María Corina Machado: la enemiga de la revolución bolivariana

María Corina Machado: la enemiga de la revolución bolivariana

La vida y la lucha de la más vehemente opositora del gobierno de Nicolás Maduro.

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13 de enero 2015 , 10:13 a. m.

A María Corina Machado le gusta “el chicharrón con pelos” y el queso. La risa de sus hijos. La zarzuela. Los atardeceres. Odia la indiferencia y las entrevistas biográficas. No es deportista y su única afición es su trabajo, uno de los menos gratos de Latinoamérica: ser la más vehemente opositora del gobierno de Nicolás Maduro, dentro de Venezuela. Ingeniera retirada, exdiputada afamada y política amenazada, hace 10 años se atrevió a fundar la Asociación Civil Súmate para salvar a su país, según dice, del caos y la destrucción. A finales del mes pasado, la fiscalía venezolana informó que le imputará cargos por su presunta vinculación con un plan para atentar contra la vida del señor presidente. Habla Corina.

Por Rocío Westendorp

María Corina Machado es la venezolana que retó de frente, y desde Caracas, al gobierno de la revolución bolivariana. Es la mujer que, el pasado mes de noviembre, fue acusada de planear el asesinato del presidente Nicolás Maduro.

Es la empresaria de 47 años que, por fuerza mayor, dejó la ingeniería y las finanzas para convertirse en activista –al punto que fue una de las fundadoras de la asociación civil Súmate, que tuvo en jaque al gobierno de Hugo Chávez–, para luego entregarse de lleno a la política, plataforma desde donde se hizo diputada en la Asamblea Nacional Venezolana.

Es, tras el encarcelamiento de Leopoldo López –y en palabras claras–, la enemiga número uno del gobierno venezolano. De la revolución bolivariana.

Una mujer que despacha desde una oficina del Congreso Ciudadano, en una zona exclusiva de Caracas, que es la organización de ciudadanos no identificados con los partidos políticos tradicionales: “una plataforma política que plantea la lucha cívica más allá de la vía electoral en la que la gente se organiza para enfrentarse a una dictadura”, en palabras de uno de sus asistentes.

Desde allí habla María Corina Machado y habla rápido, como una ametralladora. Porque vive a mil. Porque sabe que su tarea es urgente. De hecho, sus colaboradoras, amigas íntimas de la infancia, cuentan que siempre lleva una chaqueta y un casco de moto en el coche. Más de una vez, en mitad de uno de los eternos atascos de Caracas, se ha bajado del coche en plena autopista y ha parado a un moto-taxi.

Foto: Archivo El Tiempo

Sin darse cuenta, se ha llegado a subir a la moto de un policía de tráfico. Sus acompañantes la siguen en otras motos y, en más de una ocasión, de camino al aeropuerto, con las maletas encima.

“Es mandona”, afirma una de sus colaboradoras. María Corina tiene a todo el Comando en movimiento: preparan reuniones, entrevistas y las asambleas vecinales en las que se eligen a los delegados para el congreso ciudadano nacional de febrero. Las asambleas se celebran de noche. Antes de ir a una asamblea en Maracay, han llegado amenazas vía Twitter. Sus ayudantes le aconsejan no ir. “Si no voy, la gente se va a aterrar. Si hay un venezolano que me está esperando, que se movilizó, yo tengo la obligación de ir”.

Amenazada, agredida, recibida a pedradas, acusada de traición a la patria y de magnicidio, María Corina pudo haber tenido una vida fácil. Su infancia trascurrió en El Paraíso, la casa de su abuela y hasta los 18 años fue a un colegio de élite de monjas ursulinas. Siguiendo los pasos de su papá, Enrique Machado Zuloaga, dueño de la Siderúrgica de Venezuela SA (SIVENSA), estudió ingeniería y después un posgrado en finanzas. “Yo iba a trabajar en el área de la actividad privada, para generar empleo, para el desarrollo de mi país”. Pero no fue así. En febrero de 2002 se le acusó de participar del golpe de Estado contra Hugo Chávez y de firmar el Decreto Carmona –el decreto mediante el cual se estableció el gobierno de facto del empresario Pedro Carmona Estanga y se suspendió de sus cargos a los diputados a la Asamblea Nacional–.

Ese mismo año creó Súmate, la organización que convocó la recolección de firmas para poder celebrar un referéndum para decidir la continuidad del presidente Hugo Chávez. Asunto que nunca tuvo lugar.

