Macabro patrimonio

Macabro patrimonio

Con la utilitarista noción del patrimonio cultural en los festejos populares hay lavado de manos.

notitle
09 de enero 2015 , 09:08 p. m.

Cuesta decirlo, pero el toro que trituraron a piedra, garrote y botella para enardecer las fiestas de nuevo año en Turbaco se salvó de peor suerte. De no haber sido porque dio allí el último jadeo y porque alguien publicó el video con risas de fondo, quizá lo hubieran prestado de corraleja en corraleja. Los más fuertes aguantan hasta tres.

Resulta fácil: se le quitan las banderillas viejas para que entren las nuevas, se limpia la sangre y se remienda rápido el cuero; se aplasta luego en un camión con más ganado, aderezado en su jugo a más de treinta grados del enero estival, hasta llegar a otra fiesta de borrachera más intensa. Como ya ha aprendido lo que le espera cuando salte al improvisado ruedo, estará más bravío y entonces la contienda con los jóvenes descamisados que reciben propinas de licoreras y gamonales crecerá en emoción.

Eros y Tánatos, sexo y agresión; la pulsación de la vida y la muerte, la bestia y el hombre desnudos. Embriaguez de Baco en el alma de los mortales. ¡Ah! Algo todavía más incluyente: el patrimonio cultural en su diversidad, como bien duro se les oye pregonarlo al alcalde y a los lavadores de dinero en las festividades y a otros borrachos al borde del vómito.

¡¡En realidad pura m…!! Esto es barbarie y solo eso. La muletilla del patrimonio cultural no puede esconderlo. Ya en otras ocasiones lo hemos afirmado: que algo esté unido a las costumbres ancestrales no lo convierte en loable. Trueque de niñas para el matrimonio, ablación de clítoris, sacrificio ritual de animales tienen arraigo en las tradiciones populares y étnicas, pero son inaceptables en los acuerdos mínimos de una sociedad contemporánea a la que se le llena la boca hablando de educación, prosperidad y paz. Precisamente porque se trata de manifestaciones patrimoniales, la interminable lista de autoridades que se trasladan el lío debe y tiene todas las herramientas para evitarlos y, sin evasivas, prohibirlos.

Pero con la utilitarista noción del patrimonio cultural en los festejos populares hay lavado de manos. Y los tribunales, en su ir y venir, dicen que, mientras cosas como estas no se financien con plata pública, pueden seguir expresándose en la tradición nacional. Raro mensaje para el entendimiento también popular: si pagan los gamonales, no importa el descuartizamiento. Basta ya de acomodar palabras. 

Gonzalo Castellanos V.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.