Se seca el lago salado más grande de Oriente Próximo

Se seca el lago salado más grande de Oriente Próximo

El lago Orumie, considerado milagroso, tiene hoy solo el cinco por ciento de su capacidad.

notitle
16 de enero 2015 , 06:27 p. m.

Los hoteles y albergues que durante años recibían a millones de turistas están abandonados, al igual que decenas de embarcaciones que envejecen sobre lo que no hace mucho tiempo eran las playas del lago Orumie.

La belleza de esta región del norte de Irán y la creencia de que estas aguas saladas tenían poderes medicinales llevaban a muchos iraníes a organizar sus vacaciones en las cercanías de este lago salado de 5.200 kilómetros cuadrados, el más grande de este tipo en Oriente Próximo y sexto del mundo.

“Hasta hace no muchos años teníamos un hostal frente a la playa y mi hijo tenía un bote en el que llevaba a los turistas a pasear, pero perdimos todo cuando el lago se secó”, cuenta Handalá, de 89 años, que hoy sobrevive de los subsidios que le da el Gobierno y lo que produce su parcela. “Entonces la vida era buena con nosotros”, dice.

Este escenario tenebroso, en el que miles de kilómetros han quedado sin agua, es relativamente nuevo. Hace solo 18 años los habitantes habían empezado a construir paredes en algunos sectores para detener el avance del lago, que no dejaba de expandirse. Sin embargo, de repente, la dinámica empezó a cambiar y las aguas comenzaron a retroceder gradualmente hasta que hace cinco años quedó prácticamente secó.

Los vecinos del lago estaban acostumbrados a recibir turistas de todas partes del mundo. Ahora, los hostales permanecen solos.

Actualmente sólo alberga el cinco por ciento de su capacidad y, según la Unesco, podría llegar a desaparecer con consecuencias aún más catastróficas que las actuales.

Toda esta zona del país podría convertirse en un desierto salado que provocaría el desplazamiento de millones de personas que se quedarían sin tierras para cultivar y que no tendrían otra opción que refugiarse en las grandes urbes.

Atrás quedaron los tiempos en que los iraníes destacaban la belleza natural de este lugar, totalmente opuesto a las regiones desérticas del interior del país.

“Ahora estamos en una estrategia de choque. Tratando de que llegue agua suficiente para que las aguas subterráneas no se sequen. Así tendremos un equilibrio entre el agua que llega y la evaporación”, asegura Omid Bonabi, experto de la Organización de Protección ambiental –encargado de los proyectos de recuperación del lago–, quien agrega que el Gobierno está poniendo en marcha diferentes alternativas para salvarlo.

Pero no es una tarea fácil. Aunque es el más notorio, Orumie no es el único lago ni río que se ha secado en el país. Tanto que los expertos temen que Teherán, la capital, y otras grandes ciudades, podrían sufrir cortes de aguas en un futuro si no se encuentra una solución a este problema.

La situación es tan crítica que el presidente Hassan Rohani ha dicho que el problema del agua es un asunto de seguridad nacional. Pero al mismo tiempo, desde algunos sectores del Gobierno se reconoce que la capacidad para resolver estos problemas es bastante limitada, como consecuencia de las sanciones económicas que pesan sobre el país debido al programa nuclear que, según Irán argumenta, tiene fines pacíficos.

Lo paradójico es que esta crisis se da en un país que se vanagloriaba de tener una de las reservas hidráulicas más grandes de la zona, hasta el punto de que la población utilizaba este recurso sin ningún reparo y para casi todo.

Y aunque en la actualidad llevan a cabo campañas para concientizar a la población sobre el consumo, falta todavía mucho por hacer. En especial en esta región del norte de Irán, donde la agricultura se ha triplicado en los últimos años a pesar de las dificultades ambientales.

“Ya ni siquiera podemos usar el agua subterránea del lago. Está llena de minerales”, dice Aziz, que tiene una plantación de uvas en la cercanía del lago. Este hombre cuenta que por años explotaron el agua subterránea y el agua de los ríos para sus necesidades agrícolas. Más tarde, el Gobierno decidió construir una serie de embalses, que es donde actualmente se provee agua a estos campesinos. Pero ellos se quejan de que solo abren los canales tres veces a la semana.

Voces críticas señalan que estos embalses, construidos en su mayor parte por el poderoso sector militar del régimen conocido como Guardias Revolucionarios, son uno de los grandes responsables de la sequía. “Si los abriéramos, hoy el lago no se llenaría ni siquiera un 10 por ciento”, dice Bonabi.

Según los estudios, se necesitan 3,1 billones de metros cúbicos para que el lago recupere su normalidad. Pero los expertos aseguran que será una misión imposible mientras continúe el desbalance entre el consumo económico y humano, y el agua que se necesita para restaurarlo.

Hasta hace poco, los habitantes debían buscar la forma de detener su agua. Pero esa situación cambió.

“Se han dado muchos factores para llegar a esta situación. Uno de ellos es el cambio climático. Ahora cae menos nieve, llueve menos que antes y hace más calor, lo que causa una mayor evaporación. Pero también hay que tener en cuenta el mal manejo de los recursos”, explica Bonabi, mientras camina por un gran muelle de madera que no hace mucho servía para parquear los grandes botes y que hoy parece el esqueleto de un gran dinosaurio que se levanta sobre tierras manchadas por la sal.

Hasta hace pocos años, los cruceros que ofrecían viajes hasta las diferentes islas pobladas por miles de flamencos, pelícanos y aquellos venados amarillos típicos de esta parte de la antigua Persia eran una de las principales atracciones de muchos iraníes.

Hoy, estas islas están incomunicadas, los flamencos se han ido y los venados reciben agua gracias a una compleja red de tuberías y a un grupo de ingenieros forestales que les hacen seguimiento cada cierto tiempo.

Las causas

Los ambientalistas señalan que ha habido múltiples decisiones erradas que han llevado a la situación de hoy. La primera de ellas fue la construcción de un puente que separa el lago a lo ancho, que alcanza 50 kilómetros. A estas alturas, grandes embarcaciones han quedado clavadas en medio de estos suelos blancos, haciendo la situación aún más dramática. Y montañas de sal se acumulan para su venta, así el Gobierno asegure que la está regulando.

“En verano sentimos que nuestros rostros arden por la mezcla de la sal, el viento y el sol”, dice Hussein, un campesino de 46 años que asegura que todavía los árboles y el resto de cosechas no tienen mayores problemas como consecuencia de la brisa que llega de Turquía. Pero esto puede cambiar en cualquier momento, como ya ha pasado en otras zonas cercanas al lago, que se han secado. Entonces vendría una catástrofe mayor.

“Es difícil. Yo no sé si lo vuelva a ver alguna vez lleno. Esos fueron tiempos pasados”, dice Mazoumeh, que tiene un sembrado de árboles frutales en la región occidental del lago. Y es que el dolor que causa la pérdida de este ecosistema es tal, que intelectuales y poetas han creado campañas para salvar lo que ellos consideran un patrimonio nacional.

Este lago, al fin y al cabo, ha sido parte primordial de la historia milenaria de los persas. Por eso, muchos temen que su desaparición traiga una profunda crisis social que podría desencadenar una gran ola de protestas.

CATALINA GÓMEZ ÁNGEL
Orumie (Irán)
Especial para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.