En el mundo del arte

En el mundo del arte

Gracias a su tradicional galería en Bogotá, Alonso Garcés sabe de lo que habla.

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16 de enero 2015 , 12:14 a.m.

PERSONAJE

El arte ha sido su mundo. Cuando abrió los ojos en Jericó, población enclavada en las montañas de Antioquia, tenía arte y literatura al alcance de su mano. Rodeado de tías que bordaban, pintaban y se turnaban para leer en voz alta obras de Balzac, Moliere, Tolstoi, Alonso Garcés recuerda que al llegar del colegio y antes de hacer las tareas, su misión era ir a la librería del pueblo, que prestaba libros, a devolver los que sus tías ya habían leído y a recoger los que habían encargado. La tía pintora, para familiarizarlo con el arte, le prestaba el pincel para que le ayudara a darle color a la obra que tenía en el caballete.

Con esos antecedentes, cuando Garcés vino a establecerse en Bogotá, su primer interés fue tener una galería. Con un amigo pintor, Manolo Vellojín, fundó la Galería Belarca. –Nos fue muy bien. Nuestros primeros compradores eran judíos. Les gusta vivir rodeados de arte. Lo compran por inversión: las obras se valorizan– opina. Recuerda que en Bogotá existía la galería de Casimiro Eiger y que Hans y Lilly Ungar tenían una en la Librería Central. –Años después Rita Restrepo de Agudelo abrió la Galería San Diego. Fue pionera en exhibir arte latinoamericano entonces difícil de ubicar y ofrecer. Pero se arriesgó y trajo importantes artistas Fue una época esplendorosa– dice.

En 1976 Garcés deja la Galería Belarca y con Aseneth Velázquez, que había trabajado con la crítica Marta Traba en la Galería Contemporánea, fundan la Garcés Velásquez. –Compramos una vieja iglesia que perteneció a una sociedad teosófica y con el arquitecto Jack Mosseri la remodelamos. La inauguramos con una exposición de Negret. Luego otros expusieron en Belarca–. Después de la muerte de su socia Azeneth Velásquez, Garcés quedó como dueño de la galería que lleva su nombre. Su ritmo de trabajo son 6 exposiciones al año. Vive pendiente del movido mundo del arte. En Bogotá el top es la apertura anual de ArtBo, feria creada hace 10 años por la Cámara de Comercio de Bogotá en la que participan galerías nacionales y extranjeras que exponen lo mejor y lo último en arte moderno, como lo comprueba la cantidad de gente que asiste. Para quienes no pueden asistir no hay información sobre el arte que se exhibe. –Es lamentable esa falla. En vista de que los medios poco espacio le conceden al arte, una feria tan importante como ArtBo debería comprar páginas para informar sobre los artistas que se exponen. En Madrid durante las ferias de arte los periódicos dedican páginas y páginas a artistas nacionales y extranjeros pues saben que la información es vital. Las ferias de arte son para vender arte. El refrán dice: anunciar es vender.

Para Garcés otra falla grave en relación con el arte es la ausencia de críticos. –¿Cómo se explica que al cabo de tantos años aún se sienta el vacío de Marta Traba? Cometió equivocaciones, pero fueron más sus aciertos. Sacrificó a importantes artistas, que nunca la perdonaron, pero los sacrificó para enseñarnos a ver arte nuevo: Obregón, Ramírez Villamizar, Wideman, etc. Marta nos abrió los ojos. Sus programas en la TV eran una maravilla. Después de casi tres décadas existe ese vacío. Eduardo Serrano habría podido llenarlo, pero se dedicó a escribir y a investigar. En su artículo en EL TIEMPO con motivo de la muerte de Manuel Hernández, combina su calidad de crítico y de historiador. Lamentable que no haya espacio en los medios para los críticos que se forman en universidades. La crítica es necesaria. Es el puente entre artista y público.

Habitual visitante de museos, Garcés celebra que los domingos haya ingreso libre. –Es maravilloso encontrarse con tanta gente ansiosa de ver y conocer. Por eso me parece inexplicable que el Museo de Arte Precolombino en la Casa del Marqués de San Jorge no abra los domingos. No hay derecho a que por no pagar la nómina esté cerrado en festivos.

Interesado en coleccionismo, Garcés dice que en tiempos de Jaime Michelsen el Banco de Colombia hizo una excelente colección de arte. –La inauguraron con gran pompa en un edificio de 3 pisos remodelado por arquitectos paisas, al lado del Museo Nacional y después nadie la ha visto. Puede causar ampolla lo que voy a decir: la colección del Banco de la República es pobre. No es importante a nivel internacional. En un libro publicado por el Banco, la mitad son obras gráficas que valen 2 mil o 3 mil dólares. No hay derecho. El Banco podría tener la mejor colección de arte de América Latina. Lo que tiene es tan pobre que ni siquiera llena el espacio de los artistas colombianos. Y no tenemos coleccionistas particulares. Los colombianos ricos cuando viajan compran cristal, vajillas, lámparas, pero no compran cuadros. En cambio los ricos de Venezuela son verdaderos coleccionistas. Han adquirido magníficas obras. Es una tradición. El museo Sofía Imber es producto de esa cultura.

Vivir en medio de tanta violencia impacta al artista. –El artista debe transmitir el ambiente que lo rodea–, dice. –En el caso de Beatriz González: de pintar una obra con humor, que hacía reír, pasó a pintar la tragedia. La pinta con colores maravillosos, pero por encima del colorido sobresale la tragedia. “Mi pintura ya no es complaciente. Se me acabó la risa.

No puedo reírme cuando en este país se vive lo que se vive”, dice Beatriz. Algunos dicen que convivir con un cuadro que represente el dolor es difícil. No obstante el dolor implícito en su obra, la gente compra sus cuadros y los cuelga en su casa–, anota Garcés. Y a propósito de Doris Salcedo, con una obra que traspasa las dimensiones del dolor, del sufrimiento, de la violencia, dice Garcés: –Doris está por encima del bien y del mal. En cada una de sus exposiciones, en sus series sobre ‘los desposeídos’, ‘los perseguidos’, es sorprendente cómo se acerca al sufrimiento y a los horrores que vive el país. Sus propuestas son tan importantes que trascienden a nivel internacional.

Conocedor como pocos del arte moderno, pues ha pasado su vida dedicado a promover nuevos talentos, a admirar obras de arte, adquirirlas, exponerlas, venderlas, Alonso Garcés se emociona con todo lo bueno que pasa en Colombia en relación con el arte y se indigna cuando las cosas no funcionan. –No critico, por criticar. Digo verdades que no se pueden ocultar. Si las toman como crítica, pues lo siento. Lo que trato de hacer es ayudar a que las cosas mejoren.

LUCY NIETO DE SAMPER

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