El minimalismo de los Dardenne / Opinión

El minimalismo de los Dardenne / Opinión

Jean-Pierre y Luc Dardenne han escenificado desde 1999 las cotidianidades obreras.

24 de enero 2015 , 05:41 p. m.

Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, dos veces ganadores de la Palma de Oro, han escenificado desde 1999 las cotidianidades obreras y rurales de su nativa Bélgica con trazos derivados del neorrealismo italiano, el naturalismo nórdico y la transparencia estética del francés Bresson. Autores de Rosetta y El niño de la bicicleta –entre otras magníficas películas–, han sabido reflejar las crisis económicas y laborales sobrellevadas día a día, hora tras hora, por sus personajes normales. Esta vez, tales preocupaciones cinematográficas se detienen en explorar con minucias las vulnerabilidades del trabajo, las relaciones entre compañeros y los despidos laborales.

Anécdota o historia personal reducida a lo esencial, sin distracciones melodramáticas ni salidas ajenas a lo básico: el cómo mantener un empleo ante la disyuntiva desesperada de convencer a sus camaradas de renunciar a una prima. Aunque todos necesitan mil euros como bonificación, la mujer casada y con hijos deberá persuadir a sus colegas del drama que se le vendría encima si es despedida. Conviene recurrir a las matemáticas y hallar probabilidades de una votación favorable, o en contra, de sus 16 compañeros.

No solo cuentan (los Dardenne) una situación angustiosa, que avanza y se repite en cada consulta individual, sino que exploran sutiles detalles en su introspección sicológica. La continuidad narrativa es irrefutable y se mide a través de carreras y caminatas en campo abierto –he aquí una de las características visuales de sus connotados autores–.

La parisina Marion Cotillard, excepcional ganadora del Óscar al encarnar las amarguras de Edith Piaf, asume la condición de una Sandra cualquiera que lucha por defender sus derechos a trabajar en medio de una crisis social generalizada y de íntimas modulaciones depresivas. Tras su segunda estatuilla, con rivales como Julianne Moore y Reese Witherspoon, la Cotillard trasluce un carácter emocionalmente frágil en cada circunstancia.

Pérdida inestimable, la del director napolitano Francesco Rosi (1922-2015). Cercano al auténtico neorrealismo y exponente del más polémico filme político –desde Salvatore Giuliano y El caso Mattei, pasando por Lucky Luciano y Cadáveres exquisitos, a Cristo se detuvo en Éboli y Tres hermanos–. Sin alabar su versión operática de Carmen e ignorar los caprichos de Crónica de una muerte anunciada, Francesco Rosi se merece un pedestal entre los grandes cineastas de la segunda mitad del siglo XX.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
maulaurens@yahoo.es

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