El sicariato, uno de los problemas más graves de Bogotá

El sicariato, uno de los problemas más graves de Bogotá

Alcaldía y Estado deben perseguir sin cuartel a estructuras sicariales.

25 de enero 2015 , 10:47 p.m.

En días pasados nos referíamos en este espacio al aumento de la tasa de homicidios en Bogotá, que en el 2014 pasó de 16,7 a 17,3 personas muertas por cada 100.000 habitantes. Hoy debemos volver sobre uno de los más preocupantes ítems que causan luto y zozobra en la capital, y que aumentan esa cifra global, como es el tenebroso sicariato, según lo demostró un informe de la Unidad Investigativa de este diario, ayer.

No vamos a extendernos sobre la degradación humana de quienes, muchas veces por unos pocos pesos, torturan y matan a sangre fría, como si realizaran un trabajo cotidiano cualquiera. Pero la dura realidad del crimen de los gatilleros a sueldo en esta ciudad es un hecho que tiene que preocupar y movilizar a las autoridades y a la sociedad, pues las estadísticas son escalofriantes.

Ya era más que inquietante el que 96 seres humanos hubieran sido víctimas de ese delito en el 2013, solo en Bogotá. Pero es escandaloso que en el 2014 Medicina Legal reporte 215 muertes a manos de sicarios. Es decir, un aumento de 119. Muertes que espantan y elevan la percepción de inseguridad en la ciudad, que ya de por sí es además nido de la delincuencia común, donde los ciudadanos a diario ponen su amarga cuota.

Bogotá es la capital de todos. Pero, por desgracia, también sientan sus reales los redomados delincuentes enrolados en las distintas mafias, cuyos ajustes de cuentas suelen estar detrás de los gatillos.

Ahí está la causa de esta dramática lista de muertes violentas. Ya sea por el negocio del narcotráfico, o por el control del microtráfico. Y claro, igualmente, surge la mano negra de las bandas de ‘los Urabeños’, vinculados con grandes cargamentos de coca proveniente de los Llanos. Todos ellos ven en Bogotá una gigantesca plaza de distribución y de lavado de sus sucias fortunas. Sin olvidar que la vieja ‘guerra verde’ sigue poniendo muertos. Porque la pureza de las esmeraldas, que podrían ser bendición de esta tierra, durante años ha sido manchada con sangre. Y hay bandas de la minería ilegal que cobran venganzas. Pero el hecho es que unos pistoleros sueltos les quitan la vida a más de 200 personas al año en esta ciudad.

El problema está diagnosticado. ¿Qué hacer? Las palabras del presidente Santos van bien encaminadas: “No hay que ir detrás del sicario, sino de las estructuras. Ese es el gran desafío de Bogotá”.

Hay que ver, pues, qué estrategias se utilizan, que son urgentes. Es hora de pasar la página de los diagnósticos, así como las de las justificaciones. Que el origen del fenómeno se ubique por fuera de la ciudad no es motivo para que quienes en el Distrito deben ocuparse de los planes de seguridad prefieran las explicaciones a las acciones.

Se trata, entonces, de golpear a las mafias del narcotráfico, de diezmar el negocio, de poner tras las rejas a unos ya poderosos capos. Por eso, la labor debe ser en conjunto entre la Nación, el Distrito, la Policía y los servicios de inteligencia. Aquí, de nuevo, hay que hacer un llamado para retomar hojas de ruta que ya han probado ser exitosas. Así mismo, a la justicia, que tiene que operar, apretar candados y evitar que desde las propias cárceles se delinca.

Este es hoy uno de los graves problemas de Bogotá, y tendrá que estar en la agenda de los candidatos que aspiran a gobernarla.

EDITORIAL
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