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En un mundo construido por hombres, el machismo es regla y las mujeres han llevado la peor parte.

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30 de enero 2015 , 08:37 p. m.

No quedaríamos bien parados los hombres si nos cogieran de a uno y nos dejaran al desnudo. Todos, sin excepción, haríamos el ridículo si revelaran cada grieta, cada defecto que cargamos. Ese millonario que emplea a mil personas y almuerza en un restaurante de lujo podrá ser bueno para los negocios, pero seguro es un desastre de persona.

En un mundo construido por hombres, el machismo es regla y las mujeres han llevado la peor parte, pero no solo ellas.

Allí donde dicen que no van a maltratar a mujeres y niños, y que van a respetar la naturaleza, los 3 terminan sufriendo.

Aunque eso de que es un mundo de hombres no es tan claro porque en muchas casas, de puertas hacia adentro, mandan ellas. Es sorprendente el número de hombres que les temen a sus parejas. No lo reconocen, no lo exhiben, pero lo aceptan en la intimidad; tal vez por eso, por aparentar, somos un caos. Posamos de machos y quizá no somos más que unos testaferros del poder, buscando a la mujer que nos recuerde a nuestra madre para someternos a ella. Muy enfermo todo.

Y si el mal gobierno ayudó a crear la guerrilla, los hombres engendramos el feminismo. Y la verdad, entre la violencia extrema y el feminismo extremo no se sabe qué es peor. Porque lo que pide el feminismo se puede resumir en una frase: igualdad de condiciones, pero dentro de esas tres palabras hay un universo que a veces ni ellas entienden. Vean lo que pasó con Paulina Vega, nadie se puso de acuerdo en que si su título de Miss Universo era bueno o malo para las mujeres del país. Muy confuso todo. Yo, por lo pronto, solo puedo decir que los hombres les tenemos pavor a las feministas, en parte porque reclaman algo legítimo, pero también porque le tememos a aquello que no entendemos. Es como si las mujeres lucharan por ser iguales a los hombres, que lo son, pero quisieran también protección por encima de cualquier cosa. A ratos las mujeres no quieren luchar, solo quieren seguridad, un abrazo y que alguien les diga que todo va a estar bien.

Aunque ni idea si esos deseos sean aplicables a las feministas radicales. Para ellas, machismo puede ser todo, desde poner el apellido del hombre por delante del de la mujer hasta que la cámara enfoque mujeres bonitas en el intermedio de un partido de fútbol. Y razón tienen, pero se equivocan en la forma de reclamar, a veces apoyadas más en el resentimiento que en otra cosa. Porque es cierto que las mujeres han sido maltratadas por los hombres, y encima les hemos dado la responsabilidad de educar a nuestros hijos, lo que se ha vuelto un círculo vicioso donde gente víctima de abuso cría a personas con defectos. Entonces, de alguna manera, ellas se han encargado de amamantar a su propio verdugo.

Vean, por ejemplo, que las demostraciones de amor de un niño hacia una niña suelen ser agresiones físicas y verbales, y no sabe uno si es algo natural o un comportamiento aprendido. Ese niño que en el jardín le jala el pelo a su compañera y solo le dirige la palabra para decirle que tiene cara de moco hasta hacerla llorar, seguro se derrite por ella. Yo veo a mi sobrina de apenas 2 años tan pura, tan feliz por cada acontecimiento del mundo, que no se entiende cómo llegamos a convertimos en seres llenos de taras. No se sabe tampoco quién tiene la culpa, aunque tampoco se trata de eso.

Porque de arranque hay que olvidarnos de mujeres y hombres. No se debería celebrar el Día de la mujer, que bien discriminatorio es, ni censurar la violencia de género, sino la violencia en general. Tampoco debería existir el lenguaje incluyente, agotador y cursi, y la misantropía debería reemplazar a la misoginia. Yo estoy en esa lucha porque soy machista por default, así quiera pretender lo contrario. Qué esperaban, si soy costeño y árabe. Es un milagro que no rebuzne. 

Adolfo Zableh Durán

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