Bodegas se convirtieron en un peligro inminente para barrios de Bogotá

Bodegas se convirtieron en un peligro inminente para barrios de Bogotá

En el 2014 se atendieron 43 emergencias. Kennedy, Fontibón y Puente Aranda, en el 'top' tres.

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29 de enero 2015 , 08:41 p.m.

Hace unos años, el barrio Santa Sofía de la localidad de Barrios Unidos era en su mayoría residencial. Hoy, sus habitantes no solo ven cómo las pocas casas que quedan se convierten en bodegas, sino también ven el peligro inminente al que están expuestos por los usos industriales, como la preparación de pinturas, que pueden prestarse para que ocurra una tragedia.

“Remito esta carta con el único propósito de que, si pasa algo, exista constancia de que todos estaban advertidos”, dice un lector que mandó una carta a la dirección de este periódico con copia a todas las entidades del Distrito.

César Augusto Galindo, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal de este barrio, explica que esta problemática surgió cuando el 80 por ciento del sector pasó a ser de uso comercial. “Los negocios de autopartes, de motos, de maderas y tipografías se apoderaron de las calles. El problema no es solo que vendan, sino que hagan sus preparaciones. Ahí es donde puede existir el riesgo porque usan solventes y materiales inflamables”.

Según Galindo, había un acta en la que los empresarios se comprometían a trasladar sus fábricas de pintura a las afueras de Bogotá, pero hoy hasta la Alcaldía local es consciente de que no se cuenta con un inventario de las bodegas existentes. “Este depende de otras instituciones, como el Hospital de Chapinero, en el caso de uso de químicos. La verdad, sí hemos recibido quejas”.

Esta semana, la comunidad de Engativá pueblo alertó sobre la presencia de una fábrica en la carrera 113 n.º 64-45, en donde se encontraban más de 100 contenedores con ácido fosfórico.

Esta semana, la comunidad de Engativá alertó sobre la presencia de una fábrica en la carrera 113 n.º 64-45, en donde se encontraban más de 100 contenedores con ácido fosfórico. Cortesía del Cuerpo de Bomberos

El sinsabor de los residentes de este barrio es que mientras no ocurra una tragedia ambiental como la del año pasado en Fontibón, cuando 600.000 llantas ardieron en llamas, provocando una de las tragedias ambientales más graves de Bogotá, no se le dará una solución definitiva a la problemática.

“No queremos dañar a las empresas de la zona; ellas le han dado trabajo a mucha gente, pero sí, que se cumpla con todas las medidas para que la comunidad no corra ningún riesgo”, dijo Galindo.

Las bodegas sin control no solo generaron que en el año 2014 el Cuerpo Oficial de Bomberos tuviera que asistir emergencias como incendios o quejas de la comunidad, sino que con ellas llegan otros problemas, como los carros mal parqueados, el cargue y descargue de vehículos de transporte pesado, los ruidos y hasta la proliferación de basuras, sin hablar del desplazamiento progresivo de los habitantes de los barrios a donde comienzan a proliferar estos recintos.

La comunidad denuncia

No son pocas las quejas. Esta semana, la comunidad de Engativá alertó sobre la presencia de una fábrica en la carrera 113 n.º 64-45, en donde se encontraban más de 100 contenedores con ácido fosfórico, cuyos vapores pueden representar un riesgo para la salud humana. “Los Bomberos fuimos porque la misma comunidad denunció que de esta bodega salían humo y gases”, explica en un informe la institución.

El teniente Mauricio Ayala dijo que las emergencias se presentan, por lo general, por el desconocimiento de la normatividad en seguridad industrial. “En San Victorino, por ejemplo, uno ve bodegas atestadas de mercancías y todos estos espacios deben contar con salidas de emergencia, botiquines y extintores, entre otras medidas”.

Recordó cuando el centro comercial La Ocasión ardió en llamas afectando toda una cuadra a la redonda. “La gente no toma en cuenta que una sola chispa puede incendiar una bodega; más, si en esta hay mercancía inflamable. En esa tragedia perdieron muchos”.

Ayala explicó que algunas emergencias se producen por fallas eléctricas que se podrían evitar disponiendo mejor de los espacios o evitando el apilamiento de mercancías. Aunque ya se han reducido los casos, todavía se encuentran bodegas con cilindros de gas o tanques de combustible que comparten espacios habitacionales, dijo el bombero.

En el barrio Santa Sofía, de la localidad de Barrios Unidos, el alza indiscriminada de bodegas ha causado un colapso en las vías. Archivo particular.

El ‘top’ tres

Las localidades de Kennedy, Fontibón y Puente Aranda ocupan los tres primeros lugares en los que las bodegas son protagonistas de emergencias, según las autoridades, por la mezcla desorganizada de usos del suelo y porque muchas familias comenzaron a convertir sus hogares en industrias, como una forma de mejorar sus economías; por ejemplo, a través del reciclaje.

Según Ramiro Camargo, funcionario de la Alcaldía de Kennedy, la competencia para determinar el número de bodegas de reciclaje en la localidad es de la Unidad Administrativa de Servicio Públicos (Uaesp), “información que se ha solicitado a esta entidad de manera reiterada sin tener respuesta. En cuanto a nuestras actuaciones, estamos sujetos al cambio normativo y a la actuación de otras entidades”.

Esta Alcaldía recibe hasta tres quejas diarias, pero dice que el primer lugar en emergencias no es exacto si se consideran las dimensiones de su territorio.

Mientras no exista un trabajo conjunto entre entidades, la percepción de la ciudadanía es que no hay quién dé soluciones definitivas a esta problemática.

Un problema sin dolientes que no pasa de medidas preventivas

Las entidades consultadas para saber quién tiene la autoridad para sancionar a los dueños de las bodegas que incumplan con la normatividad parecieran estar limitadas en la práctica.

Pocas alcaldías locales cuentan con balances actualizados del número de bodegas que tienen, su uso, su impacto y de las sanciones interpuestas a las que incumplieron o de las que se emitieron quejas.

La Secretaría de Ambiente explica que la clasificación que hace de las mismas es si estas son de alto, medio o bajo impacto. “Nuestra labor se limita a realizar visitas a las bodegas y a recomendar medidas preventivas. Esos informes se los pasamos a las alcaldías locales, que sí tienen la capacidad para sancionar”, dijo Élber Casas, contratista de la Subdirección de Control Ambiental, quien aseguró que en 2014 solo se emitieron cinco medidas preventivas en Fontibón (3), La Alquería (1) y Las Ferias (1).

En el caso de las bodegas de llantas, por ejemplo, incumple la norma quien las almacene a cielo abierto o quien las entierre, y por lo general estas quejas son trasladadas a la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla), de la que se espera una respuesta en el caso de la tragedia de Fontibón.

Este desastre ambiental lo único que logró fue la ejecución de un seguimiento a todos los puntos del Plan Posconsumo, que obliga a los importadores de llantas y vehículos a garantizar que sus clientes puedan devolver las llantas cuando estas hayan terminado su vida útil.

La pregunta es ¿por qué no antes de la tragedia? Según Casas, porque el Plan Posconsumo se quedó corto para las más de 2’500.000 llantas usadas que se generan al año en Bogotá. Ni la Unidad Administrativa de Servicios Públicos (Uaesp), ni la Secretaría de Planeación dijeron tener injerencia en el tema.

La tragedia de Fontibón de 2014 fue una de las más graves. Archivo particular.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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