Cómo volver a ser amigos / Opinión

Cómo volver a ser amigos / Opinión

"Los desafíos que quedan por delante para Estados Unidos y Cuba son de gran magnitud".

22 de enero 2015 , 09:03 p.m.

Después del anuncio de Barack Obama de transformar la política exterior estadounidense hacia Cuba en diciembre del 2014, este año se inicia con la visita de Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, a la isla.

La regularización de las relaciones ha empezado en alto nivel y, aunque eso ya es una buena noticia, los desafíos que quedan por delante son de gran magnitud.

Durante las conversaciones que tuvieron lugar este jueves en La Habana se habló de la política migratoria estadounidense, del levantamiento del embargo y de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo elaborada por Washington, en la que Cuba está incluida.

Por tratarse de un primer encuentro y por ser la construcción de confianza entre ambos países un proceso gradual, es probable que de allí no hayan salido acuerdos que cambien desde ya la relación bilateral.

Pero, ¿cuáles son los desafíos que enfrentan los dos países en su intento por normalizar su política bilateral?

Para empezar y gracias a su historia de resistencia, Cuba es particularmente sensible a las implicaciones que tiene la asimetría de poder que existe en su relación con EE. UU.

El primer desafío consistirá en evitar mantos de duda sobre la diplomacia estadounidense: cualquier mínimo intento de intervención o imposición puede dar al traste con los acercamientos.

Aquí, EE. UU. tendrá que hacer uso de la más alta filigrana diplomática para convencer al gobierno cubano de que ya no juega al imperialismo.

El otro gran desafío va a ser el levantamiento del embargo. Es cierto que el presidente estadounidense cuenta con la prerrogativa de “suavizar” paulatinamente algunos de los componentes del embargo, pero lo único que garantiza la continuidad de la decisión que ha tomado Obama y el final formal del embargo es la construcción de un consenso bipartidista en Washington alrededor de la nueva política hacia Cuba.

Por ahora, y a juzgar por la reacción de la bancada latina en el partido republicano, la cosa no luce fácil.

Finalmente, la política estadounidense hacia la isla cambió de método pero no de objetivo: Washington sigue interesado en una apertura del sistema político en La Habana y va a seguir presionando en esta dirección.

La gran pregunta es qué tipo de estrategia diplomática le va a permitir lograr este objetivo sin despertar sensibilidades nacionalistas. Y como si esto fuera poco, también resta definir cómo los cubanos en Florida harán parte de esta conversación.

Ahora sabrán ambos países que pasar de ser enemigos históricos a amigos no es tarea fácil. 

Sandra Borda G.
Directora del CEI,
Universidad de Los Andes

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