A pesar de la FCC

Los triunfos del ciclismo colombiano se lograron a pesar de la FCC, como lo denunció Nairo Quintana.

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14 de enero 2015 , 08:08 p. m.

El 2014 pudo haber sido quizá el año de mayores triunfos del ciclismo colombiano. Fue la primera vez que se ganó un Giro de Italia, la segunda carrera del mundo por etapas. Pero estos triunfos no se debieron a la Federación Colombiana de Ciclismo (FCC). Más bien se lograron a pesar de ella, como bien lo denunció el propio Nairo Quintana a Yamid Amat.

La causa de la incapacidad de la FCC podría resumirse en una sola: quienes manejan el ciclismo, desde directivos hasta periodistas especializados, lo han visto más como un proyecto personal que como un reto de gestión que consolide definitivamente al país como potencia mundial. En otras palabras, están más preocupados por el control de la torta que por hacerla crecer.

En esas circunstancias, cualquier tipo de cambio o de innovación por gente nueva es agresivamente rechazado. Por eso no han podido resolverse cosas tan simples como el precio de la licencia profesional, que es una de las más caras del mundo, o el cobro de una mensualidad por unos clubes de los que solo “existe el nombre”, como dijo Nairo, para que inscriban a los ciclistas en las competiciones. Si tocan el poder y el bolsillo de los elementos establecidos que sostienen el sistema, no hay el menor chance de cambio.

Más complicado es solucionar los grandes problemas. El dopaje, por ejemplo, es un tema tabú que hace arrugar la cara de los periodistas veteranos, pese a que cualquiera medianamente enterado sabe de su gravedad. Basta ver los datos de potencia logrados por muchos ciclistas en competencias nacionales. Les daría para hacer un top 10 de una gran vuelta en Europa. Pero sospechosamente cuando van a allá, donde hay controles rigurosos, su rendimiento se desploma.

La Vuelta a Colombia es otra terrible muestra de su incapacidad de gestión. Los recorridos, la transmisión, la logística y la organización son los mismos, o peores, que hace tres décadas. No es casual que el Tour de San Luis, en Argentina, una carrera de tan solo ocho ediciones, sea la más importante de Latinoamérica y la Vuelta esté a punto de desaparecer del calendario oficial. Mientras allá corren Nairo y los mejores del mundo, acá más de la mitad del pelotón corre sin cobrar.

Y no pareciera ser un problema de recursos. Coldeportes le gira al equipo nacional, en manos de un italiano, Claudio Corti, tres millones de euros al año sin que haya menor rendición de cuentas.

Gustavo Duncan

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