La literatura, la felicidad, el dolor y la enfermedad según Collazos

La literatura, la felicidad, el dolor y la enfermedad según Collazos

Muchas historias han pasado por su vida, sus relatos y su poderosa narrativa.

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27 de enero 2015 , 08:53 p.m.

“Mi infancia en Bahía Solano, hasta los 7 años, son muchas imágenes confusas y hermosas. Muchas veces he creído que, por su sencillez, son lo más parecido a la felicidad: el mar, el marco de la bahía cubierto por la neblina del atardecer, la selva cercana, los juegos de niño bajo la lluvia, una humilde y grande casa de madera...”.

Óscar Collazos cuenta esto vía correo electrónico. En un mensaje previo, la semana pasada, yo le preguntaba por su niñez en Bahía Solano, el lugar donde nació el 29 de agosto de 1942 y que está marcado en su literatura. Tanto como lo está Buenaventura, el siguiente destino que tomó su familia: su papá caleño, su mamá chocoana, los once hijos de la pareja.

No había libros en casa.

Tampoco lectores.

Su primaria y su bachillerato los cursó en colegios públicos de Buenaventura y fue allí, gracias a algunos profesores que se dieron cuenta de su talento para contar y escribir historias, donde Collazos empezó a interesarse en la literatura. Primero como lector. Lector desordenado de los libros que encontraba en la biblioteca del colegio.

Lector voraz.

“En la biblioteca pública de la ciudad, el bibliotecario Cleofás Garcés Rentería guardaba para mí dos tomos de las obras de Shakespeare y ‘Hojas de hierba’, de Whitman, en la traducción de León Felipe. No se los prestaba a nadie. Al terminar el bachillerato, había leído lo que puede leer un joven ilustrado. Así que llegue azarosamente a la literatura y de allí a la escritura”.

Escribía cuentos y poemas (que él mismo define hoy como “muy malos”). Tenía 20 años cuando el Magazín de El Espectador publicó uno de esos primeros relatos y entonces el joven Collazos sintió que había tocado el cielo con “la punta de un dedo”. Y pensó que lo que le decían los profesores tal vez era cierto: que escribía bien. Que podría, por qué no, ser escritor.

***
“Cuando la madre dijo, sin ningún esfuerzo, que a la medianoche se acabaría el mundo, ‘y todos deben confesarse para quedar en paz con Dios’, el menor de los hermanos se arrimó a sus faldas y empezó a berrear con un berrido que solo pararía cinco horas después en el agotamiento y el cansancio”.

Así comienza 'Eclipse', uno de sus primeros cuentos, incluido en 'Son de máquina', el libro que (junto a El verano también moja las espaldas, editado en 1967 con ocho relatos reunidos) generó un entusiasmo enorme entre narradores importantes como el propio Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio, y entre críticos como Ernesto Volkening. Catalogaban a Collazos como una de las mejores voces literarias que aparecía en el panorama, un autor que llegaba para proponer nuevas formas narrativas.

Los primeros relatos de Collazos, publicados cuando tenía 25 años, fueron recibidos con elogios por Gabo y Cepeda Samudio.

Collazos dice hoy:

“El primer sorprendido por la acogida de ese libro fui yo. Y más sorprendido aún porque fue elogiado por grandes escritores admirados por mí. Esos cuentos no fueron escritos con el propósito de cambiar un estilo o desafiar una tradición; fueron escritos con naturalidad y con el empuje secreto de algunas influencias, la de escritores como Cortázar, Salinger, Hemingway, Joyce, Cabrera Infante, William Saroyan. Lo inédito era quizá el mundo que recreaban”.
Un mundo que reflejaba la vida de los extramuros.

Con dosis de violencia, y erotismo.

Un mundo que tenía un escenario propio: Buenaventura. La primera etapa de su obra literaria está definida por esta ciudad; relatos protagonizados por jóvenes que rompen con el orden establecido en casa, que quebrantan las normas morales, todo en medio de una vida de pobreza y del ingenio al que deben acudir para su supervivencia.

“Buenaventura tenía el laboratorio más intenso que pueda conocer un muchacho en los comienzos de su vida: el puerto y la vida portuaria, con su componente cosmopolita. Se perdía la inocencia rápidamente”.

Pero Óscar Collazos no iba a quedarse quieto en un solo lugar. Eran finales de los años 60. Y él era un joven con ganas de escribir, de cambiar el mundo con las letras. ¿A dónde ir?

Llegó a París, por supuesto. Antes había realizado un recorrido sustancioso por la Unión Soviética, por Cuba y algunos países del Este donde era invitado no solo por sus logros literarios, sino por sus coincidencias ideológicas: Collazos era también un muchacho progresista, convencido entonces de muchas de las ideas de izquierda. Para abril de 1968 ya estaba en París y recuerda así una de las experiencias que vivió:

“Un día me encontré con el director de teatro Carlos Duplat y me preguntó si quería darle clases de español a una escritora francesa. Le pregunto quién. Christiane Rochefort, me dice. Yo había leído dos de sus novelas: ‘El reposo del guerrero’ y ‘Los niños del siglo’. Le dije que sí. Y me encontré dándole clases de español a una mujer encantadora. No solo me pagaba, me dio las llaves de un estudio para que viviera allí, con agua caliente y calefacción. Recuerdo sus diez gatos. Se subían a la mesa y ella les daba el desayuno. Me preguntó si quería conocer escritores. A Marguerite Duras y Simone de Beauvoir, entre otros. Me dio pánico. ¿Para qué conocerlas? Me bastaba leerlas y admirarlas”.

