'Por primera vez, siento miedo en París'

'Por primera vez, siento miedo en París'

"Soy colombiana, pero me uní al luto francés. Como periodista me sentí vulnerada y en riesgo".

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09 de enero 2015 , 09:31 p.m.

A la misma hora y cerca del lugar del atentado del miércoles, yo estaba en la calle, caminando hacia una estación de metro para ir a la universidad.

Solo al llegar, supe lo que había ocurrido, vi los videos de cómo dos hombres armados salían de la sede de la publicación Charlie Hebdo, y no pude evitar pensar en que los que estaban allí muertos eran personas que habían elegido voluntariamente trabajar en un medio de comunicación, como yo.

Como periodista me sentí vulnerada y en riesgo; como transeúnte, me aterrorizó darme cuenta de que cada vez que he tenido que hacer algún trámite con la seguridad social, he pasado por esa calle de una ciudad en la que nunca había tenido miedo.

Soy colombiana, pero me uní al luto francés, porque es innegable que la masacre nos ha sacudido emocionalmente a todos y que el eslogan ‘Soy Charlie’ trascendió a las pancartas y logró identificar a quienes vivimos en esta ciudad, en la medida en que nos sentimos violentados y, claro, en peligro.

Lo cierto es que cada quien ha experimentado la tragedia de distintas maneras. “Asistí a la manifestación de la plaza de la República el miércoles. Éramos tantos que me sentía como un estandarte, y justo cuando estaba reflexionando sobre eso, me di cuenta del silencio que había. Me sorprendió cuán reservada, perturbada y ensimismada estaba la gente”, cuenta Julien*, un grafista francés que admiraba el trabajo de los caricaturistas asesinados.

Por supuesto, la vida cotidiana también se ha visto afectada desde que se decretó la alerta máxima antiataques terroristas. En los centros comerciales requisan detalladamente las maletas y carteras en las entradas, lo cual es totalmente fuera de lo común.

Las calles, las zonas turísticas y las estaciones de metro están llenas de policías, en algunos casos con chalecos antibalas y bien armados. Conducir y llegar a una cita desde las afueras de París hacia la ciudad es casi imposible por los controles viales. Varias líneas de metro han sido cerradas y evacuadas por varias horas ante la más mínima sospecha de peligro.

Las más afectadas este viernes, hacia el medio día, fueron las que conducen a Trocadero, la estación más cercana a la Torre Eiffel, tras haberse divulgado una falsa alarma, según la cual habría un hombre armado en la plaza de Trocadero.

“No he salido de mi casa en los últimos tres días. Intenté hacerlo este viernes, pero el metro estaba bloqueado, no había paso y me dije que estaría mejor adentro que afuera”, confiesa Stéphanie Montini, una joven fotógrafa parisina que se declara “choqueada de horror y con miedo, porque entre más noticias veo, más miedo me da”.

Lionel Angoulevant, un economista francés, relata que desde el miércoles recoge a su novia en su moto para evitar que ella tome el metro. “No vamos a dejar de vivir y de hacer nuestras cosas por esto, pero la situación genera tanta tensión que es inevitable tomar medidas ante la intimidación que produjeron”.

Para Paula Fontanilla, una estudiante colombiana, la situación también ha sido difícil. “Recibir las llamadas y los mensajes de la familia, preguntándote todo el tiempo cómo estás y qué está pasando genera una sensación de desprotección enorme”, comenta. “Es verdad que nosotros, como colombianos, hemos sido testigos de masacres mucho más numerosas; pero aquí cambia, porque nos es difícil entender el extremismo del terrorismo relacionado con los asuntos religiosos”.

Así las cosas, la noche del jueves, justo cuando se habían apagado simbólicamente las luces de la Torre Eiffel, vi la luz de tres tímidas velas, frente a la ventana de un típico edificio parisino que rompía la monotonía de una calle del undécimo distrito de París, el mismo en el que tuvo lugar el ataque. Confieso que ese gesto, me conmovió a tal punto que, por un momento, dejé de escuchar las sirenas de las ambulancias y de los carros de policía, que desde el miércoles no han dejado de invadir las calles de la capital francesa.

*Pidió que no se revelara su apellido.

MELISSA SERRATO RAMÍREZ
Para EL TIEMPO
París

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