El padre holandés que vela por las personas y las plantas

El padre holandés que vela por las personas y las plantas

Además de su servicio a la comunidad barranquillera, también se dedica a su jardín y vivero caseros.

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18 de enero 2015 , 01:43 p. m.

En la lista de seres que más ama Cyrillus Swinne, conocido popularmente en Barranquilla como el Padre Cirilo, está en primer lugar la gente pobre del sector suroccidente, donde siempre ha trabajado; y en segundo lugar las plantas.

Pocas personas saben que este holandés de 69 años, quien hasta el momento ha ofrecido más de la mitad de su vida al servicio de los barranquilleros necesitados, es también un amante y estudioso de la naturaleza.

Solo sus amigos y allegados saben que en su casa, ubicada en el barrio La Paz, en el suroccidente de la ciudad, hay un jardín y un vivero lleno de plantas frutales y florales de todo tipo, los cuales ocupan un 30 por ciento del espacio en el que se maneja el sacerdote.

En esos espacios pasa sus ratos libres, en compañía de dos jardineros que le ayudan en sus proyectos ‘verdes’, muchos de los cuales han florecido y encantado a quienes tienen la oportunidad de verlos.

“Mi pasión por las plantas y su cuidado nació cuando era un niño y vivía en mi pueblo llamado Flandes (Holanda). Allí acompañaba a mi padre en largas caminatas por los campos, los cuales según la época estaban llenos de flores, frutas, hojas secas o troncos deshojados. Me encantaban los paisajes y los olores que percibía”, explica el cura con mirada de hipnotizado.
El amor por las plantas continuó creciendo por tres razones más. Una de ellas fue que su padre, quien era artesano, trabajaba mucho con la madera que producía un árbol llamado populus, con la que elaboraba zuecos. Esa madera tenía que buscarla Cirilo en los aserraderos.

Los patios de las casas fueron otro motivante para su pasión, porque eran grandes y había todo tipo de sembrados, eso lo entretenía.

Los paseos por senderos y ver las florecitas de las plantas de lino también lo engancharon en este pasatiempo.

Cuando llegó a Colombia en 1977, y empezó su misión humana, notó que los barranquilleros tenían la mala costumbre de no prestarle atención al medio ambiente. Entonces empezó a sembrar plantas y árboles, para enseñarle a la gente que sí se podía tener conciencia con la naturaleza, lo cual trae buenos resultados. “Este pasatiempo es muy bonito y relaja a quien lo práctica. Hace olvidar los problemas... Durante años he visto que las plantas son como los seres humanos”, puntualiza, mientras se acomoda en una silla. “Si a un árbol o planta le hablas y lo analizas, verás que este de alguna forma te dirá qué necesita para ser mejor, para florecer o dar frutos. Lo mismo sucede con las personas, hay que preguntarles qué necesitan para que estén bien y hagan el bien”, asegura.

El padre se preocupa mucho por todas sus hijas (las plantas), sabe en qué momento florecerán, qué necesitan, la cantidad de sol que les debe incidir, el tipo de abono y sustancias que se les debe aplicar, entre otras cosas que ha aprendido entre los libros, la Internet y las conversaciones con personas que cultivan su misma pasión.

Se ríe cuando le consultan cuántas especies de plantas y árboles tiene en su casa, pues perdió la cuenta hace muchos años, además que semanalmente le regalan dos o tres nuevas. Por esa situación le ha pedido a sus colaboradores que clasifiquen las que están en su ‘edén’ para conocer con qué cuenta y así llevar un registro de los cambios que estas van presentando.

Una de las plantas más exóticas que cuida el religioso, con recelo, es una flor de loto que tiene en un tanque de asbesto. Esta florece en las noches y en la mañanas cierra su capullo.

Mientras el sacerdote camina entre su jardín o por el vivero, siempre hay una sonrisa en su rostro, pareciera que las saludara con un buen semblante. Las acaricia, se les queda viendo, se enamora...

No pide que los barranquilleros sean como él, pero sí desea que dejen de estar talando árboles para ‘sembrar’ edificios.

DANIEL ESCORCIA
Barranquilla.

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