'Llevo meses sintiendo dolor todos los días'

'Llevo meses sintiendo dolor todos los días'

Ángela Chavarriaga tuvo que usar un inmovilizador de cuello para calmar el dolor que la atormenta.

16 de enero 2015 , 09:21 p.m.

Ha pasado un año y medio desde que Ángela Chavarriaga, una médica de 50 años, despertó con un intenso dolor en el cuello, que, desde entonces, no deja de atormentarla.

Empezó como una molestia que iba y venía. Chavarriaga evitaba moverse muy rápido para no sentir el tirón en cuello. “Un día me percaté frente al espejo de que tenía los hombros levantados y pensé que si mejoraba la postura y hacía un poco de ejercicio volvería a estar bien”, cuenta.

El intento fue fallido. Ni el ejercicio, ni los relajantes musculares, ni los analgésicos, ni las terapias, ni el cambio de almohada o el colchón funcionaron.

Pasaron cuatro meses y el dolor no cesaba, por el contrario, a veces, se tornaba más largo y permanente. “Durante los últimos meses –recuerda– no he tenido un solo día libre de dolor y con eso también empecé a tener importantes limitaciones funcionales para leer, conducir o trabajar”.

Hasta las noches se perturbaron porque no podía dormir. Durante esas horas nocturnas no dejaba de pensar en cómo atenuar el problema.

“Hice ajustes en mi vida. Dejé de usar chaquetas pesadas, no cargo paquetes ni bolso, no hago fuerza, me siento de forma en que no tenga que mover la cabeza y trato de tener los brazos más libres y livianos. También dejé de hablar de mi dolor para que no me vieran como una persona quejumbrosa”, dice.

El miedo, a medida que pasa el tiempo y el dolor no desaparece, la hace pensar que un día va a quedar completamente inmóvil. De hecho, recientemente ha tenido tres episodios de bloqueo en el movimiento.

Por eso, a pesar de que como médica sabe que es contraproducente, decidió usar por cuenta propia un inmovilizador de cuello, que se convirtió en una herramienta para mantener la postura.

Hoy –confiesa– su genio ha cambiado y, sin necesidad de decirlo, todos en su casa saben cuándo tiene dolor. Lo último que ha intentado es la medicina alternativa, los bloqueos, la terapia neural y está pensando en recibir apoyo emocional.
“Es triste sentir que se pierden habilidades, que aparecen las limitaciones y no pasa el dolor, que se me convirtió en el límite entre la vida normal y la enfermedad”, concluye Chavarriaga. 

ESTILO DE VIDA

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