¿Prioridades?

Bogotá celebra hoy, señoras y señores, quinientos años de no ser.

notitle
08 de enero 2015 , 09:31 p. m.

Bogotá, 6 de agosto del 2038. La capital de Colombia conmemora los quinientos años de su primera fundación, que todavía no se sabe si fue antes o después de la segunda, antes o después del tranvía, antes o después del metro. Bogotá celebra hoy, señoras y señores, quinientos años de no ser. No hay mucho para festejar. El metro no se pudo realizar por unas prioridades, que tampoco se priorizaron. En el 2015 dijeron que el metro era importantísimo, pero tocaba aplazarlo por ser prioritario arreglar la Caracas y pasar el TransMilenio por la avenida Boyacá.

Hoy celebramos los quinientos años de Bogotá, con la novedad de que, a mediados de la década de los veinte, la legendaria avenida Caracas solo cambió de nombre. Ahora se llama trocha Peñalosa, y por allí no pasan los desarticulados buses de TransMilenio, sino las típicas zorras de tracción animal que prestan el servicio de transporte urbano masivo. (Las llaman ZITP, Zorras Integradas de Transporte Público). Tampoco tenemos el TransMilenio por la avenida Boyacá, ni por ninguna parte. Los buseteros se salieron con la suya. Desintegraron a codazos el SITP y siguen de dueños de las rutas de la séptima. Quinientos años después, bogotanos y bogotanas, todo está como el día en que don Gonzalo Jiménez de Quesada fundó esta megaurbe y le cambió al río Viracachá su bello nombre indígena por el de avenida Jiménez de Quesada. El recién electo alcalde, doctor Enrique Peñalosa, ha declarado que la solución de todos los problemas de la ciudad es el TransMilenio.

Aquí despierto de esa pesadilla futurista y caigo en la pesadilla actual. Veo cada vez más gaseoso, nublado y difuso el metro de Bogotá. Aparece como una nebulosa perdida a miles de años luz, no en la distancia, sino en el tiempo. Se ha vuelto un chiste flojo, recurrente. “– ¿Cuándo almorzamos? –Muy pronto, cuando inauguren el metro de Bogotá”. O “Imagínate que no puedo ir. Estoy más embolatado que el metro de Bogotá”.

Bogotá no es la única ciudad del país que vive la pesadilla del caos del transporte por cuenta de la pésima planeación de los servicios públicos y específicamente del servicio público de transporte. Ahí tenemos el caso de Bucaramanga, que nos cuenta en su última columna Alberto Donadio (‘El Espectador’ 6/I/2015, p. 24). Allá, movidos por la filosofía unimodal del gran urbanista Peñalosa, montaron un “Metrolínea” (narra Donadio) a imagen y semejanza de TransMilenio, es decir, igual de mal planeado. Y a imagen y semejanza de TransMilenio, el Metrolínea ha hecho un infierno del servicio de transporte público en Bucaramanga.

“Cuesta trabajo aceptar –dice Donadio– que una obra como Metrolínea, que afecta a más de un millón de personas, haya sido diseñada pensando en sandeces a las cuales les dio el visto bueno Planeación Nacional”. No debería costarnos trabajo aceptar ese hecho que anota el columnista, pues el apellido de la señorita Planeación Nacional es, precisamente, Sandeces.

Una sandez, por ejemplo, la encontramos en las prioridades. Si hay un enfermo que necesita que le apliquen una dosis de tal remedio y una de tal otro, (su vida estaría en riesgo si una de las dos dejara de aplicársele) ¿cómo calificaríamos al médico que diga que no hay recursos para los dos remedios y que únicamente se le aplicará el prioritario, cuando ambos son prioritarios? El enfermo morirá gracias a las prioridades.

El transporte público masivo de Bogotá es un enfermo grave, un moribundo al que se le deben aplicar al mismo tiempo los distintos remedios aconsejables para salvarlo. Uno o dos no bastarán. Todos son necesarios. Metro, Tranvía, TransMilenio, SITP, cable aéreo, tren aéreo. Que se forme con cada uno de ellos una alianza empresarial público-privada y que cada empresa se encargue de conseguir los recursos financieros y de adelantar las obras hasta su conclusión, rápida y feliz, bajo la estricta coordinación y vigilancia de la Alcaldía Mayor. Si seguimos con las prioridades, la ciudad capital celebrará sus quinientos años como en la pesadilla que relaté al principio.

Mientras tanto felicitemos a la Administración, y a la Secretaria de Movilidad por la atinada medida que puso fin al absurdo reversible por la séptima. Es un primer paso fundamental en la dirección correcta para descongestionar el tránsito y darle una lógica racional al uso de las calzadas. Volver a la doble vía en todas las que por su ancho la soporten, y que hoy inexplicablemente son de una sola vía, debe ser el próximo paso.

*********

Todos somos Ayotzinapa. Todos somos ‘Charlie Hebdo’. Todos somos víctimas de un puñado de dementes que creen que matar es un deporte o un negocio.

Enrique Santos Molano

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.