La violencia también acosa a las mujeres en la red

La violencia también acosa a las mujeres en la red

Las agresiones que se cometen contra ellas en el mundo físico también ocurren en el virtual.

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27 de enero 2015 , 02:42 p. m.

Hace poco más de 15 años, el 80 por ciento de los usuarios de internet en Colombia eran hombres. Las mujeres, debido a los roles que les han sido asignados, como el de mamá, ama de casa, esposa, entre otros, tenían poco tiempo para aprender y la mayoría no accedía a las oportunidades y ventajas que genera su uso.

Pero los tiempos cambian y son cada vez más las mujeres con presencia en la web y que tienen cuentas en redes sociales como Facebook y Twitter. Sin embargo, con su uso, una problemática ha emergido: la violencia de la que son víctimas en el mundo físico ha pasado al virtual. Aunque no se habla de un tipo de agresión nueva, debido al medio por el cual se propaga, puede causar una mayor afectación para la víctima, pues el grado de exposición es mucho más alto.

Olga Patricia Paz Martínez, directora administrativa de Proyectos de Colnodo, organización que trabaja en el uso estratégico de internet para el desarrollo, dice que “a medida que internet evoluciona, así mismo lo hacen las formas de violencia, y en este medio los victimarios encuentran mecanismos de más fácil acceso a las personas. Muchas de las prácticas misóginas, machistas y discriminatorias del mundo real se han trasladado al virtual”.

Por su parte, la abogada, experta y consultora en temas de género y derechos sexuales y reproductivos Elizabeth Castillo, explica el impacto que tiene la violencia contra las mujeres en entornos digitales: “Internet es esencialmente público. Estas violencias no son como las ‘tradicionales’ que, usualmente, ocurren en el ámbito de lo privado. Como el efecto es mucho más amplio, las mujeres pueden sentir vergüenza al denunciar y contar lo que les pasó. El otro problema es que las autoridades no están preparadas ni tienen información para tratar la violencia en estos medios”.

En otras palabras, muchas mujeres cuando van a denunciar que son acosadas, amenazadas o chantajeadas a través de su correo electrónico o de una red social, encuentran que las autoridades tienden a restarle importancia por no ser una violencia tangible como lo es la física y, además, no cuentan con protocolos que les indiquen qué paso deben seguir. Esta clase de violencia podría catalogarse como psicológica, pues afecta mental y emocionalmente a la víctima, con el agravante que lo hace también a su entorno familiar, laboral y social.

Los casos

Hace tres años, Natalia Romero*, una niña de 13 años, recibió en su Facebook una solicitud de amistad de una niña llamada Paola, que tenía varios amigos en común de su colegio, y ella la aceptó. Esta niña comenzó a escribirle hasta que la convenció de hablar por Skype. En medio de la conversación, le pidió ver sus senos y Natalia, en medio de su inocencia, accedió a quitarse, por unos segundos, la blusa. Al ver que al otro lado de la pantalla no había nada más que un fondo negro, apagó el computador.

Al mes de lo sucedido, un hombre de unos 24 años la agregó a Facebook y ella lo aceptó. El sujeto le escribió un mensaje en el que le decía que tenía varias fotos de ella desnuda y que si no se encontraban, iba a empapelar el colegio con esas imágenes. Además, la amenazó diciéndole que conocía a su familia y que podría matar a sus papás. La supuesta Paola era en realidad un perfil falso que había creado el hombre que la intimidó. Ella accedió al encuentro y lo que comenzó como una amenaza en el mundo virtual, terminó en abuso sexual en el real.

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Muchos de los agresores aprovechan el anonimato que permite Internet. Foto: Shutterstock


Por miedo Natalia cerró su cuenta de Facebook y calló. El año pasado abrió una en Twitter y un usuario que tenía como avatar (imagen principal de los usuarios de esta red social) una de las fotos con las que la había amenazado hace tres años, comenzó a seguirla. Las amenazas comenzaron otra vez. El hombre que la había violado quería otro encuentro. Esta vez, luego de dos intentos de suicidio, Natalia le contó a su mamá que un hombre que había abusado sexualmente de ella la intimidaba nuevamente.

Lo que le sucedió a Natalia inicialmente recibe el nombre de sextorsión, que, en palabras de Castillo, “pretende obligar a la víctima a realizar algo a cambio de no exhibir imágenes íntimas”.

María del Pilar Sáenz, coordinadora de proyectos de la Fundación Karisma, organización dedicada a apoyar y difundir el buen uso de las tecnologías en entornos digitales, explica que una mujer está en libertad de enviar imágenes o videos con contenido sexual, pero debe tener cuidado con el remitente. “Es una forma de expresión de la sexualidad y no podemos negarla. Lo problemático es si alguien toma abusivamente esas imágenes para intimidar o extorsionar; eso es un delito”.

