Crónica de una mamá en busca de un jardín Acunar del Distrito

Crónica de una mamá en busca de un jardín Acunar del Distrito

Estos jardines son espacios para la atención integral de la primera infancia para estratos bajos.

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28 de enero 2015 , 08:30 p.m.

Con ansiedad y un poco de susto llegué al jardín Acunar La Salamandra, ubicado en el barrio Bella Flor, de la Localidad de Ciudad Bolívar.

Aunque no fue fácil su ubicación, pues por internet no se encuentran las direcciones y listados de jardines Acunar, llamé a la Secretaría de Integración Social para que me dieran la ubicación exacta.

Después de varias llamadas por fin logré que me dieran los nombres de los jardines y las direcciones. Entonces me dirigí hacia ellos para saber cuál era el más adecuado para que mis hijos, Paula y Daniel, tengan un espacio en el que puedan compartir con diferentes niños.

Sin embargo, lo que más me interesaba como madre era encontrar un entorno saludable, un lugar en el que se pudieran sentir como en un segundo hogar.

Toqué la puerta y salió una mujer con una sonrisa amplia y una amabilidad sin pretensiones. La saludé y le pregunté, primero, si podía conocer las instalaciones, pues estaba buscando un jardín donde pudiera dejar a mis hijos mientras trabajaba. Ella me devolvió el saludo y se presentó como la coordinadora del lugar. Me invitó a pasar y me dijo que una de las características principales del jardín es que es un lugar de puertas abiertas.

“Los padres pueden venir cuantas veces quieran porque sabemos que la mayoría de ellos se preocupan por saber cómo está el motivo o motor por el que se levantan a trabajar y a luchar para que sus hijos sean felices. Por esta razón le voy a dar un paseo y a responder las dudas que tenga”, dijo Jenny Patricia Morales, coordinadora del jardín. A primera vista, todo parecía encajar. Pero las madres siempre conservamos nuestras dudas, sobre todo cuando se trata de nuestros hijos. Es una prevención natural, pues todas hemos escuchado alguna vez que en algunos jardines maltratan a los niños. Y el sector, siendo honestos, no es de los más seguros de Bogotá.

Cuando ingresé, lo primero con lo que me encontré fue una zona de juegos llena de colores con varios elementos que parecían sacados de un cuento infantil: una piscina de pelotas, un rodadero, un túnel en forma de gusano de casi tres metros y, en la mitad del patio, un árbol igual al que aparece en la novela de Alicia en el país de las maravillas: frondoso, fuerte y lleno de luz, de ramas y todos los matices del verde.

A la derecha del lugar había un cuarto con la puerta cerrada. Cerca de esa puerta, más o menos a las 11:30 de la mañana, las profesoras les preguntan a los niños: ¿a qué huele?, y todos, al unísono, responden: ¡a comida! Y ese grito, esa alegría, cuando es lunes y acaban de llegar, responde a una necesidad básica que en sus casas escasea: muchos de los pequeños, durante el fin de semana, apenas prueban bocado.

“Para nosotras es muy importante y sagrada la alimentación de los niños; es bastante gratificante cuando pasan a almorzar, sus caritas se iluminan, aplauden felices y comen con ansiedad, ya que para muchos de ellos las tres comidas que se les dan aquí son las únicas que recibirán de lunes a viernes”, dijo la cocinera mientras alistaba los platos para servir.

Ella y su compañera, dos señoras de aproximadamente unos 40 años, preparan el almuerzo según la dieta que manda la Secretaría de Integración Social para suplir los nutrientes de los niños.

Mientras caminábamos por el lugar y me mostraba los salones de juego y música, el aula de lactancia, la enfermería y los baños hechos para niños, Jenny Morales me contaba que el jardín fue creado el 4 de septiembre de 2013 en conjunto con la Secretaría de Integración Social y la Fundación Laudes Infantis. La idea era crear un lugar que cumpliera con las necesidades que tenían los niños de un sector tan deprimido, en el que los padres o trabajan como recicladores o son desmovilizados. Y las madres, muchas veces, o son adolescentes o tienen hasta 7 hijos.

Morales, mientras me describía paso a paso el entorno, recordaba la historia de una mamá soltera desplazada por la violencia que tenía 7 hijos y no contaba con los recursos para alimentarlos. Bajo ese panorama tan desalentador, tuvo que acudir a unos familiares que tenían una situación económica mejor para que se hicieran cargo de ellos.

Después de recorrer el lugar, que sin duda alguna está lleno de magia, pero sobre todo de mujeres comprometidas con la niñez y su futuro –mujeres que a pesar de vivir lejos del jardín se esfuerzan por tratar de cambiar el destino de los niños– quedé convencida de que se trataba del mejor lugar para dejar a mis hijos e irme a trabajar tranquila.

Qué es un jardín Acunar

Los jardines Acunar son espacios para la atención integral de la primera infancia en la ciudad en estratos bajos. La Secretaría Distrital de Integración Social completa 413 jardines que atienden a más de 67.000 niños y niñas en primera infancia.

MAIRA GIRALDO GUEVARA
Especial para EL TIEMPO​

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