Cese bilateral del fuego: ¿antes o después del acuerdo de paz?

Cese bilateral del fuego: ¿antes o después del acuerdo de paz?

El excomandante del Ejército Manuel Bonnet dice que acuerdo entre Gobierno y Farc está muy cerca.

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18 de enero 2015 , 11:56 p.m.

Usted es un general con el que se puede hablar de guerra y de paz. ¿Qué opina de la orden del Presidente de empezar ya la discusión del cese del fuego bilateral?

La orden del Presidente no debería haber tomado por sorpresa a nadie, pues la subcomisión encabezada de parte nuestra por el general Flórez, con el objeto de preparar ese tema, se instaló en el mes de octubre. O sea que lleva avanzando 4 meses. Y el propio ‘Pastor Alape’, que encabeza la de las Farc, también ha anunciado que la de ellos está lista. Es apenas una cuestión de empalme.

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Le repito la pregunta. ¿Le gustó el anuncio del Presidente?

En últimas, los militares tendremos que cumplir lo que la autoridad civil decida, pero esa autoridad civil está sometida a un árbitro muy fuerte en Colombia que se llama la opinión pública.

(Lea también: Estos son los pasos para llegar a un cese del fuego definitivo)

¿Cómo sería ese cronograma?

El anuncio del Presidente no se refiere a efectos inmediatos, que es como se dio a entender a la opinión esta semana. Según mi cronograma, las dos subcomisiones empalmarán en febrero, y calculo que si comienzan a trabajar, el cese bilateral del fuego podrá estar acordado para junio o julio. A eso le faltaría la mecánica del cese del fuego, que se tomará uno o dos meses más, julio y agosto, y ya para el mes de septiembre, cuando el Gobierno anuncie que tiene listo el acuerdo de paz para consultárselo a la opinión a través del referendo, en ese momento ya debe estar listo todo lo que implica aplicar el cese bilateral del fuego.

Durante su época como comandante general de las Fuerzas Militares, ¿vivió una experiencia semejante?

Sí. Tuve la experiencia del M-19, y la de Flor del Monte con el Eln, cuando se desmovilizó León Valencia. En ambos casos fue posible el cese bilateral del fuego.

¿El cese bilateral es para antes, durante o después del acuerdo de paz?

Como el Gobierno está presionado para que el referendo avalatorio del acuerdo se celebre al tiempo con las elecciones de octubre, seguramente va a haber un acuerdo formal del cese bilateral antes de eso, pero no puede ser para aplicarlo antes de que los colombianos avalen el acuerdo con las Farc.

¿Cuáles son las condiciones obligatorias para aplicar ese cese del fuego bilateral?

Tiene dos condiciones sine qua non. Una, concentración de las fuerzas de las Farc. No utilizo el término zonas de distensión, porque este es un país de miedos subjetivos y con unos traumas escogidos, uno de ellos el de la zona de distensión, por la experiencia del Caguán. Entonces, llamémoslas zonas de concentración.

¿Cuántas zonas de concentración serán, de acuerdo con la influencia territorial de las Farc?

He calculado que unas diez zonas de concentración o un poco más, porque las Farc son una fuerza grande. La segunda condición de ese cese bilateral es que tiene que haber una entrega de armas.

Habla de entrega de armas. Pero las Farc insisten en hablar de desmovilización con la posibilidad de una entrega de armas que no sea al Estado colombiano…

Si el Gobierno no recibe las armas, no puede firmar un acuerdo de cese del fuego bilateral. La entelequia de la desmovilización sin dejación de armas la aprendieron del Ira, que ha sido asesora de las Farc. Pero no podemos ser tan bobos de dejarnos meter eso. El Ira era un movimiento reducido a un barrio de un pueblo en Irlanda, mientras las Farc son un movimiento que hace presencia en más de 1 millón de kilómetros cuadrados. Entonces, no se entiende la dejación de armas sin su entrega.

¿Quién debe hacer la verificación de ese acuerdo?

Estoy oyendo de mucha ONU, de mucho Unasur, de traer gente de afuera para eso, y me preocupa. No me gustan esas posibilidades. Los dos ejes centrales del proceso, que son la verificación del cese bilateral y la refrendación del proceso, deben ser hechos por colombianos, y no traer comisiones extranjeras. Eso póngamelo muy claro. Y concretamente para la verificación, el Gobierno tendrá que conformar una gran comisión integrada por el Gobierno, la Fuerza Pública, la izquierda, la derecha, la guerrilla, la sociedad civil, que a su vez coordine las subcomisiones territoriales verificadoras, de no más de diez miembros por región.

Usted tuvo que soportar una modalidad de verificación en el año 82, en el gobierno de Belisario, cuando era comandante del Batallón Nueva Granada, en Barrancabermeja.

Se me metían a los batallones diciendo que tenían información de que yo tenía calabozos y que incendiaba bosques. Me tocó sacar a los verificadores del batallón. Hoy son todos amigos míos. Pero ni el cese del fuego ni la verificación serán posibles sin medidas de confianza, que nadie puede generar mejor que los generales de nuestro Ejército, porque tienen autoridad y credibilidad. Puede que en La Habana eso ya se esté dando y que allá estén muy confiados. Pero abajo no. Abajo, un comandante de frente no se va a hablar con un comandante de batallón.

¿Qué entiende por medidas de confianza?

