Un día con los 'guardianes' de los secretos de la San Martín

Un día con los 'guardianes' de los secretos de la San Martín

Dos estudiantes llevan viviendo más de 40 días en la universidad para proteger información.

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23 de enero 2015 , 11:17 a. m.

Christian Sánchez, estudiante de veterinaria, y Diego Castillo, de optometría, dicen que no se irán de la sede norte de la Universidad San Martín en Bogotá hasta que el Ministerio de Educación garantice las actividades académicas. Allí llevan sobreviviendo con sus propios recursos desde el 9 de diciembre.

Decidieron tomarse el lugar por el escándalo que enfrenta la institución desde el año pasado, cuando se descubrió la desviación de recursos que originó el retraso en el pago a docentes y fallas en la infraestructura por falta de mantenimiento.

A Christian y Diego se les puede ver desde las afueras del edificio de grandes ventanales ubicado en la calle 80 con carrera 19. Para entrar, se debe pasar cuidadosamente una barrera de mesas que, unas sobre otras, trancan la puerta principal.

Foto: Silvia Suárez

En el interior, una mesa con cuatro puestos y un par de ollas en lo que antes era la cafetería hacen de sala, comedor y cocina. Un pesebre que se rehúsan a quitar es la decoración.

Los dos duermen en pequeños sofás de oficina, que juntan para hacer una cama más o menos cómoda. Christian ocupa una de las esquinas de la cafetería, tiene apenas dos cobijas, algo de ropa que guarda en un maletín y un par de zapatos. Diego, en condiciones similares, tomó un cuarto que le ofrece vista privilegiada a la calle.

Así luce la "cama" de Christian. Foto: Silvia Suárez

La puerta principal de la sede siempre está cerrada con una gruesa cadena y un candado del que solo ellos tienen la llave y que, contadas excepciones, se abre durante el día. En principio se tomaron las instalaciones para evitar que los recibos de cobro de matrículas, que habían sido expedidos ilegalmente por la fundación universitaria, fueran repartidos a los estudiantes de las diferentes sedes del país.

Luego, se dieron cuenta de que también debían custodiar la información que se encuentra en los computadores de la oficina financiera y archivos en físico de esa sede, pues saben que puede ser evidencia en la investigación que lleva a cabo en este momento el Ministerio de Educación.

 

La oficina financiera, donde se encuentran los recibos de cobro de matrículas. Foto: Silvia Suárez

Vivir entre aulas vacías y “fantasmas”

Christian y Diego siempre se levantan a las seis de la mañana y preparan su desayuno en la ‘cocina’. Cuando se puede salen a comer a un restaurante cercano. Siempre revisan que las cadenas de la puerta no hayan sido forzadas en su ausencia.

Todo está limpio y ordenado en la sede abandonada, pues ellos mismos se encargan de hacer el aseo en las mañanas. Su rutina, confiesan, es aburrida. No tienen juegos de mesa y su forma de distraerse es un televisor de pantalla plana que, al cabo de unas horas, se vuelve un mueble más.

La emoción llega a su nueva ‘residencia’ cuando se acercan estudiantes para enterarse de las nuevas noticias con respecto al paro de actividades de la institución.

 

A veces, casi siempre, tienen que hacer las veces de celadores, pues solo quedan cuatro vigilantes ‘pagos’ por la institución para cuidar todo el lugar.

En esa tarea, afirman, les tocó sufrir la presencia del espíritu de la esposa de Mariano Alvear, dueño de la institución. Un rumor entre el estudiantado dice que su cuerpo está enterrado en la capilla de la universidad y su alma en pena sale en las noches a vigilar “lo suyo”.

Pero ni el “fantasma” ni la nostalgia que les trajo pasar sin su familia las fiestas de fin de año los ha vencido.

Christian y Diego no dudan en manifestar que seguirán allí hasta que el Ministerio disponga la fecha para reanudar las actividades académicas, lo cual, confían, sea en los primeros días de febrero. Esperan, eso sí, que la universidad siga recibiendo nuevos estudiantes. Algo de confianza les queda frente a lo que alguna vez fue una prestigiosa institución.

SILVIA SUÁREZ​

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