'Metástasis' bad / El otro lado

'Metástasis' bad / El otro lado

Es una serie extraña desde el nombre, la adaptación, su producción y su televidencia.

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18 de enero 2015 , 04:39 p.m.

El nombre. En el mundo se llama Breaking Bad (volverse malo). En Colombia y para latinos made in USA le dicen Metástasis (la reproducción o extensión de una enfermedad o de un tumor a otra parte del cuerpo): una cosa es afectar a los demás; otra, sufrir en el cuerpo de uno. Y peor, la metástasis se relaciona con sufrimiento y dolor familiar de cáncer. El nombre ni atrae ni relata la historia.

El fenómeno. Breaking Bad es una de las series más exitosas del mundo. Serie de culto. Su protagonista fue elevado al mejor actor del mundo.

Sus fans llegaron a enterrarlo en un cementerio real. Se vio por un público que se cree inteligente, está lleno de referencias pop y acepta los personajes ambiguos en su psicología, molestos en su moral y sin amor.

Esta serie o cualquiera otra de culto como Los Sopranos, The Wire, Lost, The Walking Dead, House of Cards, Game of Thrones, Mad Men… si las ponen en pantalla nacional (Caracol o RCN o Canal Uno o Señal o City) tendrían un bajo rating.

Para ver estas series se requiere cultura de mundo y un tipo de televidencia más concentrada y elaborada.

La copia. No hubo adaptación, todo busca ser calco: planos, situaciones, diálogos. Y se nota el esfuerzo de la copia; todo está bien, pero es pobre comparado con el original.

Realmente, uno sufre viendo que los actores buscan imitar a los originales y se quedan en mofa; que los directores buscan calcar planos y les salen baratos. Duele ver el calco.

Y las pocas colombianadas son de lo peor: en la original, los tiempos son importantes y largos; aquí los acortan, con lo cual las situaciones no se sienten; los actores no cambian de actitud gestual ni psicológica cuando, en el original, cada plano es un mensaje.

Y la música no imita sino que pervierte. Para el 1 por ciento que en Colombia vio la original, este calco le parece que es la peor ofensa del mundo y daña hasta los ojos.

Los televidentes. Pero como el público del común, el que da el rating, no sabe nada del original, entonces, todo bien.

Y tal vez de lo poco que se adaptó fue que el personaje principal en el original es enervante y aquí se convierte en narquito: todo le sale bien, hasta el mal.

Hay mucha violencia. Hay efectos especiales. Y drogas. Y muertes. Y explosiones. Parece otra más de las narcoseries.

Reflexión. Pero tal vez no basta con hacerla narco; de verdad, el personaje principal y los otros son muy difíciles de asimilar y seguir: no tienen moral, su ambigüedad ética es sorprendente; su perversión, alarmante; la maldad, de otro mundo.

Para un televidente del común no hay identificación ni reconocimiento.

Final. Todos (libretistas, actores, realizadores, menos los músicos) hicieron su mejor esfuerzo por copiar el original, y el producto no es tan malo. Uno sabe que lo intentaron. Pero el esfuerzo es inútil.

El error inicial es que no hubo adaptación a nuestros modos de hacer, ver y sentir televisión. El calco frío se nota, el reconocimiento cultural no llega.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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