Ejemplo claro de tal engaño son las zonas de reserva campesina (ZRC), que serían administradas por comunidades agrarias sin intervención directa del Estado y sin la presencia de las Fuerzas Militares”.

Aquí hay una mezcla de mitos erróneos y de sospechas que vale la pena examinar. Por otra parte, se confunden tres planos: lo acordado, la ley vigente y la realidad.

En el informe conjunto suscrito en enero del 2014 por el Gobierno y las Farc se dijo: “... se estableció que el Gobierno Nacional hará efectivo el apoyo a los planes de desarrollo de las zonas constituidas y de las que se constituyan, en respuesta a las iniciativas de las comunidades y de las organizaciones agrarias que estas consideren representativas, siguiendo lo dispuesto en las normas vigentes, y promoverá la participación activa de las comunidades en la ejecución de estos planes”. En el Acuerdo se dijo además: “... la presencia del Estado será amplia y eficaz, y se expresará en el cumplimiento de los derechos de todos los ciudadanos en democracia”.

Por su parte, las ZRC fueron creadas por ley de 1994 –no en La Habana– y han venido funcionando dentro del marco de la legalidad.

Hasta aquí tenemos claro que en el Acuerdo no hay “concesiones disfrazadas”. Es absolutamente falso que se haya pactado la exclusión de las Fuerzas Militares. Es igualmente falso que en la ejecución de los planes de desarrollo no haya intervención del Estado. Todo lo contrario.

Ahora vamos a la realidad:

Hay un conflicto agrario. Eso es indiscutible. Hay un juego de espejos del cual tenemos que salir. ¿Hay problemas porque hay guerrilla o hay guerrilla porque hay problemas? Ni lo uno ni lo otro. La capacidad y la voluntad organizacional y militar de la guerrilla contribuyen a perpetuar el conflicto. Pero no toda la conflictividad cae bajo el radar de la guerrilla. No es cierto que la única causa del conflicto sea la guerrilla.

La solución rural es imperativa. La brecha social en contra del campo está creciendo. Las violencias derivadas de la situación agraria afectan toda la vida nacional. Parte de la inseguridad urbana se deriva de condiciones que se gestaron en el campo. Hay dificultades de acceso a la tierra y a los recursos necesarios, obstáculos para aumentar la productividad, ausencia de representación y verdaderos problemas que tocan con la dignidad humana.

Lo que pretendemos en La Habana es la aplicación de la teoría de los dos pájaros de un tiro. El fin del conflicto es una oportunidad para adelantar transformaciones. Más que concesiones y negociaciones, se trata de superar deficiencias reales en el campo que constituyen una asignatura pendiente con las Farc o sin ellas.

Ahora bien: sí creemos en la necesidad de la participación, sí creemos que las Farc sin armas y en democracia pueden jugar un papel en la sociedad, sí creemos que negar los problemas es la peor forma de resolverlos.

Plinio sospecha de las intenciones de las Farc. Cree que detrás hay una estrategia de dominio territorial. Algo del pasado valida la sospecha. Pero esta supuesta estrategia ni se desprende del Acuerdo, ni el Acuerdo la favorece. Es obvio que hay que estar alerta y extirpar por completo la intimidación y la combinación de formas de lucha.

Pero la sospecha tiene que ser administrada. No puede impedir que busquemos la superación de un conflicto de 50 años y más de 6 millones de víctimas.

Humberto de la Calle
Jefe del equipo negociador del Gobierno en La Habana

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