Cuando la indignación francesa se unió como un grito de gol

Cuando la indignación francesa se unió como un grito de gol

Relato desde París con quienes se tomaron las plazas en repudio al ataque contra 'Charlie Hebdo'.

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13 de enero 2015 , 09:13 a.m.

 El domingo 11, tanto demoró en amanecer en París como los manifestantes en presentarse a la Plaza de la República. Sin embargo, no hubo una sola nube que apagara el millón y medio de voces a la intemperie del invierno francés.

El monumento central está consagrado a la Marianne, testigo de la indignación francesa y el punto de concentración más álgido de la marcha en contra de la muerte de las 17 víctimas que dejó la segunda semana del año. (Vea acá toda la información sobre el atentado a 'Charlie Hebdo' en París)

La estatua fue inaugurada como homenaje a la fundación de la democracia francesa en 1880, aunque su versión oficial culminara cuatro después, y es la representación alegórica de la República. Su figura es sostenida por otras tres estatuas que recuerdan los valores fundamentales de los galos: libertad, igualdad y fraternidad. Conceptos expresados en gritos, pancartas, pinturas, banderas y periódicos desde el mediodía hasta la medianoche del pasado domingo.

Uno de los primeros en llegar fue Julien, voceador del periódico 'L’Humanité': “¡Mínimo un euro, todos los fondos son para 'Charlie Hebdo'. L’Huma pone el papel, ustedes el dinero!”. Este diario es de la misma postura política que el chavismo venezolano, por eso el único vendedor en la plaza lleva una gorra de Venezuela con las ocho estrellas de la República Bolivariana.

Voceador del periódico 'L'Humanité' durante marchas contra el atentado a 'Charlie Hebdo'. Foto: Mateo Jaramillo Ortega.

Julien lleva en este trabajo desde su adolescencia, sufrió la crisis del periódico en la decada del 90, también vio cómo desapareció la hoz y el martillo de su portada y ha sido testigo de las innumerables manifestaciones de los estudiantes y sindicalistas que tiene como punto de partida esta misma plaza.

Pero 'L’Humanité' no es el único periódico que sacó edición especial para apoyar al semanario satírico, otro colega suyo del diario 'Libération' vitorea una frase similar. Es así como en la manifestación los vendedores aprovechan la ocasión para hacer uso de su profesión: camisetas con el eslogan 'Je suis Charlie' “a solo diez euros”, banderas tricolores por 15 o calcomanías para poner sobre las telas. Cada hora los comerciantes tuvieron que regresar por más mercancía pues “los artículos esenciales para la marcha” se agotaban pronto. (Lea también: 'Sumisión' y 'Charlie Hebdo', una coincidencia con muchos ecos).

Varios turistas desprevenidos se tomaron fotos con sus teléfonos sin tener mayor idea del porqué los ciudadanos llegaban poco a poco con lápices en las manos. “Sí he visto algo en Twitter, pero pienso que es el espíritu francés”, dice divertido Chen Yao, un electricista chino que pasa vacaciones con su esposa en la ciudad luz.

Turístas asistieron a las manifestaciones contra el ataque a 'Charlie Hebdo' en París. Foto: Mateo Jaramillo Ortega.

Sin embargo, estos inadvertidos caminantes son minoría. Varios manifestantes madrugaron para apoyar a las víctimas de la tragedia y denunciar situaciones similares en otros países. Celestin Ellaollomo es periodista de la República Gabonesa (país del oeste africano) y su camiseta tiene la misma consigna que su pancarta: "Je suis Charlie, Je suis Mboulou Beka".

Celestin hace parte de los nueve manifestantes africanos que denuncian la muerte del abogado de derechos humanos Mboulou Beka el 20 de diciembre del año pasado. Según los manifestantes, el Estado es responsable de su muerte y “Ali Bongo (presidente de la república africana) es uno de aquellos que mata a los periodistas y coarta la libertad de expresión”. Por eso, aseguran los miembros de la organización Gabon Libre, la presencia del líder en la Marcha Republicana es un espaldarazo a los ideales de 'Charlie Hebdo' y de la prensa libre.

Hacia el mediodía, familias enteras salieron a levantar su voz bajo el sol parisino. Bongibaui Tourtel, congolés radicado en Francia hace diez años, tiene en sus hombros a uno de sus dos hijos. “Este país me dio educación, a mi familia, a mi amor y a mis hijos; por eso la siento como mi patria y por eso me duele lo que a ella le duele”, dice Tourtel y señala a su esposa Floriane Charlotte, una francesa de tez blanca y pelo rubio.

