Otro Bush quiere llegar a la Casa Blanca

Otro Bush quiere llegar a la Casa Blanca

'Jeb' Bush, hermano menor de George W., muestra interés en iniciar su carrera hacia la presidencia.

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19 de enero 2015 , 07:36 p.m.

En enero del 2009, cuando George W. Bush finalmente abandonó la Presidencia de Estados Unidos, pocos habrían apostado más de un peso por el eventual regreso de su clan a la Casa Blanca. Las razones saltaban a la vista. Al cabo de sus ocho años en la oficina oval, ‘W’ se retiró casi por la puerta de atrás, dejando el país sumido en la peor crisis económica desde la recesión de los años 30 y con dos guerras abiertas en Irak y Afganistán.

Encuestas posteriores a su salida lo ubicaban como uno de los peores mandatarios en toda la historia de EE. UU., muy cerca de su padre, George H. Bush, que también tuvo una deslucida presidencia, entre 1988 y 1992, y a quien los ciudadanos castigaron negándole la reelección. Reprimenda, de paso, que solo cinco presidentes han tenido que enfrentar en los últimos 115 años. De allí que para los mismos republicanos la sola idea de otro Bush como posible contendor a la presidencia resultaba no solo absurda, sino derrotista.

Pero eso era entonces. Hoy, a un año del inicio oficial de la batalla por la Casa Blanca –y prueba de que en política la memoria no es de largo plazo–, otro Bush está sonando, y fuerte. Se trata de John Ellis Bush o ‘Jeb’, como lo conoce la mayoría. Exgobernador por el estado de la Florida (entre 1999 y 2007), ‘Jeb’ es el segundo hijo del expresidente George H. Bush y hermano menor de George W.

De acuerdo con las últimas encuestas nacionales, ‘Jeb’ estaría liderando la carrera por la nominación del Partido Republicano para las presidenciales del 2016. En una muestra de la cadena CNN tomada hace dos semanas, el exgobernador aparece encabezando las preferencias con un 23 por ciento de respaldo, seguido por el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie (13 por ciento), el senador de Kentucky Rand Paul (5 por ciento) y el exgobernador de Arkansas Mike Huckabee (4 por ciento).

Aunque Bush todavía no ha confirmado sus intenciones de lanzarse a la presidencia, en diciembre del año pasado anunció por medio de su cuenta en Facebook que lo estaba explorando “activamente”. Un término que utilizan los políticos en Estados Unidos para indicar que les interesa, siempre y cuando los grandes donantes se metan la mano al bolsillo para respaldar la costosa campaña.

Un nuevo paso en esa dirección lo dio la semana pasada, con una viaje a California para recolectar fondos en favor de Right to Rise, un comité de acción política que fue creado para respaldar su campaña si es que decide lanzarse.

Bush, de 61 años, nació en Houston (Texas), donde su padre se había radicado para trabajar en la industria petrolera. A los 17 años viajó a Léon (México), como parte de un intercambio cultural de su bachillerato. Fue allí, mientras enseñaba inglés en una escuela local, donde conoció a Columba Garnica, quien tres años después se convirtió en su esposa. Bush se graduó con honores en la Universidad de Texas, con especialización en Estudios Latinoamericanos, tema que le interesó desde joven y por el que se apasionó gracias a su esposa mexicana.

A los 27 años, cuando su padre iba camino de la vicepresidencia de Ronald Reagan, ‘Jeb’ decidió radicarse en Miami, donde ya vivía parte de la familia de Columba. Su primeros años en el Estado del Sol los dedicó a amasar una pequeña fortuna en la compra y venta de propiedad inmobiliaria. La relación con su socio, un cubanoamericano, lo terminó puliendo en el idioma español, que hoy habla a la perfección y que también les enseñó a sus tres hijos.

Luego de perder por un reducido margen las elecciones para gobernador de 1994, logró imponerse en los comicios de 1998 y, luego, en el 2002, cuando contó con el respaldo del 61 por ciento del voto hispano en el estado. Ahora, en esta nueva aventura, sus posibilidades de éxito están atadas a su apellido y a su historia familiar.

