32.000 metros cuadrados de naturaleza, a minutos de Bogotá

32.000 metros cuadrados de naturaleza, a minutos de Bogotá

A pocos kilómetros del Salto del Tequendama está el Zoológico Santacruz.

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08 de enero 2015 , 05:05 p.m.

Milka es una diva. Hermosa y elegante, está acostada con los ojos cerrados. Los niños la llaman, pero ella los ignora. Es una tigresa blanca llegada de Chile y cuyas patas se ven como si fueran de peluche. (En imágenes: El Zoológico Santacruz, un paraiso terrenal a pocos minutos de Bogotá)

Su compañero de al lado es Narí, un tigre de Bengala que sí mira a los visitantes, muchos de ellos niños, que hacen un recorrido familiar por el Zoológico Santacruz, ubicado muy cerca del salto del Tequendama.

Son 32.000 metros cuadrados de recorrido, en los que hay muchos animales exóticos y vegetación del bosque alto andino, así como también animales domésticos, para que los niños conozcan las diferencias entre unos y otros.

La dignidad de Milka, la diva, termina cuando Haydy Monsalve Redwan, directora ejecutiva de la Fundación Zoológico Santacruz, la llama por su nombre y mueve el fajo de llaves (de muchas llaves) que lleva en la mano.

Milka es la diva del zoológico. La tigresa blanca llegó de Chile hace varios años.

La tigresa se levanta y fija su mirada en ella. Una mirada de amor y agradecimiento. “De pronto estaba acostada e indiferente por el clima que está haciendo (un día frío), pues en esta zona la temperatura promedio es entre 15 grados la mínima y 18 ó 20, la máxima”, dice Monsalve, sin dejar de mover el gran llavero, que es como la alarma, además de su voz, para entablar contacto con los animales.

La visita al zoológico comienza con la ‘casa’ de John, el oso de anteojos, de 21 años, que llegó de una finca de Chía. Monsalve cuenta que su promedio de vida es de entre 30 y 32 años, “aunque en los zoológicos, por los cuidados y porque no están expuestos al peligro, viven un poco más”, cuenta.

Después llega el turno de pasar por la casa de Diana y Ratzel, los tigrillos. La primera fue maltratada y ahora tiene muy buena vida en el zoológico. Los niños, al conocer su nombre, la llaman; quieren tomarle fotos.

Todos los animales atraen a los visitantes, especialmente a los niños, que ponen atención a las explicaciones, como la de por qué hay unos osos llamados ‘lavados’, y abren mucho los ojos cuando saben que es porque lavan la comida antes de consumirla.

Haydy Monsalve Redwan, directora ejecutiva de la Fundación Zoológico Santacruz.

“Son muy importantes los manejos del cuidador y la relación que se establece con los animales”, sigue Monsalve, una amante de la naturaleza que tiene su casa a pocos kilómetros del zoológico para estar siempre cerca de este lugar mágico, donde la naturaleza regala todo su verde, y las flores, todos sus colores.

“Por fin veo un león en vivo y en directo”, dice un niño cuando llega al lugar donde está Káiser y se queda mirándolo un rato. Luego pregunta cómo se llama el tigre de Bengala (Narí). Este macho nació en el zoológico y pronto se unirá con Milka, esperando la reproducción.

El recorrido dura unas tres horas e incluye pumas, cotorras, comadrejas, flamingos, el águila real o de páramo, patos del Orinoco, nutrias de río, guacamayas y una gran variedad de monos (uno de ellos, Parmenio, el más bulloso), así como el tití cabeza del algodón, endémico y en peligro, y varias especies de tortugas, ranas, sapos y serpientes, entre muchos.

Los animales, por lo general, comen dos veces al día, y a las 7 a. m. sus cuidadores ingresan a los sitios donde los tienen para hacer la limpieza.

Hay varias especies de monos en el zoológico, y siempre piden comida.

Después de ver a los animales exóticos, los visitantes pasan a una granja donde están los domésticos. Allí aprenden sus diferencias y por qué una especie exótica no puede vivir con una familia en una casa.

Por estos días, el zoológico estrena su mariposario, y jóvenes de la región (la mayoría de los empleados son de la zona) trabajan en el cuidado de las larvas. También hay un espacio para arañas, el cual es seguro. Allí trabajan especialistas en este tipo de especies.

En el zoológico, la naturaleza no para de sorprender. Los animales juegan, corren, se mueven o se acuestan y cierran los ojos. Sus sonidos están por todas partes, así como sus aleteos y sus pisadas. Nunca hay silencio.

¿Dónde y cuándo?

Zoológico Santacruz. A una hora de Bogotá, por la vía al salto del Tequendama. Todos los días, de 8 a. m. a 5 p. m. Informes: www.zoosantacruz.org. Boletas: adultos, 15.000 pesos; niños, 12.000.

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