Le voy a contar dos anécdotas. Cuando estaba concentrado el M-19, a través del doctor Pardo Rueda y de otros negociadores, yo mandaba mensajes. Un día se me extravió un camión cargado de víveres para abastecer un batallón del Cauca. Oh milagro, el M-19 me devolvió el camión. El segundo caso fue el de unos soldados de Tacueyó que se evadieron y se fueron con su armamento para Santo Domingo, la zona de concentración del M-19. A través de Pardo mandé mi protesta y les dije que hasta ahí llegaba yo, si se me empezaban a volar los soldados y ellos los recibían. A los 3 días, Pardo regresó a mi batallón y me dijo: ‘Ahí le manda Pizarro sus armas, sus fusiles, sus uniformes. Que no le manda sus soldados, porque él no es policía’. (Risas). Aceptable para mí, y sencillamente declaré a los soldados desertores. Eso se llama medidas de confianza.

Antes me dijo que, indudablemente, no puede haber un cese del fuego bilateral sin que coincida con el pacto de desmovilización y con el acuerdo político.

En mi cronograma, luego de llegar a un acuerdo sobre el cese del fuego, que lo calculo para junio o julio, tiene que haber un período mínimo de dos meses para discutir la mecánica, cosa que nunca les importa a los colombianos cuando esa es la realidad. Firmar es una cosa. La mecánica es otra. Es cómo vamos a hacer el cese bilateral. Cuáles serán las zonas de concentración. Sus requisitos siempre han sido los mismos, desde el imperio babilónico, cuando Nabucodonosor encerró a los judíos. Primero: que no estén en zonas estratégicas del territorio, ni en zonas fronterizas, ni en zonas de alta producción industrial o agrícola, ni obstruyendo municipios o carreteras estratégicas.

Insisto, ¿cuándo se puede concretar el cese bilateral del fuego?

Una vez que la mecánica esté convenida, ya el acuerdo final estará muy cerca. Las tres cosas –la puesta en práctica del cese bilateral, la firma del acuerdo de paz y el referendo– coinciden en algún momento de mi cronograma, aunque vayan por caminos distintos.

¿Qué tanto se le puede pedir al Ejército, desde el punto de vista constitucional, que renuncie al uso del monopolio legítimo de las armas?

No puede renunciar. Pero si las Farc estarán concentradas y han entregado las armas, habrán dejado de ser objetivo militar.

¿Es posible una concentración de las Farc aún armadas?

Si están concentradas y vigiladas por nosotros, no habría problema. Que nos garanticen que no van a estar por ahí merodeando con las armas.

¿De qué van a vivir los frentes cuando estén concentrados?

Pues hay que evitar que sea de la extorsión, que es uno de los problemas más graves que tiene hoy Colombia. Hay que salir a las carreteras, parar en las tiendas, para saber de su magnitud. Conozco restaurantes del frente tal o tal, de acuerdo con el eje de la carretera. Por ejemplo, la carretera de Bogotá a Girardot está copada por el frente 43, y usted no los ve. Fui a la feria ganadera. Y hay que hablar con los ganaderos del Huila o del Caquetá para saber que, vaca o toro que un tipo venda, ellos se enteran, porque tienen acceso a la base de datos. Todo ganadero, camionero o bus está pagando. Hasta la ultima carretilla que vende verduras paga.

Entonces, ¿cómo se va a manejar ese tema?

Si se concentran, el Gobierno ya debe tener un plan logístico para mantener y cuidar a esa gente y la plata para hacerlo. El cálculo comienza por saber cuánto vale un guerrillero al día, al mes, a los tres meses con comida, carpa, cambuche, campamento. ¿Cuántos guerrilleros tienen las Farc? Que ‘Iván Márquez’ pase la lista: tantos. Por eso le repito que la concentración y la entrega de armas son condiciones indispensable para un proceso de paz exitoso. Lo que sí echo de menos es que las autoridades territoriales de Colombia no están comprometidas con el proceso.

¿Cómo así que no?

Gobernadores y alcaldes no están comprometidos con el proceso y lo digo porque lo noto; tengo contacto con las provincias. No oigo en los departamentos un llamado hacia el proceso de paz. El Gobierno todavía tiene tiempo de reunir a esos mandatarios y pedirles o exigirles que se comprometan un poco más. El proceso de paz está en la cúpula de la nación, no ha bajado, y el Gobierno tiene que hacerlo bajar. Para eso tiene que comprometer a las autoridades regionales y al liderazgo empresarial, político, etc. Esa es la clave del éxito.

Usted habla de los militares como si todos estuvieran de acuerdo. Tienen que obedecerle al Presidente. ¿Pero qué es lo que realmente piensan o sienten allá adentro?

No se lo puedo decir, porque yo hablo solo en mi propio nombre, basado en mi experiencia, en lo que yo haría. Pero en la medida en que el proceso de paz se haga como le estoy relatando, no va a tener problemas con la Fuerza Pública. Siempre y cuando se haga con concentración, con entrega de armas (no changones, que fue lo que entregaron los paramilitares).

¿Y con justicia?

De justicia transicional no le hablo, porque ese no es nuestro tema; ni yo mismo entiendo qué es eso. Pero ya el Gobierno debe tener un plan para poner a trabajar a los guerrilleros rasos, mientras que los responsables de crímenes de guerra y lesa humanidad deben someterse a la Ley de acuerdo con lo que se convenga en las conversaciones, lo que el Gobierno decida hacer con ellos. Lo que sí hay que pedirle al Gobierno es que le ponga mucha atención al fenómeno de la extorsión, que se está extendiendo como otro chikunguña por todo el territorio nacional.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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