En 2005 visitó a George Bush en la Casa Blanca. “Marioneta de la CIA”, la llama un ministro del Gobierno. En 2010, María Corina se convirtió en diputada por el estado central de Miranda y logró la mayor cantidad de votos entre todos los candidatos.
En una escandalosa trifulca en el Parlamento venezolano, a finales de 2012, María Corina Machado resultó con la nariz fracturada en cuatro partes, luego de que hombres del oficialismo la agredieran a ella, y a otros partidarios de la oposición, por el simple hecho de haber protestado por el derecho a la palabra.

Meses después, en una sesión de la Asamblea, su presidente, Diosdado Cabello, la destituyó como diputada por presentarse ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como representante alterna de Panamá. El Tribunal Superior de Justicia ratificó esa decisión.

En febrero de 2014, junto al dirigente del partido Voluntad Popular, Leopoldo López –hoy preso–, María Corina Machado impulsó lo que se conoce como “La Salida”, el sector disidente de la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que bramó por la renuncia total del gobierno de Nicolás Maduro.

Lo que empezó como una manifestación estudiantil, en protesta contra la inseguridad en varios estados del país, se convirtió en una oleada de movilizaciones en las que murieron 43 personas. El gobierno calificó “La Salida” como un intento de “golpe de Estado suave” y Jorge Rodríguez, el alcalde del municipio de Libertador (centro y oeste de Caracas), acusó a María Corina de “magnicidio”.

En junio se le prohibió la salida del país.

Es María Corina Machado. La mujer que se sube a las motos en la ciudad más peligrosa de Suramérica. La mujer que clama por la renuncia de Maduro en un país violentamente fracturado en dos bandos. La mujer que pudo haber tenido una vida tranquila y que decidió ser, como si eso fuera poco, la más vehemente opositora del gobierno Maduro, del chavismo y de la revolución bolivariana.

Usted fue imputada formalmente por la Fiscalía por expediente de magnicidio. Usted ya había declarado como testigo ante el mismo ente, en el pasado mes de junio. ¿Por qué cree que le llega ahora la imputación?

Eso es lo que me están cobrando: que llame a las cosas por su nombre, que le diga a Maduro que en Venezuela hay una dictadura. Me están cobrando que siga recorriendo Venezuela organizando a los ciudadanos para la lucha por la democracia. Como tantos otros venezolanos, estoy firme en exigirle a Maduro que renuncie porque acudí con determinación a llamarle la atención y exigir la renovación de las cuatro rectoras de la Comisión Nacional Electoral (CNE), quienes cumplieron sus períodos hace ya tiempo y cuya actitud sumisa, no solamente a Miraflores (sede del Gobierno), sino a La Habana, está defraudando a la soberanía nacional. Cinco horas después de plantear a la CNE su renuncia, estaba la policía política en mi casa con la boleta de imputación.

El alcalde Jorge Rodríguez exhibió unos supuestos correos electrónicos suyos en los que pedía financiación para “aniquilar a Maduro”. Tras su declaración como testigo ante la Fiscalía, ¿cuál fue la conclusión?

En esa declaración de ocho horas ni siquiera me preguntaron sobre los supuestos e-mails. Al terminar el interrogatorio, yo le dije al asistente de la Fiscalía: “¿No me van a preguntar por las supuestas pruebas?”. Se quedaron en silencio absoluto. Porque toda Venezuela sabe que es mentira, una cosa burda, ridícula, que sería risible si no hubiera vidas humanas de por medio. Días posteriores a mi declaración, la propia empresa Google evidenció que los e-mails eran falsos.

Con el precedente de Leopoldo López, que lleva nueve meses en la cárcel, ¿cree que es especialmente peligroso para usted estar en el foco de la justicia venezolana?

Es peligroso para cualquier ciudadano, llámese dirigente, trabajador sindical o periodista. En Venezuela todo aquel que defiende la verdad, que se planta de manera firme y respetuosa frente al régimen es considerado un enemigo; y ahora, con la reforma en proceso de las leyes, también es visto como un terrorista. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Desde luego que hay riesgo para todos, pero el mayor peligro es que Maduro, con su régimen, permanezca en el poder. A eso es lo que hay que tenerle terror, ya que representa el caos y la destrucción de nuestro país. Pero no lo vamos a permitir. Nosotros vamos a luchar hasta lograr la transición pacífica a la democracia por la vía constitucional.

Foto: Archivo El Tiempo

¿Cuál es su postura si se dicta una orden de arresto?

La boleta (de imputación) llegó a mi casa de noche, estaban mis hijos y me preguntaron: “¿Qué vas a hacer?, ¿vas a presentarte?”. Y ellos sabían la respuesta a esta pregunta. Yo voy a presentarme el 3 de diciembre a las diez de la mañana en la Fiscalía. Lo voy a hacer por mis hijos, por todos los hijos de Venezuela, lo voy a hacer por la verdad, por nuestro país. Porque al final la verdad siempre prevalece. Rómulo Betancourt decía: “La voluntad del pueblo se impone siempre”.