También vivió en Barcelona y compartió allí con algunos de los autores que en ese momento empezaban a formar el llamado 'boom' latinoamericano. García Márquez, Vargas Llosa, José Donoso y un escritor que para la propia biografía de Collazos era muy importante, no solo por la influencia que tuvo en su obra sino por el debate que protagonizó a su lado: Julio Cortázar.

A finales de 1969, Collazos –que trabajaba en ese momento en Casa de las Américas, en La Habana, como director del centro de investigaciones literarias– escribió un ensayo en la revista 'Marcha', de Uruguay. La nota mereció una respuesta de Cortázar, a la que siguió una de Collazos y así hasta dar pie a un intercambio de textos que terminaron por conocerse como Revolución en la Literatura y Literatura en la Revolución. Entre otras frases, Cortázar escribió: “La novela revolucionaria no es solamente la que tiene un ‘contenido’ revolucionario sino la que procura revolucionar la novela misma”. Se armó un debate, que tomó por sorpresa hasta a Collazos.

“Todo el mundo quería intervenir. Creo que el tema que trataba era un tema de época: los escritores y las revoluciones, la literatura y la política, la realidad y la imaginación. Claro, estaba de por medio un momento tenso y difícil de la política cultural de la Revolución cubana y, en cierto sentido, la polémica se leyó desde esa perspectiva”.

Y agrega, en su correo electrónico:

“Yo era un joven simpatizante de la Revolución cubana y, encima, escritor de ficciones. Desde allí salieron mis puntos de vista, algunos de los cuales superé poco tiempo después”.

Al final ese intercambio de ideas, como lo llamó Cortázar, fue publicado por varios medios latinoamericanos. Luego la editorial mexicana Siglo XXI lo volvió libro.

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Collazos siguió fuera del país sin dejar de ser un escritor colombiano. La distancia le servía, sin embargo, para “bajarle el voltaje a la vanidad personal, tan cultivada en la provincia”.

A partir de su regreso a Colombia, a inicios de los años 90, en uno de los momentos más duros de la violencia nacional, comenzaron a aparecer en sus páginas, de forma más directa que en sus primeros relatos, la guerra y sus protagonistas. En una ocasión, el escritor uruguayo Mario Benedetti dijo sobre Collazos: “La realidad parece haberse convertido en una innegable provocación para los narradores colombianos. Unos, como García Márquez, tienden a hacerla mito; otros, como Óscar Collazos, a desmitificarla”.

Esto se ve en libros como 'La modelo asesinada', 'Rencor', 'Señor Sombra' y, más reciente, en su novela 'Tierra quemada'. Volver al país le implicó un proceso de adaptación difícil del que, sin duda, alimentó mucho su obra posterior.
Collazos recuerda:

“Un día le pedí el carro a un amigo y me atreví a manejar al mediodía en Bogotá: La Jiménez, la décima, la Caracas... Regresé a casa enfermo. Sentí que había llegado a Colombia, al reino de la transgresión, la agresividad, del sálvese como pueda, malparido”.

'Tierra quemada' (publicado en 2013) es, en efecto, una alegoría de esta guerra que nos ha tocado vivir. Un libro que revela lo que la violencia hace en el alma. También es una de las novelas más exigentes que ha escrito Collazos. Porque fue imaginar un país devastado, envuelto en una violencia que parece no tener fin.

“Yo no elegí ni la violencia ni la guerra como temas de mis libros. Fui cochinamente elegido por la violencia y la guerra en la medida en que han ocupado mi vida consciente y el imaginario de mi generación. Se nos han metido hasta debajo de la cama. No he hecho más que responder a ese tumor, tratando de extirparlo con la escritura”.

***

Collazos escribe esto en su computador, en su casa en Cartagena, donde decidió irse a vivir desde hace varios años. Collazos no pasa al teléfono porque ha estado enfermo. En agosto del año pasado, después de varios exámenes y consultas médicas para determinar el origen de una disfonía, le diagnosticaron una enfermedad de las neuronas motoras.

“Es un enfermedad progresiva que afecta el sistema muscular. Nos hemos resistido a etiquetarla como ELA (Esclerosis lateral amiotrófica), así sea de la misma traviesa familia. Desde entonces, el impacto de la enfermedad ha sido notable, aunque sigo teniendo autonomía motriz y realizando a plenitud mi trabajo intelectual. Hemos preferido mantener esta situación en discreción, pese a que gran parte de los familiares y amigos conocen la situación”.

La enfermedad, tan propia de la vida como de la literatura, ha sido tratada por Óscar Collazos en su obra. Su novela 'En la laguna más profunda' (publicada en 2011) habla de “la enfermedad del olvido”, el alzheimer, y él la describe como uno de los textos más conmovedores que ha hecho.

Conocedor como es todo buen escritor del alma humana, dueño como es todo buen escritor de una gran sensibilidad, ¿cómo ha sido la relación de Óscar Collazos con su propia enfermedad? Es una de las preguntas que le envié y que él respondió así:

“He estado aprendiendo a vivir con sus síntomas. Espero aprender más, pero si de algo he aprendido ha sido de la dimensión del amor y la amistad. Todo es imprevisible. La enfermedad, como el dolor y la felicidad, son experiencias íntimas”.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redacción EL TIEMPO

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