“Vinimos para enseñarles a mis niños los valores de la esperanza y de la paz. Nosotros somos la muestra de que en Francia hay diversidad y se puede convivir con amor”, dice Floriane mientras vuelve a poner a su hijo en el suelo y le devuelve la pequeña bandera con la cual llegó a la manifestación.

A las dos de la tarde no había más espacio en la plaza, los ciudadanos acudieron a la manifestación más grande desde que la estatua de la Marianne es testigo de las protestas francesas. Durante más de tres horas la Marcha Republicana no fue marcha, los tres kilómetros previstos para caminar con rumbo a la plaza de la Nación estaban colapsados de ciudadanos. El gran monumento acogió al menos a un centenar de jóvenes que sobre sus figuras blancas animaban a los ciudadanos con cánticos y banderas.

Principalmente fueron franceses los que lideraron la manifestación: descendientes de África, musulmanes, judíos y estudiantes fueron los que mayor voz alzaron durante las primeras horas de la tarde. Aunque luego fueron banderas de Algeria, Brasil, Alemania, Bélgica o Camerún las que hondearon con el frío viento parisino.

Los jóvenes fueron protagonistas durante marchas contra atentado al Charlie Hebdo. Foto: Mateo Jaramillo Ortega.

Entre ellos se encontraban dos jóvenes abrazados, gritaron cada una de las consignas al unísono. Estos hijos de Israelí y Palestina se tomaban de la mano para entonar la Marsellesa con el puño en lo alto, mientras tanto un ciudadano francés les puso la caricatura de 'Charlie Hebdo' en la cual uno de los caricaturistas besa a un musulmán bajo el eslogan “El amor puede más que el odio”. Algunos metros más adelante, los líderes de ambos pueblos caminaron junto al presidente francés, Francois Hollande, en rechazo a los atentados terroristas.

Entrada la noche, los carritos para bebés dejaron de rodar por las aceras y les cedieron paso a los estudiantes. Roman, aprendiz de música, sostenía junto a cuatro compañeros de clase un gran letrero que pedía por la libertad de expresión, un tema que ha generado gran debate entre las redes sociales y medios de comunicación de todas las naciones.
“Todos somos ciudadanos del mundo, por eso venimos acá, para defender el derecho a la democracia. Para mí 'Charlie Hebdo' era provocadora, revolvía las mentes; pero no era una publicación malintencionada”, dice Roman en defensa de las caricaturas que publicó el semanario y en las cuales ridiculizaron las figuras sagradas de las tres religiones monoteístas.

Dos horas antes de que las iglesias de París anunciaran la medianoche, en las calles volvieron a movilizarse los vehículos y circularon con mayor libertad las trompetas de varios músicos callejeros. Las canciones de Fabrizio de André, cantautor italiano de letras sobre rebeldes, marginados y prostitutas, eran unas de los más aclamados por los manifestantes. Los siete artistas que interpretaban sus canciones hacen parte de la organización La Fanfare Invisible, un movimiento musical y social iniciado hace tres años.

Gaspar, una de las voces principales y saxofonista, asegura que la preocupación de su organización es la educación básica, pues las políticas de seguridad y acciones contra el terrorismo no son la solución para las problemáticas de su país. “Eso solo genera mayor odio contra las personas de otros credos, razas e ideologías”, dice el músico mientras descansa unos minutos para continuar amenizando a los manifestantes.

Al final de la noche, Jean Pierre, un hombre de gabardina negra hasta las rodillas, bigote poblado y sombrero de cuero verde oliva, dijo no acordarse de haber visto las calles tan llenas de personas desde el partido el 12 de julio de 1998, en el cual Zinedine Zidane dejó el balón dos veces en la red tras los cabezazos que no pudo detener el guardameta brasilero Claudio Taffarel. Ese día, el delantero Emmanuel Petit convirtió a los pocos minutos del segundo tiempo el tercer y último gol que coronaría a Francia como campeona del mundo.

“Esto es de no creer. Hubiera querido que no tuviéramos que salir a marchar, pero me emociona mucho hacerlo y ver otra vez a los franceses unidos. Yo estuve en esta misma plaza en la final del 98 y ahora vuelvo a entonar la Marsellesa lleno de emoción”, recuerda Jean Pierre. Antes de retomar su camino reflexiona unos segundos y afirma que la indignación puede unir tanto como un grito de gol.

MATEO JARAMILLO ORTEGA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO/ PARÍS

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