Una mirada a la cárcel desde otra perspectiva

Una mirada a la cárcel desde otra perspectiva

Contrario a otros periodistas, Carolina Calle tuvo interés en contar el lado humano de los presos.

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19 de enero 2015 , 09:35 a. m.

Contar, narrar. Son los verbos favoritos de Carolina Calle Vallejo, documentalista colombiana que, gracias a su pasión y dedicación, ganó diferentes becas y estímulos –nacionales e internacionales– para formarse como directora y hacer realidad sus proyectos audiovisuales.

Se alquilan chanclas, Carcelería y turismo, 72 horas de vida y El delirio de Mulaló son los cuatro proyectos en los que trabaja. No se queda quieta, siempre hace algo: crear, investigar, escribir, preproducir, dirigir, rodar y, claro, participar en convocatorias que le permitan ganar estímulos para el financiamiento de los mismos.

De hecho, el pasado diciembre ganó con 72 horas de vida el premio Arte Internacional, otorgado por el canal Arte France durante el fórum de coproducción del Doc Buenos Aires (Argentina). Allí, de 70 documentales que se presentaron, seis fueron seleccionados: dos argentinos, uno mexicano, uno ecuatoriano, uno boliviano y el suyo que, según el jurado, plantea un tema y una situación universal: la libertad que tiene un preso por unas cuantas horas.

Y es que a Carolina, periodista de profesión, siempre le han gustado las historias de quienes tienen conflictos con la ley, de “delincuentes sueltos” y por supuesto, de sus familias.

Siendo estudiante del pregrado en Comunicación Social- Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana sintió un “llamado de la cárcel”, quería entrar a Bellavista.

A través del programa ‘Delinquir no paga’ del Inpec, pudo ir allí, donde le asignaron un preso para que le contará por qué estaba en la cárcel. Era un ladrón de bancos. Esa historia y las que escuchó de otros, la maravillaron y pensó que la prisión era el lugar ideal para hacer lo que tanto disfrutaba: contar historias.

Por una convocatoria insólita a su Facultad, hizo la práctica profesional en Bellavista. Su principal función era manejar el canal interno de televisión. Ideó el proyecto ‘Bellavista de película’, con el que formó audiovisualmente a un grupo de 20 reclusos, quienes fueron guionistas, camarógrafos y actores de sus propias historias.

Lo que inicialmente eran seis meses de práctica, fueron 10 y de no haber sido por la fuga de un preso, probablemente, ella seguiría ahí.

Por esa fuga relevaron a su jefe –un guardia con bolillo y esposas–, cerraron el canal interno y no la volvieron a dejar entrar. Sin embargo, asegura que “aunque yo salí de la cárcel, la cárcel no salió de mí”.

Carolina no fue a buscar lo peor, lo sucio, la miseria, la pobreza, la corrupción o el hacinamiento, su interés siempre ha estado en “las cosas bonitas y dignas que pasan donde supuestamente ya todo se perdió como el amor, el humor y los esfuerzos de esas personas”.

Convencida de que había mucho por contar, no dejó de ir a esa cárcel. Se enteró del oficio de las alquiladoras de chanclas, mujeres que los fines de semana alquilan este calzado, pues no está permito entrar con zapato cubierto, para así evitar el ingreso de armas, droga, celulares u otros objetos en las suelas.

Este curioso oficio, la llevó a idear y desarrollar su primer proyecto: Se alquilan chanclas. En 2009, sin graduarse y sin ser del todo consciente en qué se estaba metiendo, presentó su historia al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia (FDC). Ganó y desde entonces, trabaja en una trilogía carcelaria.

Luego vino Carcelería y turismo, donde muestra cómo las mujeres de los presos –esposas, mamás, hermanas, hijas– están dispuestas a lo que sea para volverlos a ver, pues debido al hacinamiento de las cárceles muchos son trasladados a otras ciudades.

Conoció a una mujer que organiza excursiones para que sus familiares los visiten en los diferentes centros penitenciarios del país. Con este, también ganó un estímulo del FDC y cuando hizo los viajes conoció y se hizo amiga de Mari Luna, una chica que tenía a su novio preso y que le contó que iba a salir a las 72.

Gracias a ella tuvo la idea de 72 horas de vida. Inicialmente contaría la historia de Mari Luna y su novio, Raúl, en las 72 horas que, por buen comportamiento y haber cumplido un tiempo de la condena, la cárcel da a los reclusos para tener un momento de libertad. “Escribí una historia de amor desde el punto de vista de ella, todo lo que preparó para recibirlo”, comentó la directora.

Lo presentó a varios concursos, pero no ganó nada. No se preocupó, sabía que era por algo. En 2013 lo presentó a la beca de creación de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín y al FDC y en ambos ganó.

Mari Luna y Raúl habían terminado, entonces tuvo que cambiar el guion, la historia. Buscó una nueva y encontró la de Edith y Diego. Por los tiempos que le habían dado, tenía afán para rodar. Luego de conversar toda una tarde con Edith, fue ella quien la invitó a estar presente en las 72 horas que iba a pasar con su novio. “Todo pasó muy rápido”.

Logró rodarlo y hoy, es el proyecto más avanzado. Está en la etapa de finalización, faltan detalles como mezclas de sonido, corrección del color y masterización. Y, la semana pasada, le informaron que es uno de los 15 proyectos que estará en el Laboratorio de Especialización Documental, DocuLab.7 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México.

Entre tanto, Se alquilan chanclas ya está rodado y próximamente espera iniciar la posproducción. Y, Carcelería y turismo tiene la idea desarrollada, faltan los recursos –sigue participando en convocatorias– para empezar con la preproducción y la producción.

Carolina, quien disfruta leer revistas como Kinetoscopio, Gatopardo y Número, no solo es la directora de sus proyectos, también ha sido investigadora, guionista, productora y montajista, como pasó en 72 horas de vida. Sabe que los recursos son limitados y no puede darse el lujo de tener “un súper equipo”, además, las experiencias con productores no han sido muy buenas.

Por eso, produce de manera independiente. “Esto es muy importante y serio para mí, le dedico todo mi tiempo, alma y corazón”, concluyó.

MÓNICA MARÍA JIMÉNEZ RUIZ
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN

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