El terrorismo y la cuestión nuclear: el fin del cuento / Análisis

El terrorismo y la cuestión nuclear: el fin del cuento / Análisis

A falta de definición en diálogos se le suma que terroristas quieren acceder a armas de este tipo.

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30 de enero 2015 , 07:27 p.m.

Desafortunadamente, la meta que la sociedad civil global aspiraba a alcanzar se volvió a correr.

Me refiero a la postergación del posible acuerdo entre los P5 + 1, es decir, Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania de un lado, e Irán del otro, para desmantelar el programa nuclear de este último. Por segunda vez se fija una nueva fecha, el primero de marzo, para llegar a un acuerdo político y lograr su cumplimiento. Se preguntarán ustedes ¿cuál es la trascendencia de este asunto frente a noticias más cautivantes, más próximas y evidentes?

En este tema, hay dos escenarios de alto riesgo: que los Estados no sean capaces de aplicar el régimen legal internacional creado para minimizar el riesgo nuclear entre ellos, o que los grupos armados ilegales accedan a una de estas armas.

El mundo construyó con enorme dificultad un complejo régimen internacional para suprimir la amenaza nuclear. Lo hizo por medio del Tratado de No Proliferación, al que solo cuatro países no se han adherido: India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Regiones completas, como América Latina, se declararon zonas libres de armas nucleares por medio de acuerdos internacionales como los de Tlatelolco, Rarotonga, Palindaba, Bangkok, Semipalatinski o el Tratado Antártico.

Sin embargo, el escenario actual no es para estar tranquilos. Hoy día hay nueve países que tienen 17.000 bombas nucleares listas para ser utilizadas; muchas de estas, en ‘estado de alerta’, es decir que solo se requieren segundos entre la decisión política de usarlas y el hecho real de su utilización. Estas están desplegadas inclusive más allá del territorio del país poseedor, pues hay Estados que las albergan, aunque no las controlan.

Puesto que estas armas son hoy infinitamente más potentes que las que ya se experimentaron en Nagasaki e Hiroshima (Japón), la explosión de una sola de ellas tiene la capacidad de acabar con la civilización. Los efectos humanitarios y ambientales de inmediato y mediano plazo podrían dar cuenta de todo lo que hasta ahora el hombre es y ha hecho.

La percepción de peligro varía según la región. En el Oriente Próximo la tensión es permanente porque los países árabes sienten que si Israel tiene esas armas ellos deberían adquirirlas, simplemente como una estrategia de disuasión.

En Asia se replica la preocupación porque Corea del Norte las considera su garantía de existencia y porque para Pakistán representan la posibilidad de mirar a los ojos a la India, que también las tiene.

Y en Europa, por el regreso a una nueva versión de 1914, con un desajuste de alto riesgo entre Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, cuya peor expresión ha sido la invasión de la península de Crimea y su pérdida por parte de Ucrania.

A este panorama hay que agregar la proliferación de grupos terroristas, con redes de apoyo y gran capacidad financiera, que podrían acceder a un arma nuclear.

Ese sería un escenario apocalíptico. Piensen por ejemplo en el llamado Estado Islámico o Al Qaeda, y en las expresiones brutales de odio que sufrió París hace algunas semanas.

No hay que olvidar que las armas en general tienen dos dimensiones: su capacidad intimidatoria, anterior a su uso, y su capacidad destructora, como consecuencia de él.

En el caso de las armas nucleares, la simple sospecha de que un Estado está en posesión de ellas trastorna el equilibrio internacional, mientras que su uso destruiría el escenario. Teniendo esto en cuenta, es claro por qué la dimensión de esta posible catástrofe nos parece aún más absurda a los países que no tenemos tales artefactos.

Por eso, la sociedad civil está organizándose a partir de la creación de redes que construyen más presión para lograr que los Estados cumplan con el desarme nuclear y la no proliferación. Desafortunadamente, la amenaza que se cierne sobre todos nosotros, ignorantes, ausentes e inocentes, es que seamos las últimas víctimas, porque no quedará nada.

Las más recientes expresiones terroristas son una advertencia. Si uno de esos grupos accede a una de esas armas, la usará. Y entonces, será el fin del cuento.

CAMILO REYES RODRÍGUEZ
Exvicecanciller de Colombia

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