'Estamos empeñados en un crecimiento verde': Minambiente

'Estamos empeñados en un crecimiento verde': Minambiente

Tras seis meses de inmersión en el tema, ministro responde sobre avances y urgencias de su gestión.

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23 de enero 2015 , 08:59 p.m.

Gabriel Vallejo llegó a ser ministro de Ambiente sin haber tenido experiencia con la biodiversidad, por lo menos si hablamos de administrarla, regularla o pensar en cuidarla .

Su vida habría transcurrido siempre en el sector privado, sobre todo lidiando con temas de mercadeo y ventas. Fue consultor de muchas empresas, como Sura o la ETB. Escribió libros exitosos que hablaban sobre el manejo adecuado del servicio al cliente. Se empeñó en ser gobernador de Caldas, y después de una derrota cerrada frente al destituido Guido Echeverry, llegó al Departamento de la Prosperidad Social.

Sin embargo hoy, después de casi seis meses al frente de este ministerio, en uno de los países más ricos en recursos biológicos del mundo, pero urgido de desarrollo y crecimiento, Vallejo parece el más recio ambientalista.

Ha tenido que aprender sobre la marcha. Ahora quiere ser el ministro ‘verde’ del segundo periodo del presidente Santos. Últimamente se ha dedicado a promocionar la campaña ‘Dale un descanso al agua, úsala responsablemente’, que busca que el colombiano se sintonice con el ahorro del líquido en estos meses de sequía.

Pero en medio de esa correría, durante la que les dice a alcaldes, gobernadores, líderes, niños o amas de casa que deben demorarse menos en la ducha, cerrar los grifos mientras se lava la loza, usar inodoros de bajo consumo o prender la lavadora solo con el cupo completo (porque cada gota vale), hubo tiempo para hablar de otros temas que, según confiesa, también le quitan el sueño.

¿Cuál cree usted que ha sido el principal avance que ha tenido en estos pocos meses de trabajo?

Haber puesto a andar el plan Crecimiento Verde, que es tal vez la estrategia más importante que se ha adelantado desde el ministerio, diría que desde su creación, y que busca que todos los ministerios y sectores productivos tomen decisiones pensando en el ambiente; queremos engranarlos en el tema de la conservación. Esto tiene cinco ejes claves, que son educación, ordenamiento, cambio climático, conservación y uso eficiente de los recursos –cómo volvemos sostenible lo que hay– y mejorar la calidad ambiental –cómo disminuimos la contaminación.

¿Cuál es el objetivo principal de esta idea?

Pienso que reducir la vulnerabilidad del territorio a eventos climáticos variables e inusuales como el Niño. Por ejemplo, la agricultura es responsable del 37 por ciento de las emisiones; entonces, debe involucrarse con proyectos o mejores prácticas que frenen la ampliación de la frontera agrícola o bajar las emisiones y el consumo de agua. Las viviendas deben incluir elementos de sostenibilidad. En fin, cada sector debe contribuir a reducir su impacto, no como un esfuerzo voluntario; debe ser una obligación.

El Gobierno ha prometido la reforma de las CAR, muchas de estas convertidas en fortines políticos, y que la gente percibe como ineficientes. ¿Se quedó en el papel esa reforma?

La decisión que tomé, con el aval del Presidente, es acompañarlas gerencialmente. Creo que hay unas CAR muy buenas, otras regulares y otras que requieren un rediseño total. Tomé la decisión de estar en las juntas directivas de todas las CAR –ya casi completo 30 juntas–, para alinearlas estratégicamente, para ponerlas de acuerdo en políticas públicas y que hablen un mismo idioma. Lo real y posible no es necesariamente la reforma, sino ir e involucrarse en la gestión de cada una y acompañarlas.

Se delimitó el páramo de Santurbán, pero queda la duda sobre cuál será el impacto que tendrán las multinacionales que han mostrado interés en seguir explorando y explotando en sus alrededores...

Las áreas para minería quedaron muy reducidas. En este caso se desarrolló un criterio muy técnico; fueron 100.000 hectáreas protegidas en las que no se podrá hacer nada. Hay algunos proyectos que seguirán porque tienen licencia de explotación y licencia ambiental vigentes –son muy pocos–, pero que podrán estar allí y trabajar hasta que se agote el tiempo de esa licencia.

¿Cómo se regulará en Santurbán la minería ilegal que quedó en los alrededores del área de reserva delimitada, una actividad más peligrosa que aquella que tiene licencias y que puede ser vigilada?