De acuerdo con un sondeo reciente de MSNBC, la mayoría de los estadounidenses tiene un mal recuerdo de los Bush y un 57 por ciento no votaría por otro miembro del clan si llegara a postularse para la presidencia.

George H. Bush, con sus hijos George W. y John Ellis, el menor y conocido por todos como ‘Jeb’.  AFP

Sin embargo, como anota la analista política Gabriela Domenzain, Bush arrancaría con medio camino ya recorrido, precisamente porque todo el mundo reconoce su nombre. “La percepción negativa es algo que puede cambiar de la noche a la mañana y depende mucho de quién sea el rival. A la larga, las personas, especialmente los conservadores, tienden a inclinarse por lo viejo conocido antes que lo nuevo por conocer”, dice Domenzain.

Además, ‘Jeb’ cuenta con un activo que pocos republicanos poseen: el voto latino. No solo por su familia política, sino por su postura pro inmigración. Tan solo el año pasado dijo en público que para muchos hispanos cruzar legalmente la frontera, más que un crimen, es un acto de amor porque con ello lo que pretenden es ofrecer una mejor oportunidad para sus hijos.

Palabras que, sin duda, cayeron bien entre una comunidad que ha demostrado a lo largo dos últimos ciclos electorales su importancia en la carrera hacia la Casa Blanca.

Bush podría no solo conquistar Florida, que, con sus 21 votos al Colegio Electoral, es determinante para llegar a la Casa Blanca, sino otros estados, como Nuevo México, Nevada y Colorado, que se fueron por Obama gracias al voto latino, pero que solían estar bajo el toldo de los republicanos. En otras palabras, sostiene Domenzain, Bush sería un candidato formidable para las elecciones generales, en las que quizá podría enfrentar a la demócrata Hillary Clinton y convertir la puja en el choque de dos dinastías.

Y con un atractivo adicional: si Bush gana, estaría pasando una cuenta de cobro a los Clinton, que le arrebataron la presidencia a su padre en 1992. Pero el camino para ‘Jeb’ es largo y no luce, de momento, despejado. Su principal problema es que el grueso del electorado republicano lo ve como una figura muy liberal. No le perdonan, por ejemplo, su posición frente a la inmigración ilegal ni su neutralidad ante los matrimonios entre homosexuales. Tampoco su respaldo a Common Core, una iniciativa del presidente Barack Obama que estableció estándares mínimos para la educación a nivel nacional.

“Que Bush pretenda ganar con una plataforma proinmigrante y progay es como si un demócrata intentara conquistar la base del partido con una postura antiaborto”, afirma el analista político Geoff Garin.

El problema de ‘Jeb’ Bush es que para poder llegar a las elecciones generales primero debe lograr la nominación de su partido durante las primarias, donde pesa mucho el voto más conservador y de derecha.

De acuerdo con una encuesta del Centro Pew, más de un 55 por ciento del electorado republicano se define hoy día como conservador o muy conservador, mientras que solo un 40 por ciento se consideran republicanos moderados. Y tampoco le ayuda haberse convertido al catolicismo (en 1995), pues la base de este electorado es protestante.

En otras palabras, si quiere sobrevivir a las primarias, tendría que endurecer su discurso. Lo que le causaría problemas para las generales, en las que debe competir por los votos independientes y moderados.

Antes de eso, no obstante, también tendría que imponerse a Christie y al excandidato a la presidencia Mitt Romney, otras dos figuras del establecimiento que están sonando. Este último, para sorpresa de muchos, anunció hace una semana que quizá lo intente una tercera vez (aspiró a la nominación en el 2008 y fue el candidato del partido en el 2012). Si lo hace, y Christie también se lanza, entre los tres se diputarían no solo los votos de centro, sino los fondos de los grandes donantes. Lo cual podría abrirle la puerta a uno de los candidatos más de derecha, como el exsenador Rick Santorum o el senador de Texas Ted Cruz.

A estas alturas nada está confirmado y los analistas predicen que los anuncios oficiales llegarán entre abril y marzo, al empezar la primavera. Pero todo indica que ‘Jeb’ Bush, al que llaman “el inteligente de la familia”, ya está calentando motores.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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