Quería retroceder a su infancia y preguntarle por El Paraíso, la casa de su abuela… ¿Qué le viene a la cabeza?

Era un espacio en el que se sentía una enorme protección y comprensión. Pero también una enorme exigencia. Yo soy la mayor de cuatro mujeres, siempre sentí que tenía que demostrarle a mi papá que no necesitaba un varón para continuar con su esfuerzo, su trabajo. Un espacio de un enorme amor, pero también de conciencia, de nuestra enorme responsabilidad.

¿Le ponía zarzuelas?

¿Cómo sabes tú eso?

Me lo han contado sus amigas…

Crecimos en la casa de mi abuela. En mi infancia siempre estuve rodeada de adultos, prefería estar con los viejos y no irme al patio con los niños. Siempre tuve una relación muy cercana con mi abuela. En mi familia paterna, la historia de Venezuela, sobre todo desde la lucha por la independencia hasta la lucha contra las dictaduras del siglo XX, estuvo muy presente. Armando Zuloaga, mi tío abuelo, fue asesinado a los 24 años en el desembarco del Falque en su lucha contra el dictador Juan Vicente Gómez. Fue el primer amor de mi vida y mi mamá siempre me decía que estaba preocupada porque yo estaba enamorada de un muerto [Risas]. Crecí toda mi vida con la imagen de Armando muy presente. Mi tatarabuelo escribió Venezuela Heroica, que todos los venezolanos leemos en la escuela y narra la historia de guerra de la independencia desde una perspectiva muy apasionada.

Sus amigas, que iban con usted a la Academia Merici, me han contado que de pequeña usted era retadora, que proponía temas que no eran propios de su edad...

Eso es la marca de mi mamá. Mi mamá en su juventud (la pronuncia con t) fue una mujer muy adelantada para su tiempo y también muy desafiante. Trabajó y estudió muchísimo. La familia de mi padre era conservadora y ella tuvo que romper moldes. Mi mamá decidió criar hijos libres y eso es lo que decidí hacer yo. ¡Y eso te trae problemas, créeme, como madre y como hija! Es la conciencia plena del derecho a disentir. Por eso yo todo lo cuestionaba.

¿Es cierto que su madre organizaba para usted y sus amigas unos talleres de pensamiento?

Mi mamá es psicóloga y estudió mucho el desarrollo de la inteligencia. Hubo un ministro para el Desarrollo de la Inteligencia en Venezuela que tiene el mismo apellido nuestro, aunque no es familia y mi mamá trabajo con él. Nos usó como conejillos de Indias, verdaderamente [Risas]. A mí y a mis amigas nos agarraba para poner en práctica distintas metodologías de pensamiento distinto, lateral, etc.

¿Usted tenía bien claro su rumbo desde pequeña?

Al contrario, si tú me hubieras preguntado, te diría que era lo último que iba a hacer en la vida. En mi generación crecimos con un enorme rechazo hacia la política y los políticos. De hecho, la razón por la que no quería entrar en política era porque implicaba una serie de compromisos o de concesiones en materia de valores. Desde luego, es algo de lo que me arrepiento profundamente, el no haber empezado antes en el trabajo de formación en materia política.

Llegaba a casa, se quitaba el uniforme y qué hacía, ¿montaba a caballo?

La gente más cercana a mí, mis amigas, no tenían muy claro lo que hacía. Yo vivía lejísimos de la escuela y era raro que mis amigas vinieran durante los días de diario a casa. Llegábamos del colegio, mis hermanas salían para el jardín, yo tiraba mi “lonchera” y corría a las piernas de mi abuela. Yo pasaba casi todas mis tardes sentada en las piernas de mi abuela, que me adoraba, contándome todos los detalles de su vida, me leía poesías. Teníamos una relación increíblemente íntima. Como mi mamá trabajaba mucho, yo tenía a mi abuela allí. Era mi mejor amiga. Lo cual generaba increíbles celos porque éramos 31 nietos.

¿Era usted la favorita?

Sin duda; lo malo es que ella lo decía. Yo era la que más la quería.

[En ese momento, le pasan una llamada de Sairam Rivas, la estudiante de 19 años que acaba de salir de la cárcel tras participar en las protestas de febrero. Termina su conversación: “Tratemos de vernos la semana que viene. Te quiero muchísimo, estoy orgullosísima de ti”).

Esta niña pasó 132 días presa. Imagínate, estuvimos marchando juntas, yo casi la tenía como ahijada. No había podido hablar con ella desde que la dejaron presa. Estoy emocionada.

