El cómico Steve Carell desciende al inframundo

El cómico Steve Carell desciende al inframundo

Está nominado al Óscar por su papel de un millonario excéntrico y enfermo mental en 'Foxcatcher'.

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31 de enero 2015 , 04:52 p. m.

Igual que existe la máxima de que las actrices bellas solo son nominadas al Óscar cuando afean su aspecto para un papel, también se da la premisa de la nominación a los intérpretes de comedia que dan el salto a un rol dramático. Así ha sido en esta edición con Steve Carell.

El humorista, célebre por la serie The Office o por su papel en Little Miss Sunshine o como el Súper Agente 86, entre otras, opta a la estatuilla a mejor actor principal por su retrato en Foxcatcher del excéntrico millonario John du Pont, quien financió un centro de entrenamiento de lucha profesional para competir en las Olimpiadas de Seúl en 1988. Su relación de celos, traición y venganza con los excampeones y hermanos Mark y Dave Schultz acabó en las páginas de crónica roja. El director de Moneyball y Truman Capote, Bennet Miller, firma un drama de suspenso con un irreconociblemente turbio Steve Carell.

¿Qué lo animó a participar en el relato de este inquietante episodio real?

Es una historia muy complicada. Tan pronto como Bennet y yo empezábamos a imaginar un aspecto de la relación entre dos de los personajes, el tercero entraba en juego y cambiaba por completo la dinámica.

Siempre había cambios, quiebres... Esta relación triangular me despertaba inquietud, porque resultaba muy complicado determinar y comprender lo que sucedió entre estos tres hombres. Así que pensé que aceptar el papel constituía un reto.

Desde el principio sientes que nada bueno va a surgir de ese encuentro. Hay una latente fatalidad. Cualquiera que vea la película sentirá la intuición de que va a ocurrir una tragedia. Y eso me atrajo.

La mayor parte de su carrera lo hemos visto en papeles cómicos, ¿ha descubierto algo de usted mismo en esta experiencia?

He de decir que no me metí en este rol pensando en su dureza, sino en que era una buena oportunidad, y que resultaba excitante y misteriosa.

Y me aproximé a la interpretación de la misma manera. Me explico: cuando realizas un acercamiento a un papel así, no lo haces tomándote a ti mismo en serio, sino tomándote en serio tu trabajo.

¿Qué supuso ponerse en la piel de un personaje real?

Es un ejercicio de responsabilidad porque no quieres retratarlo de manera esquemática, sino ser justo con ese ser humano, realizar tu mejor interpretación de quién pudo ser esa persona. No puedes afirmar firmemente que así era, porque estás estimando lo que pensaban, cómo vestían, hablaban, caminaban... Tanto Channing Tatum como Mark Ruffalo y yo tratamos de encontrar cuanta verdad pudimos. Esa fue la lucha, el esfuerzo y el objetivo.

¿Se llevaban los personajes a casa?

El tema es que no nos íbamos a casa. Estuvimos concentrados en Pittsburgh durante la grabación. Cuando me llamaba mi mujer, no tenía ganas de hablar del día ni de lo que habíamos experimentado en el set, porque vivíamos en un constante desgaste de energía. El rodaje era muy sobrio y muy silencioso. Y Miller desaprobaba cualquier broma.

¿Qué presión extra supuso contar en el rodaje con testigos reales de lo que sucedió en el centro Foxcatcher?

Fue algo que yo no pude anticipar y, por tanto, añadió un peso a la hora de retratar al triángulo protagonista de la mejor y más justa manera posible. Mark y Nancy Schultz visitaron el set. De la familia Du Pont no vino nadie, pero sí el mejor amigo y entrenador de Dave, John Giura, quien trabajó como coordinador de la lucha libre y formación de la película.

El verdadero John du Pont

John Eleuthere du Pont nació como el heredero de una de las mayores fortunas del mundo y murió como un asesino convicto. El millonario pasó su vida tratando de trascender en la historia y llamar la atención de su madre, que sentía mayor afecto por sus caballos de competición que por su propio hijo. Con ese fin fue ornitólogo, cineasta, especialista en conchas, filatelista, filántropo, aprendiz de pentatlón olímpico, coleccionista de armas y mecenas de todo tipo de deportes. Construyó el museo de historia natural de Delaware, al que pertrechó de 66.000 pájaros y dos millones de conchas marinas. En la última etapa de su vida en libertad trató de erigirse en el salvador de la comunidad de lucha olímpica de EE. UU., con la construcción del centro Foxcatcher y su apoyo como patrocinador. “Yo no lo veo como un monstruo -afirma Steve Carell–. Era alguien que sufría de una enfermedad mental e hizo algo terrible. Era un ser humano dañado y triste”.

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