Julio Scherer García, el 'parteaguas' del periodismo en México

Julio Scherer García, el 'parteaguas' del periodismo en México

El fundador de la revista 'Proceso' falleció el miércoles a los 88 años.

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08 de enero 2015 , 09:50 p. m.

Poco se sabía de él en el ámbito personal, pero sin duda fue el hombre que marcó la diferencia en el ejercicio del periodismo independiente en México durante el siglo XX y lo que va del XXI, del que fue promotor y practicante. Julio Scherer García, quien murió en la madrugada del miércoles pasado a los 88 años, era considerado por varias generaciones de periodistas ejemplo, y por los políticos, una figura trascendental, cuyo trabajo contribuyó a la construcción de un país democrático.

“Su dura independencia se destacó en un momento en el que el periodismo crítico del Gobierno era poco frecuente en México. Inspiró y entrenó a una nueva generación de periodistas mexicanos”, lo reconoció así The New York Times.

Hizo de este oficio su vida desde que comenzó, en 1946 –antes de cumplir los 18 años–, como mandadero de la redacción en el diario Excélsior, uno de los más importantes de la época. A los 22 ya publicaba en ese medio.

Como periodista, y desde sus inicios, lo caracterizó su rigor informativo, su espíritu temerario, su narrativa, la denuncia ante las contradicciones del poder y sus excesos, y su búsqueda incesante de la verdad, en una época en que el Gobierno controlaba a la prensa.

De la relación entre política y prensa decía: “Políticos y periodistas se buscan unos a otros, se rechazan, vuelven a encontrarse para tornar a discrepar. Son especies que se repelen y se necesitan para vivir. Los políticos trabajan para lo factible entre pugnas subterráneas; los periodistas trabajan para lo deseable hundidos en la realidad. Entre ellos el matrimonio es imposible, pero inevitable el amasiato (concubinato)”.

Scherer García realizó estudios de filosofía y derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México para dedicarse a lo que fue su gran pasión: el periodismo, del que dijo: “Como reportero que soy, nada valoro por encima de los hechos (...). La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí”.

Hijo de Pablo Scherer (descendiente de un banquero inmigrante alemán asentado en México) y de Paz García, a quien la escritora Elena Poniatowska describe como una “mujer culta y refinada”, Scherer nació en Ciudad de México el 7 de abril de 1926.

Durante su trabajo en Excélsior entrevistó a políticos, músicos, artistas, literatos y pintores que fueron noticia en su momento, como Fidel Castro, el Che Guevara, Augusto Pinochet, Salvador Allende, John F. Kennedy, Dimitri Shostakovich, André Malraux, Pablo Neruda y Pablo Picasso.

Un pionero

Elena Poniatowska, también amiga de Scherer, lo define así: “Sin duda, el periodista más importante del país. Es un ‘parteaguas’ en el periodismo en México. Un hombre íntegro y apasionado por México. (…) Acabó con ese periodismo vendido y lambiscón, que rinde pleitesía al Gobierno, y con la prensa corrupta”.

En Excélsior, el joven Scherer se destacó por ser un brillante reportero de la fuente política, y también fue jefe de información y auxiliar de la dirección. Finalmente, a los 42 años de edad, ocupó la dirección general del diario en una de las épocas más convulsas de este país, donde destacó el movimiento estudiantil que derivó de la matanza de Tlatelolco, a la que dio una intensa cobertura en 1968, año en el que asumió el cargo.

El 8 de julio de 1976, un golpe político, tejido y ejecutado en el periódico por su “mejor amigo”, Regino Díaz Redondo, promovido y apoyado por el entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, lo expulsó del diario, resultado en gran parte de la línea editorial crítica y la administración progresista que había impuesto durante su dirección.

Muchos de sus colaboradores, entre reporteros, caricaturistas y editorialistas, se fueron con él. Pero Scherer no se quedó con la derrota en la mano: el 6 de noviembre de ese mismo año, junto con el resto de sus colegas –pese al boicot gubernamental de no venderle papel para la impresión de su nueva publicación–, fundó el semanario Proceso, del que fue director general hasta el 6 de noviembre de 1996 y en el que continuó con su línea editorial crítica, dura e independiente, denunciando la corrupción de las autoridades, razón por la cual recibió sutiles y directas amenazas.