La gente tiene que saber que esta delimitación de Santurbán es como haber recorrido el primer kilómetro de la maratón. Ahora viene el acompañamiento del Gobierno, precisamente para formalizar o transformar esa minería que lleva allí decenas de años, y para aplicar prácticas agrícolas sostenibles. Solo el Ministerio de Agricultura va a invertir 13.000 millones de pesos para ordenar y asesorar a los cultivadores.

¿Quién ganó con la delimitación de este páramo?

Todos, el país en general. Lo hecho en Santurbán me deja muy satisfecho, porque pienso que logramos un equilibrio científico y técnico, pero con sentido social. Por ejemplo, el municipio de Vetas hubiera podido quedar todo dentro del páramo; habría quedado con los brazos cruzados, pero se extrajo y se compensó ese terreno con otras áreas. Tratamos de no atropellar a nadie, pero conservamos los ecosistemas.

¿Cuáles son los páramos que siguen en la lista para ser delimitados?

Los de Antioquia: serían Sonsón, Urrao y Belmira.

Se habló mucho también de la Ley de Páramos, para blindarlos definitivamente de la minería. ¿Cómo va esa idea?

Hay tres proyectos tramitados en el Congreso para lograr esa ley. Pero mientras se logran, en el próximo Plan de Desarrollo –que tiene fuerza de ley– también incluiremos la prohibición de minería en estos ecosistemas vitales.

En los páramos viven al menos 300.000 colombianos. Como sabemos, se prometió que una alternativa para ellos sería pagarles por cuidar –pago por servicios ambientales–, con lo cual podrían dejar a un lado sus actividades no formales que los deterioran. ¿Es viable?

Eso lo estamos trabajando. Esa es otra idea que podría incluirse dentro del Plan de Desarrollo. Pero en realidad me sueño replicando la experiencia de lo que está haciendo la Corporación de los Ríos Negro y Nare (Cornare) con su proyecto BanCo2, en el que la empresa privada –hay alrededor de 40 firmas vinculadas bajo el aval de esta CAR– paga a campesinos del oriente de Antioquia por cuidar los bosques.

¿Cuándo va a tener el país una política rigurosa para enfrentar el cambio climático?

Este es un fenómeno irreversible, frente a lo cual debemos buscar alternativas para que no nos golpee gravemente. Aparte del crecimiento verde que ya le mencioné y que busca reducir la vulnerabilidad del territorio para que los problemas no se repitan año a año, estamos trabajando temas puntales, como la erosión costera –está en el 30 por ciento de las costas nacionales–, con la ayuda del Gobierno holandés. Y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) nos va a dar una mano para analizar esta amenaza, concretamente en San Andrés.

Después de la firma del polémico decreto 2820, que reformó el esquema de licenciamiento, se buscaba ser más eficaz en la entrega de estos permisos, sin descuidar el medio ambiente. ¿Qué balance hace de esa reforma?

Vamos en el 95 por ciento del cumplimiento en el licenciamiento, sin saltarnos el rigor. Hemos mejorado la comunicación con los empresarios. Hablar con el empresario que quiere adelantar un proyecto no es perder independencia, es lograr claridad. Ha salido gente de la Anla, y ha llegado otra para darles una mirada más ágil y diferente a los procesos.

¿Cómo decirles a la gente y a los ambientalistas que esto se está haciendo bien y no se está favoreciendo indiscriminadamente a los empresarios?

Lo que yo diría es: muéstrenme ejemplos de algún proceso de licenciamiento que estemos haciendo mal.

¿Qué otro problema ambiental no lo deja tranquilo por su impacto?

La deforestación. Segundo, la recuperación del río Bogotá, para lo cual ya tenemos un gerente y estamos avanzando, pero este es un tema que requiere muchos recursos (6 billones de pesos). Hay un comité estratégico que involucra a 47 alcaldes, muchos temas como ganadería, vertimientos, minería, agricultura... Es muy complejo e implica tiempo. Y un tercer tema es el tráfico ilegal de fauna. Es tremendo. Como la gente no lo ve, no dimensiona su impacto. Estamos fortaleciendo la Policía para ser fuertes en incautaciones. Hay que consolidar la represión, pero aquí también tiene que haber un gran esfuerzo en educación ambiental.

Aparte del proyecto Visión Amazonia, que tiene recursos de gobiernos internacionales para parar la tala en la selva, ¿qué se ha pensado para detenerla en otras regiones claves?

Viajaré a Alemania en los próximos días y allí espero lograr recursos, porque para el presidente Santos hay una prioridad y es atender y enfrentar la tala en el Pacífico, principalmente en el Chocó, donde es crónica debido a la minería criminal. Esto también debe ir acompañado con un esquema de pagos por servicios ambientales.

JAVIER SILVA HERRERA
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