¿Cuándo se polarizó?, y ¿en qué momento empezó su lucha?

Hay momentos en la vida que uno no tiene conciencia de lo que significan en términos de hitos, de encrucijadas. Desde chiquita yo tenía mi vida clarísima: yo iba a seguir los pasos de mi padre. Tuve un evento totalmente inesperado. Vivía en el interior porque estaba trabajando en una empresa de partes automotrices y vine a dar a luz a Caracas. Mi madre me dice: acompáñame a visitar un centro para niños abandonados. Un centro, propiedad del Instituto Nacional del Menor, adscrito al Ministerio de la Familia, donde había 140 niños entre los 8 y los 18 años con problemas muy diversos: desde abandono, niños que habían tenido problemas de drogas e incluso, que habían cometido delitos graves como homicidio. Yo no puedo describir lo que fue para mí esa visita... Esto era una cárcel de niños. Lo que más me impactó es cómo sacaban las manitos en unos cuartos oscuros y sobre todo, el olor. Yo estaba a punto de tener a mi bebé. A mí me sacudió el piso y me dije: “Yo no puedo volver a dormir si yo no cambio esta realidad”. Llegué a mi casa y llamé a mi jefe, al que le había prometido que a la semana de dar a luz estaba de regreso en la planta trabajando y le dije: “Te estoy llamando a renunciar. Yo no sé si van a ser 5 días, 5 meses o 5 años, pero yo no puedo regresar al trabajo, voy a dedicarme a cambiar esto”. Contactamos con la firma McKinsey & Company, una tremenda consultora, para que nos ayudara a presentar una propuesta mixta en la que la sociedad civil participara en la gerencia, tuviera un financiamiento privado complementario al financiamiento público y el Estado mantuviera la propiedad de las instalaciones y la tutoría de los procesos judiciales. Ese día cambió mi vida porque nunca había concebido que me podía dedicar a la gestión pública y menos a la política. Fueron ocho años trabajando en la gerencia de Atenea. Me consumió de tal manera que mi exmarido, el papá de mis hijos, decía que los verdaderos niños abandonados eran los de él, porque yo estaba todo el día ocupándome de niños que no eran míos. Esos niños cambiaron mi forma de ver la vida.

En 2002 firmó el Decreto Carmona –el decreto mediante el cual se estableció el gobierno de facto del empresario Pedro Carmona Estanga–. Carmona era cercano a su padre. ¿Esta cercanía familiar le hizo tener mucha confianza en él?, ¿lo veía como posible presidente del país?

Era amigo de mi padre y además un empresario muy serio. Todo lo que ocurrió en esa fecha fue terrible y lo que fue un enorme esfuerzo cívico de nuestro país se desvirtuó totalmente. Y llevó a un evento dramático que ha podido cambiar el desenlace y evitar todos los años de sufrimiento de este país. El régimen sabe que yo no firmé ese decreto porque no estaba en ese evento. Yo fui con mi madre a acompañarla porque ella conoce mucho a la esposa del señor Carmona. Los más frágiles son los que resultan acusados. Yo no estaba involucrada en la actividad política, estaba en Atenea.

Y entonces creó Súmate, la acción civil diseñada para coordinar varios procesos de movilización ciudadana en 2002. ¿Cómo fue eso?

Para decenas de miles de ciudadanos, Súmate fue una escuela de ciudadanía porque despertó la conciencia del poder de los ciudadanos organizados.

Usted viajó a EE. UU. y se reunió con George Bush, ¿qué recuerdos tiene de aquel viaje?

Para mí fue una sorpresa tan grande como para todos los demás. Yo viajé a EE. UU. porque un congresista demócrata otorgó a Súmate un reconocimiento. Cuando llegué a Washington, me llamaron para una entrevista y me dijeron: “A las once de la mañana usted tiene una reunión en la Casa Blanca”. Y yo dije: “¡Sí, cómo no! ¡Y después me van a decir que voy al palacio de Buckingham!”. “No, es en serio”. No lo podía creer… Yo no tenía ni ropa [Risas]. Fue una enorme sorpresa. Mucha gente me ha preguntado si considero que fue un error. Todo lo contrario. Creo que era la oportunidad para atraer la atención del mundo sobre la terrible crisis venezolana y la lucha que estamos dando. Hablé como ciudadana, como madre venezolana sin ningún tipo de inhibición, por un comportamiento políticamente correcto. Debo confesarte que lo que más me impresionó fue que cuando terminó la entrevista, que yo pensaba que iba a durar quince minutos y duró casi una hora, me dijeron: “Y ahora vas a declarar”. De repente me empujaron por una puerta y yo veo todos los micrófonos puestos en fila. “¡Dios mío, pensaba, aquí declara Tony Blair!”.

