Lucha por un colegio digno para niños de Villa Rosa

Lucha por un colegio digno para niños de Villa Rosa

La comunidad, que levantó el colegio, ahora realiza una campaña para conseguir útiles escolares.

25 de enero 2015 , 07:46 p.m.

 En el barrio Villa Rosa, ubicado en la periferia de Plato, solo hay un colegio. Está en medio de un terreno quebrado, que en época de lluvias se convierte en un lodazal y los estudiantes tienen que ir a clases descalzos para no dañar sus zapatos.

El colegio, sede de la Institución Educativa Departamental Luis Carlos Galán Sarmiento, fue levantado en un área de 3.911 metros cuadrados, con el mismo esfuerzo con que esta comunidad, en su mayoría desplazados por la violencia, a punta de unión y lucha constante logró que les llegaran los servicios de energía eléctrica y acueducto.

El profesor Arnaldo Mulford Ortega, un plateño de 33 años que ha sido el motor del colegio, cuenta que en abril de 2006 empezó a dictarles clases, debajo de un árbol de trupillo, a 78 estudiantes que se sentaban en piedras o tablas, con la ayuda de las docentes voluntarias Marinela Cárdenas y Yenis Tapias.

En ese entonces, la mayoría de los niños estaban desescolarizados porque los colegios más cercanos no tenían cupo. Los pocos que estudiaban debían hacer caminatas de hasta tres kilómetros para llegar a otros que están lejos del barrio.

Antes de culminar ese año, una residente les prestó una habitación y el patio de su casa para dar las clases, pero seguían estando a la intemperie. En 2007, el número de estudiantes aumentó a 148. Un profesor les cedió su casa para que funcionara como colegio y se sumaron dos voluntarios más Iván Pérez y Sandra Ballestas.

En la parte trasera de la casa construyeron un kiosco y con instituciones públicas y privadas del municipio consiguieron que les donaran pupitres y tableros. Aunque algunos no estaban en buen estado, los líderes comunales y padres de familia se encargaron de arreglarlos para que sus hijos no tuvieran que sentarse en el piso de tierra. No obstante, continuaban estrechos.

Primeras aulas
A finales de 2007, realizaron la marcha del ladrillo para llamar la atención de las autoridades sobre la necesidad de un colegio digno en el barrio y les donaron 1.000 ladrillos.

La Alcaldía construyó un aula de material en el terreno que escogió la comunidad, situado frente a la casa donde daban clases, con una inversión de 32 millones de pesos.

En esta aula tenían cinco computadores donados por Computadores para Educar y el servicio de Internet de Compartel –que llegó primero que el agua potable–, pero en un intento de robo quitaron dos láminas de eternit del techo y rompieron el cielorraso y un aguacero dañó cuatro.

Entre 2008 y 2010, el municipio construyó otras dos aulas de material, que hoy tienen las paredes y los pisos agrietados; el encerramiento total del lote y una batería sanitaria, que nunca ha funcionado porque no le llega agua, pese a que al lado hicieron una alberca de 400 litros. En estas obras invirtieron 131 millones de pesos.

Igualmente, con materiales entregados por el rector de la sede principal, Nicanor Cantillo, y la mano de obra de la comunidad levantaron cuatro kioscos con techo de palma, de los cuales tres tienen paredes de 1,10 metros de altura y piso de plantilla rústica.

El colegio no tiene celador y el líder comunal Fredys Márquez, residente al frente, es quien se encarga de vigilar lo poco que han conseguido.

Para seguir visibilizando la situación de Villa Rosa, cuyas vías de acceso son trochas que con las lluvias se vuelven intransitables, siguieron tocando puertas y haciendo marchas.

“El primer día que llueve casi nunca hay clases y cuando es repetitiva toca entrar con botas pantaneras y caminar un kilómetro desde la vía pavimentada hasta el colegio porque no entran los vehículos”, dice Mulford.
En octubre de 2013 hicieron una marcha, en la que los residentes del barrio salieron en burros y los niños caminaron sin zapatos hasta la sede de la Alcaldía.

El alcalde Jaime Peña Peñaranda se reunió con la comunidad y se comprometió a arreglar dos vías que conducen a la escuela y construir nueve aulas (seis salones, laboratorios, sala de profesores y comedor), pero a la fecha no ha cumplido.

Mostrar necesidades
Ese mismo año también comenzaron a mostrar las necesidades de la escuela a través de las redes sociales y lograron que un grupo de plateños que viven desde hace varios años fuera del municipio se vinculara a la causa.

En febrero de 2014 se reunieron en el pueblo y trajeron regalos como ropa, útiles escolares y material didáctico que no usaban en otros colegios y el primero de febrero próximo volverán a traer ayudas para Villa Rosa.

Esta experiencia fue presentada en diciembre pasado por el profesor Mulford en el III Encuentro Nacional de Comunidades Digitales, realizado en Villavicencio, evento que reúne líderes e influenciadores digitales de todo el país, organizado por la iniciativa ciudadana ‘Brigada Digital’.

Y en estos días, el equipo de brigadistas digitales conformado el año pasado está liderando una campaña para conseguir útiles escolares para los 300 estudiantes que dan clases en la escuela desde preescolar hasta quinto de primaria, en doble jornada, que no solo son de este barrio sino del 20 de Enero, La Victoria, Santo Domingo, la vereda La Catalina y fincas aledañas. Actualmente, tienen nueve profesores en propiedad y un voluntario.

“Todavía le falta mucho al colegio (…) Esperamos que nos ayuden a tener uno digno porque estos niños se lo merecen. Necesitamos más aulas porque aquí vienen niños hasta de las fincas a estudiar”, dice Francisco Palencia, líder comunal de Villa Rosa, quien ha contribuido a impulsar esta iniciativa.

Problemas sociales
Con la educación no solo buscan darles herramientas a estos niños para que tengan más oportunidades que sus padres, que trabajan como albañiles, vendedores ambulantes o en fincas, sino además que logren escapar de los problemas sociales que los rodean: drogadicción, abuso de menores, trabajo infantil, prostitución y embarazos adolescentes.

Una madre del barrio cuenta que su hija, de 11 años, fue violada hace dos por un sobrino suyo, hoy de 17, aprovechando que la menor estaba sola en casa. Pese a que lo denunció ante la Fiscalía, todavía sigue libre. Su hija ya no quiere ir al colegio y ha intentado suicidarse en tres ocasiones.

En Villa Rosa muchos niños asumen desde temprano labores de adultos como cargar bultos, ayudar en albañilería o vender yuca, bollo o pescado en las calles. Otros ayudan en labores domésticas como cocinar en fogones de leña, hacer aseo o cuidar a sus hermanitos más pequeños.

El año pasado, según Mulford, cuatro niños dejaron de asistir a clases por estar trabajando para ayudar en sus casas.
“Estoy convencido que si logramos tener educación de calidad acá, estos niños mañana van a tener mejores oportunidades y mejor calidad de vida”, dice Delvis Ibáñez, estudiante de quinto semestre de Comunicación Social, quien se vinculó en agosto del año pasado como brigadista digital.

Si quiere ayudar a este colegio comuníquese con: Arnaldo Mulford al teléfono celular 3205702856 o al correo platoescuela@hotmail.com o sígalo en Twitter @Caimandigital 

 

PAOLA BENJUMEA BRITO
Enviada especial de EL TIEMPO
Plato (Magdalena).

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