De atracadero a una huerta, la transformación que lograron vecinos

De atracadero a una huerta, la transformación que lograron vecinos

Se esfumó el miedo que predominaba frenta a un terreno del sector Cultivos del barrio Diana Turbay.

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28 de enero 2015 , 08:30 p.m.

El espacio que queda en la calle 49A sur con carrera 2F, en la localidad de Rafael Uribe Uribe, se había convertido en un basurero donde se cometían atracos diarios y donde jóvenes consumían drogas. Era tan peligroso que luego de las 7 de la noche nadie se atrevía a pasar por ahí.

Esa inseguridad de la que habían sido testigos los habitantes del sector desde hace más de treinta años llegó a su fin gracias a un grupo de madres comunitarias, niños, jóvenes y vecinos del sector que se apropiaron del lugar.

Ellos mismos consiguieron latas viejas, estacas, pedazos de madera y materiales reutilizados para cercar el terreno.

Reemplazaron la basura y los escombros por un mural artístico hecho con pendones, una jardinera, unas escaleras con llantas viejas y una huerta.

Aunque el terreno, de 375 metros cuadrados, es inclinado, pues el sector Cultivos queda subiendo una montaña de la localidad, los vecinos esperan que en el futuro se puedan hacer allí clases de aeróbicos, talleres de reciclaje y actividades para los niños de las madres comunitarias en las que aprendan a cuidar una huerta, a sembrar aromáticas y a conocer sobre el arte y la pintura. Además buscan instalar carpas para hacer reuniones y actividades de la comunidad.

“Quiero que mis 200 niños, que vienen de zonas desplazadas, aprendan a cuidar el medioambiente para que no se les olviden sus raíces. La idea es que, si se comen una zanahoria, sepan de dónde salió”, dijo Martha Ortiz, representante de las madres comunitarias del sector.

La que era conocida como la esquina del terror del barrio ahora es un ‘aula ambiental’. Y aunque aún falta mucho por hacer, con ayuda del Jardín Botánico José Celestino Mutis, la Secretaría de Ambiente y organizaciones como Corporación Sociocultural Cityarte, los habitantes ya dieron los primeros pasos.

Sembraron árboles nativos y empezaron la creación de la jardinera. El terreno ya está rodeado por el mural en el que sobresalen palabras como paz, tranquilidad, amor, solidaridad y respeto.

Cerca de 150 personas han participado en las actividades de recuperación y, por eso, los buenos resultados ya son visibles: cero atracos, un terreno limpio, los murales están intactos y se respira un ambiente más sano.

“Un aula ambiental es un espacio donde se busca que la gente se relacione de una forma distinta con la naturaleza, pues las ciudades a veces no tienen mucho que ofrecer de espacios verdes”, dijo Diana López, profesional en formación de educación del Jardín Botánico.

“Los barrios vecinos quieren que empecemos a hacer un proceso con ellos para que hagamos un invernadero y actividades parecidas”, dijo la directora de Cityarte, Deyanira Rincón, conocida como ‘Lala’.

El barrio Diana Turbay no es el único donde se ha usado la naturaleza para dejar atrás la inseguridad.

En Belén, en la localidad La Candelaria, recuperaron el espacio público instalando cultivos verticales en las culatas y en los patios, pues este sector solo contaba con los pequeños espacios verdes que hay en los separadores de las avenidas principales. 

BOGOTÁ

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