Luego de su levantamiento en enero de 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) propuso a Julio Scherer ser parte de los intermediarios para el diálogo con el Gobierno, con la premio nobel de paz Rigoberta Menchú y el obispo Samuel Ruiz. Sin embargo, Scherer declinó la invitación apelando a la imparcialidad que debe tener un periodista en los hechos que son noticia.

“Agradezco la inclusión de mi nombre al lado del obispo Samuel Ruiz y de la señora Rigoberta Menchú. Sin embargo, mi condición de periodista me obliga a la imparcialidad, difícil de sostener en la doble condición de mediador y cronista de los acontecimientos que vivimos. Debo, pues, cumplir exclusivamente con las reglas de mi profesión”, respondió Scherer al rechazar el ofrecimiento.

En marzo del 2001, a solo unas horas de que la caravana zapatista entrara a Ciudad de México, Scherer entrevistó al subcomandante Marcos, para Proceso. Dicha entrevista tomó relevancia porque se grabó para televisión y la transmitió Televisa, dos medios antagónicos por los criterios editoriales.

En el 2010 entrevistó a Ismael Zambada, alias el ‘Mayo Zambada’, uno de los capos más buscados en México y Estados Unidos, entrevista que se publicó en Proceso y luego en un libro que se tituló Historias de muerte y corrupción. La entrevista recibió críticas de colegas y políticos por el hecho de haber acudido a la invitación que le hiciera el narcotraficante. Scherer respondió: “Si el Diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”.

En el 2013 le tocó su turno a Rafael Caro Quintero, líder histórico del narcotráfico, fundador del desaparecido cartel de Guadalajara, quien otorgó la entrevista en el penal de máxima seguridad del Altiplano, donde se encontraba recluido.

A pesar de los años a cuesta, Julio Scherer nunca abandonó el oficio que lo acompañó hasta el día de su muerte.
El 7 de diciembre pasado, publicó el que sería su último texto, con motivo del fallecimiento del también periodista Vicente Leñero, quien fuera subdirector de Proceso durante veinte años.

Una de las visiones más recientes de Scherer sobre la actualidad que vivimos se resume en la siguiente reflexión: “El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable. Si los ríos se enrojecen y se extienden los valles poblados de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra. (...) Me duele decirlo: un gobierno que se valora por su imagen es un gobierno frívolo. Pesadas tareas nos esperan a los periodistas. Esta es nuestra pasión”.

Una carrera llena de premios y de libros

Durante su carrera, Julio Scherer García obtuvo diversos premios, además de haber escrito 22 libros entre 1965 y el 2013.
En 1971, el periodista mexicano recibió el prestigioso premio María Moors Cabot; en 1977 fue nombrado el periodista del año por Atlas Wordpress Review, de Estados Unidos; en 1986 recibió el premio Manuel Buendía, y en 1998 rechazó el Premio Nacional de Periodismo porque era entregado por el entonces presidente, Ernesto Zedillo.

Años más tarde, en el 2003, aceptó el Premio Nacional de Periodismo cuando este se hizo de carácter ciudadano.

Ganó también el Premio Nuevo Periodismo 2001 en la modalidad de homenaje, que le otorgó Cémex-FNPI, presidido por Gabriel García Márquez y Lorenzo Zambrano. En el 2002 le fue otorgado el Premio Nuevo Periodismo, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, y en el año 2006 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Guadalajara.
Julio Scherer es autor de ‘La piel y la entraña’, de 1965; ‘Los presidentes’, de 1986; ‘El poder. Historias de familias’, de 1990; ‘Salinas y su imperio’, de 1997; ‘El perdón imposible’, publicado en el 2005, y ‘La pareja’, en el 2006. En el 2007 publicó ‘La terca memoria’. En el 2008 editó otro de sus libros, ‘La reina del Pacífico’, basado en una extensa entrevista realizada en prisión a Sandra Ávila Beltrán, vinculada al cartel de Sinaloa.

‘Secuestrados’ es uno de sus libros más conocidos. Publicado en el 2009, en él aborda uno de los delitos que más han dañado a la sociedad mexicana contemporánea.

ALEJANDRA NOGUEZ
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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