Jóvenes bogotanos prefieren primero ser felices y luego sabios

Jóvenes bogotanos prefieren primero ser felices y luego sabios

Estudio revela camino para revolcón en educación. Estudiantes piden más tiempo para cultura y arte.

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31 de enero 2015 , 05:40 p. m.

Los jóvenes saben de la importancia del estudio; quieren ser sabios, bilingües, pero, sobre todo, quieren ser felices. Los profesores, a su turno, piden ser evaluados de forma integral y que los padres y la comunidad participen en la educación de sus hijos.

Desde hace un tiempo se viene hablando de mejorar la educación de Bogotá sin saber qué significaba la palabra ‘calidad’. Por eso, la Secretaría de Educación (SED) y El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) emprendieron hace un año un estudio sin precedentes en Bogotá para determinar qué es calidad educativa, no solo bajo la perspectiva del Desarrollo Humano, sino en el contexto de la realidad de la ciudad.

EL TIEMPO obtuvo los resultados preliminares de ese estudio en el que se encuestó a 643 alumnos de colegios públicos y privados; 7.724 maestros, 206 orientadores y además se hicieron reuniones con padres de familia y expertos.

“Conformamos doce grupos de interés con especialistas en cada uno de los problemas del desarrollo humano, y ellos definieron lo que se necesita para superar los escollos a través de la educación. También se consultó a personalidades del sector académico para que nos dieran directrices”, dijo Alfredo Sarmiento, director de la Misión de Calidad de la Educación para la equidad de Naciones Unidas y la Secretaría de Educación.

Hoy, ese esfuerzo consolidó el camino a seguir hacia una educación de calidad en una ciudad en la que solo dos de 19 localidades –Teusaquillo y Chapinero– logran alcanzar 12 años de colegio, lo mínimo necesario para no vivir en la pobreza.

El estudio que, según sus investigadores, forjó el camino para lo que serán las políticas públicas de los próximos años hacia la calidad arrojó datos que sorprendieron: el 37,2 % de los estudiantes encuestados quieren dedicar más tiempo a la cultura, las artes y la música. “Le dicen sí al conocimiento pero también desean más actividades humanas que los ayuden a fortalecer su conciencia crítica y su capacidad de entender lo universal como los ciudadanos del mundo que son”, dijo Sarmiento.

El 47,7 % de los orientadores piensan que hay que trabajar en lo social y los emocional, mientras que el 23,3 % de los padres de familia, que los jóvenes deben mejorar en lectoescritura y comunicación.

¿A qué se debe el fracaso escolar?

Otro dato llamó la atención. El 78,9 % de los estudiantes está de acuerdo con que el fracaso escolar se debe a su falta de interés y el 27,1 % cree que es por el descuido de sus profesores. “Eso plantea un reto: lograr la atención de los jóvenes, ¿cómo hacerlo? Hay que innovar porque los estudiantes son conscientes de que, si se esfuerzan en el colegio, se logran mejores oportunidades en la vida, desarrollan su intelecto y, sobre todo, les es más fácil encontrar un trabajo”, explicó Sarmiento.

Lejos de lo que muchos expertos pensaban a la hora de formular las políticas públicas para una educación de calidad, los estudiantes de Bogotá anhelan ser felices (37 %), el resto busca ser sabio (32 %), justo (23 %), famoso (3 %) y querido (3 %).

Y, por eso, en este estudio fueron analizadas muchas experiencias educativas como la del colegio del Cuerpo, en Cartagena, en donde los estudiantes tienen la oportunidad de acercarse a la dimensión expresiva y artística del cuerpo humano a través de la Danza Contemporánea. “Es que no es solo acercarlos a las artes, es que a través de estas crece su autoestima, se sienten reconocidos en algo positivo, logran aprender de los problemas y buscar soluciones. Eso es lo que llamamos resiliencia”, dijo Sarmiento.

Según Óscar Sánchez, secretario del ramo, la educación para los jóvenes debe ser integral. “Estos resultados demuestran que son muy importante los proyectos que se están llevando a cabo en la jornada única con la formación para la ciudadanía, pero también a través de la formación de profesores”.

No obstante, docentes y orientadores piden más recursos para lograr transformaciones y ahí están incluidos temas como el pago de horas extras, sobre todo, dentro de proyectos como la jornada completa 40x40.

Estos y muchos otros resultados de este estudio serán en pilar de los cambios en las políticas públicas de la educación a corto y largo plazo si lo que se quiere es que la calidad comience a cambiar en Bogotá.

“Esta es la parte más difícil pero se necesitaba encontrar qué era eso tan abstracto: educación de calidad. Quizá no solo hay que apostarle a una reforma agraria, muchos países han logrado transformaciones en la sociedad a través de la educación”, concluyó Sarmiento.

Rol familiar será vital

Según Sarmiento, el estudio también dejó claro que, para lograr una mejor educación, incide mucho que exista una educación de calidad por parte de los padres de familia durante los primeros años de vida.

“No es otra cosa que hablar con los hijos, escucharlos, leerles un cuento, lograr que entiendan que valen y mucho”, agregó el experto.

En lo anterior, también están de acuerdo docentes y orientadores: la falta de participación de la familia y la comunidad es el principal obstáculo para mejorar la educación de los jóvenes de Bogotá mientras que para los padres de familia incide la falta de formación y actualización docente. “Los padres piensan que aquí dejan a sus hijos como una mercancía a la que hay que darle de comer. Se perdió su compromiso”, dijo una docente de transición, en la localidad de Kennedy.

Nuevas formas de enseñanza y evaluación fue la propuesta del 67,9 % de los estudiantes encuestados.

De hecho, solo el 33,8 % de los mismos está de acuerdo con que lo más importante es lograr buenos resultados en las pruebas de Estado.

Por otra parte, los docentes consideran que se deben evaluar otros aprendizajes relacionados con las áreas sociales y emocionales, así como en artes, educación, física, deportes y ciudadanía.

En cuanto a la evaluación a la gestión docente, estos piensan que, aunque es necesaria, aquella no debe usarse para definir salarios o castigos.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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