Los sauvignon blanc kiwis / Hablemos de vinos

Los sauvignon blanc kiwis / Hablemos de vinos

Las primeras cepas de sauvignon se comenzaron a plantar en la zona de Marlborough en ese 1973.

notitle
31 de enero 2015 , 04:46 p. m.

Uno de los primeros blancos que realmente me gustaron fueron los sauvignon blanc de Nueva Zelanda, un país y una cepa que, unidas, tuvieron la fuerza de crear toda una categoría en el mundo del vino.

Esto de crear una categoría es un fenómeno interesante. De pronto, una región o un país completo ponen de moda algo, como Australia lo hizo con su syrah, o Argentina, muchos años más tarde, con sus malbec.

Sin embargo, no solo se trata de una cepa o de una región, sino que más bien de lo que hablamos aquí es de un estilo que se impone antes otros. En el caso del sauvignon blanc, hasta su irrupción a comienzos de los años 90, la cepa ofrecía casi un monopolio francés con los ejemplos más austeros de Burdeos, o los más frescos del Loira. Nada más.

Hasta 1973, en Nueva Zelanda no había casi viñedos. Las primeras cepas de sauvignon se comenzaron a plantar en la zona de Marlborough en ese 1973, mientras que el primer blanco de carácter comercial hecho con esa uva recién fue en 1979. Dos décadas más tarde, el fenómeno de los sauvignon de Marlborough en particular, y de todo el país en general, se habían instalado en la mente de los consumidores modernos, provocando quizás el primer nacimiento de una ‘categoría’ como la conocemos, al menos una creada en el Nuevo Mundo.

La gracia de los sauvignon neozelandeses fue aportar un nuevo estilo, marcado por su intenso frescor (la acidez de un clima muy frío, como el de esas islas), pero también por notas aromáticas muy particulares, enfocadas en los aromas verdes, vegetales. Se hablaba (y aun se los describe así) de que los vinos tenían aromas a espárragos, a gooseberry, a pipí de gato.

Por otro lado, la crítica clásica que se les hacía (y aún se les hace) era que solo ofrecían aroma y poco cuerpo, que eran, más que cimientos, pura y simple decoración. Y puede que haya muchos así, como también hay syrah que parecen mermelada o malbec que solo huelen a madera. Sin embargo, una categoría no se crea a partir de ejemplos mediocres, sino que basándose en grandes vinos con espaldas tan anchas y fuertes como para llevar a todos los demás.

Me siguen gustando los sauvignon de Nueva Zelanda. Me traen recuerdos de los primeros blancos no-chilenos que bebí con curiosidad y con agrado. Hace unos días volví a probar uno y la sensación fue muy similar. Frescor y ganas urgentes de ir a comer unos buenos mariscos crudos.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.