En la mayoría de los casos son las exparejas de las mujeres las que usan estas imágenes para lograr un determinado objetivo. Sin embargo, hay otra clase de violencia que se ejerce contra ellas, y es cuando no han enviado imágenes pero son víctimas de hackers que entran a sus computadores o celulares, las roban y las publican. Uno de los casos más sonados le sucedió el año pasado a la actriz Jennifer Lawrence (Los juegos del hambre), cuyas imágenes fueron filtradas a varios medios por una fuente anónima.

En todo caso, como asegura Castillo, “no es responsabilidad de las mujeres evitar que las violenten; una mujer puede andar desnuda en la calle y nadie tiene por qué tocarla. Por supuesto, no decirle las claves a nadie y cambiarlas rutinariamente son formas de cuidarse. Si va a compartir información privada o sensible, hágalo con personas con las que tenga vínculos de confianza reales”.

Otra de las formas más comunes de violencia contra las mujeres en la red es el ciberacoso, que busca amenazarlas o difamarlas. A Esperanza Rojas*, su exesposo, con el que tuvo un hijo, comenzó a ofenderla e intimidarla a través del correo electrónico y de las redes sociales. En un principio, cada vez que ella subía fotos en Facebook con otras personas, la ofendía con comentarios groseros. Luego, cuando ella decidió bloquearlo, comenzó a escribirle por Skype y la amenazó diciendo que iba a apuñalarla a ella y a su nuevo novio. El límite fue cuando le dijo que era una mala madre y que la iba a matar.

“Fui al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y me dijeron que eso seguro iba a terminar en violencia intrafamiliar, pero no hicieron nada más –cuenta Esperanza–. Decidí ir a una comisaría de familia, pero la respuesta que obtuve fue peor. La comisaria me dijo que debería, por mi hijo, reconsiderar volver con mi esposo”.
Infortunadamente, en muchos de los casos hay una revictimización de la mujer, porque se le hace creer que es su culpa lo que le pasó. “Cuando las violencias traspasan el medio físico y pasan al digital, para las autoridades deja de ser claro cuál es el delito –explica Sáenz–. Cuando una mujer dice que ha sido víctima de una agresión en un medio digital es común que le digan: ‘¿para qué dio papaya?, ¿por qué mandó esas fotos?’”.

Otros casos son los de mujeres que son filmadas, a escondidas, mientras tienen relaciones sexuales y luego son amenazadas con estas imágenes. Se han conocido casos también de hombres que regalan teléfonos inteligentes y, sin que su pareja se dé cuenta, activan el GPS para así controlar en dónde se encuentra en todo momento. Igualmente, hay una clase de acoso que parece estar arraigado culturalmente, y es cuando la pareja obliga a la otra persona a darle sus claves de acceso a los correos electrónicos y redes sociales. “Los celos –dice Castillo– siguen siendo calificados como un acto de amor, cuando tener las contraseñas de la pareja es una conducta agresiva e invasiva”.

Una de las grandes limitantes es que no hay una norma específica que proteja a las mujeres contra la violencia en entornos digitales. El ciberacoso y la sextorsión, por ejemplo, no están tipificados como delitos autónomos; es decir, no están descritos de manera independiente en el Código Penal. Eso no quiere decir, sin embargo, que no se puedan denunciar. Hay que recordar que, aunque no tocan el tema de violencias digitales hacia la mujer, en Colombia está la ley 1257 del 2008, por medio de la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, y la 1273 de 2009 o de delitos informáticos, que, aunque está destinada más a proteger corporaciones, puede ser un comienzo para poner el tema sobre la mesa.

Es importante que una mujer cuando sea víctima de un caso de violencia digital no borre las pruebas, como mensajes o fotos con las que está siendo amenazada o chantajeada. Muchas veces por miedo o por vergüenza las eliminan y luego no tienen nada para presentar a las autoridades.

En cuanto a la justicia, Elizabeth Castillo asegura que “hay que generar una legislación específica que atienda el tema, pero las autoridades deben entender que sí hay un delito, y una de las maneras es sabiendo que se trata de un caso típico de violencia psicológica con un impacto mayor, por el alcance que puede tener internet”.

Aparte de la denuncia legal, un consejo de los expertos es hacer la denuncia pública o social. “Facebook y Twitter tienen la forma de denunciar contenidos, y es importante que las mujeres sepan que tienen estas herramientas. Pero más allá de eso, no podemos permitir una aceptación social de la violencia –acota Paz–. Hay que solidarizarse con la víctima y no con el victimario, para que cada vez haya más personas que rechacen este tipo de violencia”.

Una página web para visitar

Si usted es víctima de violencia en entornos digitales o quiere tener más información del tema, puede visitar la página www.dominemoslatecnología.org, en la que encontrará textos y videos informativos sobre las violencias de género y las tecnologías de información y las comunicaciones, sus derechos en espacios digitales y una herramienta para denunciar casos en todo el país. Este último punto es de gran importancia, pues como las denuncias frente a estos casos son tan bajas, es necesario comenzar a generar estadísticas para evidenciar la problemática.

*Nombres cambiados por solicitud y protección de las víctimas

SERGIO CAMACHO IANNINI

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