'Sumisión' y 'Charlie Hebdo', una coincidencia con muchos ecos

'Sumisión' y 'Charlie Hebdo', una coincidencia con muchos ecos

En su última novela, Michel Houellebecq imagina que Francia se convierte en un estado islámico.

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10 de enero 2015 , 06:20 p. m.

“Encarnar un nuevo humanismo, presentar el Islam como la forma acabada de un humanismo nuevo, reunificador, y que es, por lo demás, perfectamente sincero cuando proclama su respeto por las tres religiones del Libro”.

Ese pensamiento es tan solo un fragmento de Sumisión, la más reciente novela del escritor francés Michel Houellebecq (56 años), que llegó a las librerías el pasado miércoles, justamente el día en el que tuvo lugar el atentado contra los caricaturistas y redactores del semanario satírico Charlie Hebdo, que a su vez había dedicado a Houellebecq la caricatura de la primera página y varias más de ese número. De hecho, el periodista Laurent Léger, sobreviviente del atentado relató que justo cuando se produjo el ataque en medio de la reunión de redacción, Houellebecq era el centro de la conversación.

En la imagen de la portada del semanario, que apareció este mismo día, se veía al escritor disfrazado de adivino, fumando un cigarrillo y con un gorro de brujo, bajo el título “Las predicciones del mago Houellebecq”. Allí decía: “En 2015, pierdo mis dientes” y “En 2022 hago el Ramadán”.

La primera fecha aludía a la crisis y la precariedad, y la segunda, al tema central de la novela Sumisión, puesto que en ella narra cómo supuestamente el ficticio partido Fraternidad Musulmana gana las elecciones presidenciales de Francia en 2022, con el candidato Mohammed Ben Abbes, tras un segundo periodo en el poder del actual mandatario socialista François Hollande.

El ascenso al poder de este partido musulmán moderado tiene lugar en la novela gracias a una coalición de los demás partidos franceses: el Partido Socialista (PS) y el conservador UMP. Estos se unen con el fin de impedir el acceso al poder de Marine Le Pen, la presidenta del Frente Nacional (FN); es decir, de la extrema derecha.

Reacciones

Así, con nombres propios de personajes de la actualidad política francesa, se desarrolla el argumento central de Sumisión, sobre la que el mismo escritor ha dicho: “Es ficción política, una ficción verosímil pero acelero los acontecimientos, 2022 es muy pronto. No sé exactamente qué teman las extremas derechas, pero probablemente nada de lo que está escrito en este libro”, dijo en una entrevista con la revista L’Obs que circuló esta semana.

Y es que desde antes de llegar a las librerías, la novela ya había empezado a causar polémica, empezando por los círculos literarios, que están divididos en sus apreciaciones.

El reconocido escritor francés Emmanuel Carrère publicó el martes pasado, en el diario Le Monde, una crítica en la que califica como “sublime” a este libro. “Dos novelas proféticas marcaron el siglo pasado: 1984 y Un mundo feliz. Fueron proféticas no en el sentido de predecir el futuro, que los invalidó, sino de enunciar una verdad sobre el presente. Las anticipaciones de Michel Houellebecq pertenecen a la misma familia”, decía. Además, Carrère no tuvo reparos en asegurar que Houellebecq es un novelista

con mayor potencia que Huxley y Orwell: “Quien piensa esta especie de enorme mutación que todos sentimos en curso de desarrollo sin tener los medios de analizarlo, es él”.

Al otro lado de la mesa se encuentran algunos otros críticos, como Jean Birnbaum, director del suplemento literario Mundo de los libros (Le Monde des Livres), quien aseguró que Sumisión fue creada con un efecto de marketing, para provocar “el máximo escándalo”, que es “suficientemente mediocre” y que “desde el punto de vista literario no constituye, en ningún caso, un acontecimiento”.

Un poco más lejos fue Ali Baddou, presentador de La nueva edición, de Canal+, quien tras definirse como laico, se refirió a Sumisión como una novela que le había dado “ganas de vomitar”, por su “racismo antimusilman” y porque el 2015 iniciaba con el lanzamiento de esta historia “sobre la islamofobia, la cual estaba instalada y diluida en el libro de un gran novelista francés”.

El escritor, en cambio, asegura que “capta una situación, es todo. Consigo captarla porque no tengo a prioris, soy neutro. Hago como si lo políticamente correcto no hubiera existido jamás. No soy un intelectual de centro-izquierda”.

Por supuesto, los políticos también se permitieron sus opiniones. El lunes pasado, el presidente François Hollande aseguró en la cadena radial France Inter que leería el libro, “puesto que genera un debate” y añadió que se sentía en la obligación de decir: “No nos dejemos llevar por este clima, devorar por el miedo y la angustia. La idea de la sumersión, de la sumisión, de la invasión, es una antigua idea”.

