¿Qué hay detrás de las 215 muertes por sicarios en Bogotá?

¿Qué hay detrás de las 215 muertes por sicarios en Bogotá?

Ajuste de cuentas entre poderosos carteles de drogas, la 'guerra verde' y disputa en sanandresitos.

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24 de enero 2015 , 06:14 p. m.

Uno de los pocos temas en los que el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, está de acuerdo con autoridades y analistas es que el sicariato aumentó preocupantemente en la capital durante el 2014 y en que fichas de la gran mafia se pasean por la ciudad.

Viejos capos del cartel de Medellín, oficiales (r) vinculados al narcotráfico, poderosos esmeralderos, abogados del bajo mundo y hasta empresarios de espectáculos con nexos en el fútbol aparecieron violentamente asesinados en calles capitalinas por pistoleros a sueldo. A Medicina Legal llegaron 119 cadáveres más que en el 2013, completando la absurda cifra de 215 personas baleadas por sicarios. (Lea también: Por sicariatos, riñas y hurtos subió tasa de homicidios en Bogotá)

Hasta ahora, se está asimilando el fenómeno, que recuerda a la Medellín de los 80 y que incluye armas de alto calibre, torturas y cadáveres embolsados.

Aunque aún no hay una explicación oficial de lo que está sucediendo, EL TIEMPO conoció un informe confidencial que concluye que la ola de violencia mafiosa por la que atraviesa Bogotá está conectada con cuatro grandes fenómenos que se cruzan entre sí.

Uno de ellos es la incursión de un nuevo y poderoso cartel de la mafiaque está copando el terreno que quedó libre tras la extradición de capos como Daniel el ‘Loco’ Barrera. Su jefe es alias Puntilla quien está eliminando a viejas fichas al servicio de otras organizaciones. Aunque el capo vive cerca de Tabio (Cundinamarca), su centro de operaciones es Bogotá. (Lea tambien: Guerra por minería y narcotráfico aumentó los homicidios en Bogotá)

Para las autoridades una de sus víctimas habría sido Gabriel Taboada García, baleado el 13 de marzo en la esquina de la calle 116 con carrera 11. Taboada era un exnarco del cartel de Medellín, testigo contra el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega y experto en lavado de activos.

Mes y medio después, fue asesinado el teniente (r) de la Policía Luis Fernando Trujillo, ‘Cejas’, rey de las drogas sintéticas quien fue sacado de su apartamento en Mazurén y botado en las afueras de Bogotá con signos de tortura. ‘Cejas’ lideraba una banda criminal, conocida como ‘los Rudos’, que opera en los sanandresitos y en los Llanos.

Escampadero mafioso

“Después de su asesinato, se desató una guerra por el control del negocio de las drogas sintéticas en el que están involucrados clanes de los sanandresitos”, dice un investigador.

Y agrega que se indaga si ‘los Rudos’ son los autores del crimen del empresario pereirano Julio César Herrera García, ‘Pollo’, ocurrida el 31 de marzo de 2014. Herrera, cuyo hijo juega en las inferiores del Santa Fe, fue asesinado en Bogotá, pero su cadáver apareció encerrado en su propia camioneta blindada, en la vía entre Cota y Bogotá, atado de pies y manos, con dos impactos de bala en el cuerpo y una bolsa negra en el rostro.

En todos esos casos los sicarios fueron contratados en Bogotá, pero el traslado de la llamada ‘guerra verde’ a la capital, otro factor que ha disparado el sicariato, ha ‘importado’ pistoleros de Pauna, Guayatá, y Muzo, zona esmeraldífera.

El 17 de mayo del 2014, en una gallera en la Primero de Mayo con Boyacá, asesinaron a José Martín Rojas, amigo del extinto esmeraldero Víctor Carranza y socio de Hernando Sánchez, el nuevo ‘zar’ a quien en el 2012 ya habían intentado matar dos sicarios dentro de un lujoso almacén ubicado en plena Zona Rosa.

Y hace tres meses, en la Colina Campestre, atentaron contra el esmeraldero Cristóbal Ramos en un supuesto acto de fleteo.

La banda criminal de ‘los Urabeños’ también juega un rol clave dentro de la violencia capitalina. Se le atribuye los actos sicariales en Ciudad Bolívar y en los límites con Cazucá por el manejo del microtráfico y de la microextorsión a comerciantes y a transportadores.

Pero también están vinculados con el envío de grandes cargamentos de coca en asocio con carteles de los Llanos. Ya está probado que las 7 toneladas incautadas en Cartagena, en abril pasado, se acopiaron en la capital y fueron protegidas por policías corruptos.

A eso se suma que Bogotá está convertida en un escampadero de la mafia. Hace siete días, fue capturado en el centro Alejandro Gracia, cuñado del extraditado capo Juan Carlos Ramírez, ‘Chupeta’. Iba en una camioneta blindada con una modelo a cumplirle una cita a un cirujano plástico.

Por su extensión y el tamaño de su economía, la ciudad es propicia para camuflar narcos y lavar fortunas, incluida la procedente de la minería ilegal.

El propio alcalde Petro habló de operaciones de blanqueo por más de 4.000 millones de dólares.

“El sicariato es producto de grandes organizaciones de narcotráfico que se han incrustado en Bogotá para lavar sus activos. No hay que ir detrás del sicario, sino de las estructuras. Ese es el gran desafío en Bogotá”, afirmó a mitad de semana el presidente Juan Manuel Santos ante las alarmantes cifras.

Lo más preocupante es que investigadores y académicos concluyen que las políticas para contener los homicidios comunes, en las que se ha concentrado las autoridades locales, no les sirven a la ciudad contra la gran mafia.

Análisis

Gustavo Petro Urrego
Alcalde mayor de Bogotá D. C.

“El sicariato está creciendo en Bogotá; la tendencia es al aumento y está ligado a grandes organizaciones relacionadas con el narcotráfico, en disputa por los negocios. Esto no nos está permitiendo bajar la tasa de homicidios de Bogotá (...). La acción es saber cómo desmantelar la gran organización narcotraficante que lava en la ciudad de Bogotá 4.000 millones de dólares (que vienen de todo el país) en actividades informales y a veces legales”.

Daniel Mejía Londoño
Experto en seguridad

“La Fiscalía y la Dijín deben aclarar qué es lo que está pasando y quiénes están involucrados en estos 215 homicidios por encargo. Las explicaciones que ha salido a dar el alcalde Petro, desde mediados del 2014, han sido erráticas. Van desde el microtráfico y la microextorsión hasta el lavado, sin que se basen en investigaciones serias que sustente cifras suministradas por su Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana”.

Jairo Libreros Amaya
Experto en seguridad

“A Bogotá se han trasladado mandos medios de la minería ilegal, especialmente en el tema del oro, que usan el aeropuerto como la vía para sacar ese tipo de productos al exterior. Llegan a la capital para fortalecer el negocio y el lavado de activos. Para los ajustes de cuentas recurren a las bandas de sicarios, que desde el año 2005 se han consolidado en la ciudad a partir de disidentes y desmovilizados ‘paras’ y de pequeñas organizaciones”.

UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com

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