Emociones urbanas

Ahora buena parte de los ciudadanos tienen miedo es de Petro y ruegan para que termine su periodo.

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16 de enero 2015 , 08:14 p. m.

Las ciudades ya no son solo vistas desde condiciones materiales, sino que aspectos más subjetivos, que apuntan a niveles de emotividad, como los miedos, las esperanzas o las escalas de felicidad, empiezan a dominar. Cómo la gente responde a tantos objetos en oferta, como la moda, la belleza, el consumo o los seguros ante la incertidumbre, está en el centro de las preocupaciones.

Estadísticas sobre la felicidad, como las que acaba de publicar Happy Planet Index, en las que Costa Rica, Vietnam y Colombia son los países más felices del universo, mientras que las naciones desarrolladas, como Estados Unidos y Alemania, están en la parte baja de la escala, dejan ver al menos que se trata de un cruel optimismo. Estas mediciones de emotividad parecen seguir un ritmo en el año y, mientras enero corresponde a un mes de esperanzas, los meses finales serían más bien de temores, en la economía, de posibles accidentes o aumento de criminalidad. Que en enero ocurran crímenes atroces contra la libertad de expresión y por radicalidad religiosa en Francia es algo aún más bestial, pues es como no pasar el año y los malos recuerdos.

El miedo ha sido una de las sensaciones humanas más puestas en la escena moderna y se ha llegado a demostrar que existen vínculos profundos entre el miedo y la política y que en ciertos momentos el pueblo se decide por un gobernante que le pueda quitar o aliviar los temores, como ocurrió en EE. UU. con el gobierno de Bush contra el islamismo fanático, en Colombia con Uribe contra las Farc, o en Bogotá con Petro ante la corrupción. Pero en este último ha ocurrido lo contrario, y ahora buena parte de los ciudadanos tienen miedo es de Petro y ruegan para que termine su periodo. Somos presas de sentimientos cambiantes.

En lo individual podemos tener temores a ser gordos o feos o a vivir en una zona urbana porque es peligrosa o, más diciente aún, porque se habita en un estrato inferior al que se cree merecer. Esos temores dañan el bienestar y reducen las esperanzas, y así, miedo y felicidad van juntos y afectan al colectivo. Así que esta tendencia a comprender la urbe desde lo emotivo es importante, por captar hechos que estaban por fuera de los análisis rigurosos, pero también es cierto que permiten alto grado de manipulación. Informarnos que somos felices es bonito, gracias, pero también chistoso.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com 

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