Foto: Archivo El Tiempo

Llamó a sus amigas en su campaña como diputada para la Asamblea Nacional y las puso en las áreas que necesitaba…

A alguien tenía que llamar. [Risas]. Cuando comencé a reflexionar, a principios de 2009, dónde podía ser más útil en esta lucha, se acercaban elecciones parlamentarias y fue como un llamado interno: he estado luchando desde la perspectiva ciudadana, voy a luchar ahora desde las instituciones. Independiente y sin partido y con la determinación que no quería debilitar a Súmate. Hubiese sido posible llamar a mucha gente de la ONG, incluso mi propio asistente se quedó. Y cuando puse un paso fuera de Súmate, salí sola para competir para la campaña. Para tomar esa decisión me di cuenta de que necesitaba unos meses de reflexión y me fui a estudiar en Yale un programa de políticas públicas y liderazgo. Para mí suponía una enorme disyuntiva, consciente de que era una decisión que me iba a cambiar la vida. Estando allá, recuerdo haber hablado con un profesor de liderazgo que me vio un poco conflictuada y me salió pedirle una entrevista con él, porque su especialidad era asesorar a empresarios. Al terminar la conversación, me dijo: “¿Dudas? Tú estás clarísima, tú esa decisión ya la tomaste”.

¿Y su familia?

Fue difícil transmitírselo a mis hijos y a mi familia. Pero fue maravilloso arrancar desde cero y construir una organización y plantearnos el enorme desafío de competir contra partidos políticos y competir como independiente con partidos que tenían gobernadores y alcaldes en esa localidad.

En los vídeos de la Asamblea se ve claramente el nivel de violencia política. Usted ha sido agredida dentro de la Asamblea. ¿Cuál era su sentimiento?

A mí me da una enorme vergüenza, en las intervenciones más deplorables, personajes que se humillan a sí mismos con su lenguaje, las mentiras, el cinismo. Yo pensaba: “Dios mío, que no haya niños viendo este espectáculo”. La agresión no es contra mí, es contra las instituciones, contra la ciudadanía, pero afortunadamente yo tengo mucha relación con personas en la calle y por las redes sociales, cada vez que había alguna agresión, no te puedes imaginar lo que era mi teléfono en términos de mensajes de apoyo. No te imaginas el impacto que tiene para mí cuando una mujer venezolana me agarra por la calle y me dice: “Yo sigo aquí luchando porque tú estás luchando también”. Yo nunca me he olvidado de una sola de esas palabras. En los momentos de mayor dificultad, cuando me partieron la cara, cuando me sacaron por la fuerza, cuando agredieron a mi propia familia, esos mensajes, esa energía, esas oraciones que me llegan, son mi fuerza.

Su pensamiento político se ha comparado con el de Margaret Thatcher. ¿Cree que es posible llegar a la desregulación total de los mercados, la no intervención estatal en la economía, a instaurar la libre competencia después de todo este tiempo? ¿Cuál es su propuesta?

El concepto para el desarrollo de Venezuela tiene que basarse en alianzas entre distintos sectores, tenemos que construir una sociedad de emprendedores, de propietarios y de productores en la que se pueda ascender sobre la base del trabajo productivo y decente. Exige ofrecer una serie de oportunidades a un sector enorme del país que ha estado al margen de la posibilidad de insertarse en una colonia productiva. Estos regímenes han buscado hacer una sociedad dependiente del Estado y destruir todo lo que genera autonomía, llámese empleo privado, universidad, un sindicato o una cooperativa. La sociedad venezolana es aspiracional y no es verdad que vivamos en una sociedad resignada que quiera vivir de dádivas del Estado.

¿Cuál es su opinión del proceso de paz en Colombia?

El pasado y el futuro de Venezuela y Colombia están entrelazados. Ayer estaba en la frontera y allí hay cinco millones de colombo-venezolanos que lo entienden: no habrá paz sostenible en Colombia mientras no exista en Venezuela una genuina democracia que combata los mismos crímenes que han azotado a Colombia durante décadas y que, en estos últimos años, han encontrado complicidad a este lado de la frontera. Colombia no puede simplemente expulsar esos males a Venezuela y pensar que con eso va a avanzar. Nuestras dinámicas están demasiado integradas. Entiendo y acompaño al proceso de paz, pero creo que no será sostenible hasta que desde este lado, no logremos la democracia y la paz. Quisiéramos tener apoyo del Gobierno colombiano en ese empeño.

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