El Pacífico y el pensamiento nómada

El Pacífico y el pensamiento nómada

Aquí ha habido una corta pero fecunda tradición intelectual que ha reflexionado sobre su territorio.

notitle
30 de enero 2015 , 10:52 p. m.

El mito de que en el Pacífico no hay pensadores, sino solo músicos, futbolistas y poetas; y en el peor de los casos, guerrilleros, narcotraficantes y criminales, se está comenzando a derrumbar. Como una de las regiones más ricas, y paradójicamente más pobres del planeta, aquí ha habido una corta pero fecunda tradición intelectual que ha reflexionado sobre su territorio y sus gentes.

Quien abrió el camino de pensar el Pacífico fue el etnólogo chocoano Rogerio Velásquez, quien tuvo la fortuna de der ser alumno destacado del historiador Gregorio Hernández de Alba, en la Normal Superior de Tunja y el Instituto Etnológico del Cauca,

Transcurría el año de 1940. El gobierno de Eduardo Santos invitó al país a Paul Rivet, director del Museo del Hombre de París, para que fortaleciera los estudios antropológicos. Con Rivet vino un grupo de humanistas, que, huyendo del nazismo, se instalaron en el país e hicieron importantes avances en el campo. Me refiero a Gerardo Reichel-Dolmatoff, José de Recasens y Justus Wolfang Schottelius, entre otros.

El joven Velázquez, quien tuvo el privilegio intelectual de estar en contacto con estos maestros, dedicó todo su esfuerzo intelectual en pensar su territorio.

Después de Velásquez, cuyos ensayos fueron publicados por el Ministerio de Cultura en la Colección ‘Biblioteca Afrocolombiana’, vinieron los antropólogos Nina de Friedemann, Jaime Arocha, Jacques Aprile, Gilma Mosquera y Germán Patiño, quienes recorrieron, palmo a palmo, el Pacífico profundo y hablaron con su gente, para luego producir uno de los mejores diagnósticos de esta región tan rica y vilipendiada por la mano del hombre.

Desde un principio, Aprile y Patiño desconfiaron del pensamiento positivista que se agencia en los claustros universitarios, y con su pensamiento nómada y hermenéutico hundieron sus botas en el corazón de ébano del Pacífico, hasta producir una de las mejores obras sobre esta región del país.

Jacques Aprile, junto con su compañera Gilma Mosquera, nos dejó su serie titulada ‘Hábitat y sociedades del Pacífico’, compuesta por dos tomos: La bahía de

Solano y Génesis de Buenaventura. Memorias del Cascajal; y Germán Patiño nos legó el famoso festival de música ‘Petronio Álvarez’.

Aprile y Patiño murieron del corazón en menos de seis meses. ¡Paz en su tumba! fabiomartinez2002@yahoo.com https://sites.google.com/site/fabiomartinezescritor/

Fabio Martínez

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.