El don de la inoportunidad

El don de la inoportunidad

En mi película, Luis de Funes le da órdenes a 'Romaña' como lo haría el pato Donald en persona...

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31 de enero 2015 , 08:23 p.m.

Cuando al presidente Santos le sonó la idea de sus anfitriones de París de montar un esquema parecido a la gendarmería francesa, pero en los campos colombianos, no pude menos que acordarme de un genial actor de mi infancia, Luis de Funes, que precisamente hacía el papel de un graciosísimo gendarme francés, famoso por sus muecas, gruñidos, gestos e irascibilidad. En mi película de hoy, Luis de Funes le da órdenes a ‘Romaña’ como lo haría el pato Donald en persona... Qué risa. Por lo tanto, la idea no solo me pareció muy francesa, sino muy graciosa.

Ya aterrizándola más en serio, alocada por ahora. Porque el modelo de la gendarmería francesa vendría a reemplazar a los actuales carabineros y Policía de Carreteras de la Policía Nacional, con varias particularidades. Sería un cuerpo operativamente militar, es decir, armado, pero adscrito al Ministerio del Interior, no al de Defensa, una vieja idea que si no se ha puesto en práctica en Colombia, como en otros países, ha sido por causa del conflicto, en el cual no parecería sano romper la cohesión de las Fuerzas Armadas, bajo la autoridad del Ministro de Defensa.

Pero lo delicado de la propuesta presidencial no era eso, sino la posibilidad de que a esa gendarmería francesa criolla entren desmovilizados de las Farc. Advierto que en un país en paz eso inevitablemente sucederá, tarde o temprano.

¿Pero desde ahorita? Aunque el Presidente no dijo que lo fuera a hacer, sino que no lo descartaba, semejante tema tan sensible no era para lanzar desde París, porque del Elíseo bajo Sarkozy los colombianos recuerdan muy bien su prepotencia y egoísmo frente al secuestro de Ingrid Betancourt, por culpa del cual el presidente Uribe fue conminado a soltar al guerrillero ‘Rodrigo Granda’, sin ninguna contraprestación.

Y claro, al comentario presidencial siguió una avalancha de especulaciones. El procurador Ordóñez, por ejemplo, lo consideró gravísimo y le dio una trascendencia exagerada: que en Cuba se estaba negociando nuestra Fuerza Pública. A muchos colombianos les produjo un infinito temor. ¿Desmovilizados, reinsertados y Fuerza Pública mezclados en un cuartel, cuando ni siquiera en La Habana se ha acordado nada sobre desarme y desmovilización? Conclusión: fue otra de las ligerezas típicas del Presidente, que no estuvo antecedida de un análisis previo, de una investigación de factibilidad, de un estudio acerca de sus condiciones y de los peligros que entraña. Porque los fracasos de Guatemala y El Salvador en ese mismo experimento no son de poca monta.

Ahora: por más crítica de ciertas cosas que van pasando, yo tomo muy, pero muy en serio, el proceso de paz. Y nada más serio que aceptar que, como producto de él, los desmovilizados deberán encontrar una posición en la sociedad y ser económicamente productivos.

Esas que son, como deben ser, las preocupaciones principales del presidente Santos requieren altas dosis de creatividad y de apertura. Por eso supongo que lo que el Presidente quiso hacer desde París fue precisamente este ejercicio de no descartar nada, guiado por la buena fe.

Él sabe, pero muchos colombianos ni siquiera lo han considerado, que de algo tendrán que vivir, que no sea del secuestro, del narcotráfico y de la extorsión, los ocho o diez mil desmovilizados de las Farc. Que los guerrilleros regresen a la institucionalidad requiere depositar en ellos un grado de confianza que aún aterra a los colombianos, con razón. Entrenar a un policía (y no se diga de un gendarme francés criollo para la vigilancia rural) requiere un mínimo de un año, y exige antecedentes de excelente conducta social, moral y personal. ¿Cómo hacer esa transición con personas llenas de antecedentes?

El Presidente deberá cuidarse en el futuro de seguir dando declaraciones que se saltan la oportunidad, aunque la idea, bajo ciertas condiciones, no sea descabellada hacia un futuro no inmediato. Porque eso, en vez de ilusionar a los colombianos, como debería ser, los desconcierta y los enfurece.

Entre tanto... Piedad: ¿qué opinás de la autorización del uso de armas de fuego en las protestas venezolanas?

María Isabel Rueda

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