Por su parte, esa misma mañana, Le Pen aseguraba en la cadena de radio France Info que quería leer la novela. “Lo que es interesante en ese libro—declaró—, que es un libro de ficción, pero de una ficción que podría un día convertirse en realidad […] es, sobre todo, la manera como él describe el comportamiento de la UMP y del PS. Es justamente la derecha la que constata en un cierto número de municipalidades y departamentos, cómo manifiestamente el fundamentalismo islamista avanza con el acuerdo y la complicidad de la UMP y del PS”.

La coincidencia y la ambiguëdad

Es verdad que no existe ninguna relación directa entre el ataque a Charlie Hebdo y el lanzamiento de Sumisión, pero no deja de ser sorprendente la coincidencia y los hechos que de allí se han desprendido.

Unas horas antes del ataque al semanario, el escritor había dado una serie de entrevistas para la radio y la televisión, con el objeto de promocionar su novela. Luego, a la una de la tarde, la editorial Flammarion, que publicó Sumisión, fue evacuada y la policía custodió su sede todo el día. Esa tarde, se cancelaron otras entrevistas con el escritor y ya para la tarde del jueves, la promoción del libro se había suspendido completamente y el escritor había abandonado París, pues aparentemente no contaba con un sistema de seguridad personal.

En un comunicado de prensa, el agente literario de Houellebecq informó que este se encontraba “profundamente afectado por la muerte de su amigo Bernard Maris”, fallecido en el atentado del día anterior y quien además había publicado en septiembre un ensayo sobre el escritor, bajo el título: Houellebecq economista.

Pero fue el Primer Ministro Manuel Valls quien señaló el jueves a la radio RTL, que esperaba que no hubieran actos islamofóbicos como repercusión al atentado y ahí mismo aseguró: “Francia no es esa de Michel Houellebecq, no es esa de la intolerancia, del odio y del miedo”.

Esta afirmación de Valls se entiende además porque el escritor había asegurado en 2001 que el Islam es “la más imbécil de las religiones”, por lo cual fue perseguido un tiempo y se convirtió en un blanco de los fundamentalistas. A lo que se añadió la afirmación “He sobrevivido a todos los ataques”, que se encuentra en la carátula de la revista L’Obs, que circula por estos días y donde señala: “Estoy tranquilo: esta novela suscitará tal vez polémicas entre quienes se ganan la vida polemizando, pero será percibida por el público como un libro de anticipación, sin una relación real con la vida”.

Sin embargo, al menos en este libro, la posición de Houellebecq con respecto al Islam, no es del todo clara y parece a veces ambigua, pues él mismo aseguró en una entrevista con la revista The Paris Review que en la novela “no está claro a quiénes debemos tener miedo: nativistas o musulmanes. Eso lo dejo sin resolver”. Y en otra de sus respuestas a L’Obs, no deja de llamar la atención que haya asegurado que los musulmanes están en “una situación insoportable. ¿Por quién pueden votar los musulmanes en Francia? No pueden votar por los socialistas, que dan lugar al matrimonio homosexual. Tampoco van a hacerlo por la gente de la derecha, que quiere sacarlos. La única solución sería efectivamente la constitución de un partido musulmán”.

Mundo espiritual

El telón de fondo de toda esta historia termina siendo en realidad François, el personaje central, que con sutileza, va llevando al lector por un mundo y un viaje espiritual. De hecho, en la entrevista con L’Obs, el escritor reafirmó cuál fue la importancia que le dio a esa posición interior y sensible del protagonista: “Marine Le Pen puede detener la inmigración, pero no puede parar la islamización, que es un proceso espiritual, un cambio de paradigma, un retorno hacia lo religioso”.

Esto parece ir en concordancia con un pasaje del libro en el que Houellebecq describe a Mohammed Ben Abbes, el supuesto presidente islámico, como “el hombre político ideal para encarnar la noción del humanismo, tanto que se toma por un Enrique IV, y por un gran pacificador del diálogo interreligioso. […] un musulmán moderado […]. No hay que imaginárselo como un talibán ni como un terrorista, eso sería un grosero error; él no ha tenido más que desprecio por esas gentes. […] en el fondo, considera a los terroristas como amateurs”.

Ante párrafos como estos, se hace necesario aclarar que el escritor no considera que el libro sea satírico. “Tal vez una pequeña parte satiriza a los periodistas políticos, a los políticos, un poquito también, para ser honesto. Pero los personajes principales no son satíricos”, le dijo a The Paris Review.

MELISSA SERRATO RAMÍREZ
Para EL TIEMPO
París.

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