Crónica de la corrupción

Crónica de la corrupción

Análisis de 'Metáfora de ambición y deseo', una mirada a la lucha contra la corrupción en Colombia.

16 de enero 2015 , 05:10 p.m.

La Universidad de los Andes, dentro de su colección Séneca, editó a finales del año pasado, el libro Corrupción - Metáfora de ambición y deseo- del profesor de su facultad de Economía, el premiado historiador Hermes Tovar Pinzón, quien se destaca por ser uno de los conspicuos investigadores en archivos propios y ajenos, sobre temas y períodos diversos de la historia de Colombia y de América Latina, que casi siempre desembocan en memoriales de agravios contra la injusticia, la desigualdad, la violencia y, en contra, de sus propiciadores.

Este libro no es ajeno a esta temática y habría que añadir que fue escrito con mucha rabia y coraje, como cree él “deberían hacerlo otros escritores para denunciar todos los abusos de los poderosos, nuestro peor desastre”.

El tema, la corrupción, no podía ser menos relevante en esta época en que los medios de comunicación a diario nos informan, con lujo de detalles, sobre este mal que ataca como un monstruo de tentáculos sin fin las arcas municipales, departamentales y nacionales.

La gracia de estas trescientas páginas es la de exponer casos de corrupción del presente (con extractos de sentencia no publicados de la Corte Suprema de Justicia) ligándolos con hechos similares ocurridos desde hace cuatro siglos. La idea no es la de concluir que, como no se trata de una novedad: -durante toda nuestra historia los dirigentes, los poderosos, los privilegiados, han sido venales, se han aprovechado de sus cargos para sacar ventaja y para “pelechar” del Estado, con la mayor impunidad-, se deba admitir que siga ocurriendo este saqueo a las finanzas públicas y que para tapar estos robos se recurra a todo tipo de actividades criminales, sin que haya castigo.

Y más. Que las conductas ilícitas para obtener una beca, un puesto, un préstamo, una pensión, atención médica, se sigan permitiendo como se permiten las coimas y porcentajes en los contratos de obras públicas.

“La corrupción en el ejercicio de la función pública, en cuyo ámbito el cohecho ocupa un lugar destacado, constituye una de los problemas más serios que deben enfrentar las democracias modernas, dada su capacidad desestabilizadora tan grave como el terrorismo, el narcotráfico o la pobreza…”

Esta cita, de las Naciones Unidas, es la brújula que guía todo el trabajo del historiador Hermes Tovar, que no es lineal porque se pasea por la conquista, la colonia, la independencia, la república y nuestra época sin reparo. Va y viene. No desaprovecha dato o historia para de inmediato hacer link con la actualidad. Su prontuario contra la corrupción, el asesinato y el robo que se ha vivido en esta tierra se remonta a la llegada de los españoles, fecha en la que arranca su investigación, documentada renglón por renglón.

Los conquistadores y fundadores de las primeras ciudades no solo fueron enjuiciados por los crímenes cometidos, el primer etnocidio del que se tiene certeza, sino por los robos a los recursos públicos. Y ahí está el hecho histórico que respalda su afirmación: “En 1526, Rodrigo de Bastidas, fundador de Santa Marta, se roba el oro traído de los rescates…, motivo por el cual sus capitanes Pedro de Villafuerte y Pedro de Porras, determinaron matarlo en su cama y le dieron de puñaladas. Al día siguiente regresaron a rematarlo pues había quedado vivo, pero sus amigos lo enviaron a la isla de Santo Domingo, en donde murió a causa de las heridas recibidas.”

En este ‘revivamos nuestra historia’ abundan los actos de corrupción castigados por mano de los propios españoles, camaradas de viaje, que desconfiaban de la justicia del reino de España o que querían celeridad y actuaban por su cuenta y riesgo. El autor encontró suficientes evidencias en el Archivo Nacional y nos relata casos similares al que hizo el “noble” Don Rodrigo de Bastidas.

Durante la Colonia, afirma el historiador, la venalidad fue reina y señora. Se robaba y sobornaba a las autoridades aduaneras, a los funcionarios públicos, a los representantes de la Iglesia, a los de la Corona y hasta a las universidades llegaron los corruptos. “En 1618, Felipe III ordenó castigar a quienes tenían el vicio de sobornar electores de catedráticos universitarios. Estos sujetos cometen cohecho al dar y recibir cosas de comer o beber en mucha o poca cantidad, influyendo en la libertad que debían tener los votantes.”

En el siglo XIX las guerras civiles, más que intereses políticos persiguieron fines burocráticos, asegura Tovar y sin detenerse demasiado en el asunto salta al siglo XXI para referirse a la sentencia de la Corte Suprema contra la ex congresista Yidis Medina, en un episodio harto conocido y reconocido por la opinión pública informada, pero que aporta, en este trabajo, la letra menuda de un fallo que no deja de sorprender porque el cohecho resulto ser delito de una sola persona.

La lectura de este libro indigna, sorprende, ilustra, pero, sobre todo, se presencia cómo el historiador desnuda el fenómeno de la corrupción al diseccionarlo sin asco. Asco, más bien, el que nos producen todos los días los relatos de nuevos carteles o asociaciones con el único fin de robar, lo que nos hace repudiar a sus ejecutores y a un aparato judicial que, casi nunca, no es que cojee sino que ni siquiera anda, y que por esta causa se multiplican los saqueadores.

La metáfora de ambición y deseo, para nombrar a la corrupción, que ha habitado este país desde hace 500 años, presentada con suficiente ilustración por Hermes Tovar Pinzón, vale la pena leerse y reelerse y tendría que ser lectura obligatoria en colegios y universidades, en estas épocas de cambios profundos en la educación.​

Myriam Bautista

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