'El público de cine es impredecible': Dago García

'El público de cine es impredecible': Dago García

En solo tres semanas, su filme 'Uno al año no hace daño' supera el millón de asistentes.

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14 de enero 2015 , 04:37 p.m.

 Cada año, Dago García se alza con el crédito de tener la película más taquillera del cine colombiano; ahora, empieza a batir sus propios récords. Eso ha sucedido con su más reciente producción, Uno al año no hace daño.

La comedia, que se estrenó el 25 de diciembre (hace casi tres semanas), ya acumula un millón 255.000 espectadores y se acerca a su anterior filme más taquillero: El paseo, que entre diciembre del 2010 y enero del 2011 sumó 1’500.000 asistentes.

“Vamos con Uno al año no hace daño 2. La película demuestra que merece una segunda entrega, además, porque hay celebraciones que nos quedaron pendientes”, adelanta Dago en entrevista telefónica con EL TIEMPO.

García, actual vicepresidente de producción y contenidos del canal Caracol, ha estado detrás de películas tan populares como La pena máxima, Te busco, La esquina, In fraganti, Muertos de susto y Mi gente linda, mi gente bella. Durante dos décadas ha dedicado su ingenio al entretenimiento, también en la TV y el teatro.

Bogotano (de raíces boyacenses), de 56 años, coleccionista de salsa y amante del fútbol, conversó acerca de Uno al año no hace daño, que retrata todas las borracheras habituales y las celebraciones de los colombianos, empezando por los bautizos, pasando por las primeras comuniones y los grados, y terminando en el matrimonio.

¿Qué inspira sus películas?

Casi siempre, el principio tiene que ver con un recuerdo propio, algo de la vida familiar o de mis amigos y a partir de ahí se desarrolla el resto. No son películas autobiográficas, pero sí parten de mis recuerdos. Esta, en particular, nace de las celebraciones muy típicas nuestras. A la vez, hablamos del trago que está tan ligado a esos momentos.

En noviembre estrenó ‘Carta al niño Dios’, más drama que comedia, y solo alcanzó 126.000 espectadores...

Todos teníamos muchas más expectativas con esta película. Pero esas son las cosas que demuestran que el espectador es impredecible. Detrás de los resultados de una película hay unos elementos de azar que están fuera del alcance; es así, porque no existe una fórmula, pues con eso la creatividad se muere.

¿Será porque la gente asocia su nombre a la comedia?

Es posible. Aunque hay muchas variables: puede tener que ver con cierto espíritu que había en el país o con la competencia. La evaluación es complicada. No se imagina la confianza y el entusiasmo de todos en ese filme y así termina: siempre el público es el que decide. Eso ayuda a mantener los pies sobre la tierra.

Juan Camilo Pinzón dirigió las dos. ¿Qué le gusta de él?

Él logra combinar dos cosas claves: una estética muy cuidada con un sentido de lo popular. Siempre la premisa con todos los directores ha sido no reírnos de la gente, sino con la gente. Y en eso el director es fundamental: por la forma como cuida la estética, la fotografía, el desarrollo de los personajes, la puesta en escena. Se cree que el terreno natural de lo popular es verse feo o grotesco y no es así, hay que acercarse a ese mundo y respetarlo.

Participó en la convocatoria que entregó dos millones de dólares, pese a que se cree que no necesita plata...

Esa es la gran tragedia del cine: sin dinero, no hay película. Es diferente a lo que sucede en el teatro, la literatura o la música, porque cuando te quieres expresar en alguno de estos medios la inversión inicial no es tan grande. Pero para una película necesitas un montón de gente y una cantidad grande de insumos, que no son baratos ni fáciles de conseguir. Esa es la paradoja del cine, que siendo tan masivo, necesita un brazo financiero muy fuerte. Hacer una película es una aventura creativa y financiera.

Con su resultado en taquilla, ¿qué opina de sus críticos?

Creo que estamos en dimensiones diferentes. Nosotros hacemos un cine de entretenimiento y mi trabajo siempre ha estado ahí. Y el entretenimiento tiene una lógica, una estética particular. La crítica se ejerce desde los terrenos del arte y ahí se tienen otros presupuestos, metodologías y condiciones. Entonces, pienso que hay un cortocircuito, porque se evalúa una cosa desde la perspectiva artística. Son dos cines que se necesitan, que se deberían ayudar: el cine de entretenimiento debería subvencionar al artístico.

Quizás, en 30 años se hablará de lo que hizo Dago García en el cine nacional. ¿Siente la responsabilidad?

(Risas). Nunca he pensado en eso. Siento que es como echarse un piano encima. El cine que yo hago es el que me gusta hacer, el que me entretiene y me hace feliz. Y mientras yo no esté afectando a otra persona ni enviando mensajes antisociales, creo que el espectro es amplio y puedo hacer cualquier cosa. Nunca pensando si va a trascender o si estoy atendiendo alguna responsabilidad. El entretenimiento no pretende enseñar ni hacer una crítica al orden del establecimiento, no va más allá de brindar un momento de solaz. Es un espacio para la catarsis, ya ahí hay una enorme responsabilidad.

SOFÍA GÓMEZ G.
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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