Argentino que recorre el mundo en bicicleta está en Medellín

Argentino que recorre el mundo en bicicleta está en Medellín

Pablo García ha viajado por 91 países con su bicicleta. Esta es su historia.

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07 de enero 2015 , 07:15 p. m.

Sin ser un fanático de la bicicleta, pero sí un soñador, desde hace más de 13 años, el argentino Pablo García decidió cambiar la rutina, la seguridad y el confort que, como guía turístico, tenía en la ciudad costera Maiceó, nordeste de Brasil, por la aventura y el deseo de cumplir un sueño: recorrer el mundo en dos ruedas.

“Ha sido una de las decisiones más difíciles de mi vida. Cambié la estabilidad por un proyecto totalmente abstracto”, comentó mientras señalaba su bici, la tercera que tiene desde que inició la travesía que lo ha llevado a 91 países en los cinco continentes.

Fue en 1999 cuando con coraje superó la primera prueba: 10.000 kilómetros entre Maceió, ciudad donde vivió cinco años, y su natal Buenos Aires, donde el desafío fue planear y armar seriamente el viaje, lo que significó contactar empresas, buscar patrocinio y salir en los medios de comunicación.

“Durante un año y medio estuve tocando puertas. El proyecto se convirtió en una forma de vida”, dijo, a la vez que recordó que su familia no entendía lo que quería hacer y le decían que estaba loco. “Cuando salí en los medios y conseguí los patrocinadores mi padre me felicitó porque lo había logrado y me dijo que sí o sí tenía que hacerlo”.

Pablo tenía claro que el primer lugar en recorrer era África, quería un cambio fuerte y también pensó que “si podía pedalear por África, lo podría hacer por todo el mundo”.

En septiembre de 2001 cruzó el Atlántico y arribó a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde recorrería el este africano hasta llegar a Egipto. Pensó que lo haría en siete meses, pero tardó 27, por eso, aseguró entre risas, que “por todas las cosas que viví, ahí me hice hombre”.

Anécdotas y recuerdos tiene muchos. Conoció y compartió con diferentes tribus indígenas y una de las cosas que más lo impactó fue ver que la leche y sangre del ganado, al que consideran patrimonio y no matan, es alimento diario. “Para ellos, la sangre remplaza la carne, es su proteína. Es lo más extraño que he probado”, afirmó.

Cumplido el objetivo en África, su proyecto siguió en marcha. Europa, Asia y Oceanía lo recibieron con variedad de climas, culturas y por supuesto, historias. En su bicicleta, que pesa 85 kilos, lleva lo necesario para moverse con libertad: una carpa, una hornalla para cocinar, mudas de ropa para todas las estaciones, una cámara fotográfica y algunos repuestos y herramientas para el mantenimiento de su única compañera de viaje.

Kenia, Mongolia, Emiratos Árabes Unidos, Japón, Italia, Australia y Estados Unidos son solo algunos de los países que han sido testigo de su travesía. Dijo que Asia fue uno de los destinos más fuertes, principalmente por la cultura y porque la religión, contrario a Occidente, está en la cotidianidad de su gente. Jordania, Turquía, India y China “me marcaron profundamente”.

A excepción de Libia, en ningún otro territorio le han negado la entrada, pues sus papeles y las banderas que lleva en la parte trasera de su bici lo acreditan como viajero por el mundo.

No es un hombre fuerte ni musculoso. Aseguró que el secreto para superar los más de 135.300 kilómetros recorridos, es la capacidad mental, está en la cabeza y no tanto en la bici o en el físico. Por ejemplo, cuando sube montañas solo recorre entre cinco y seis kilómetros por hora. No le preocupa, porque para él, importa llegar y no tanto el tiempo.

Otra de las anécdotas que le gusta compartir es la que vivió en Irán: buscaba un lugar para acampar, vio a un grupo reunido alrededor de una fogata, se acercó e irrumpió en la operación de unos traficantes que estaban contando dinero.

Cuenta que le pedían explicaciones en farsi, él no entendía nada y recurrió a mostrarles su pasaporte y las banderas de su bici. “Esa vez la vi fea, me preguntaba cómo iba a salir de allí, hasta les hablé del Diego (Maradona)… Sí, el Diego me salvó un par de veces”.

Pero, Maradona no es su dios. Está seguro en que la providencia nunca lo abandona, además, tener fe en lo que hace lo ha ayudado a superar los momentos difíciles del trayecto. Además, dice que la clave es tener respeto y humildad por el lugar al que se llega, pues así, “creo que las cosas y las personas fluyen mágicamente”.

Sostener esta aventura ha sido posible gracias a los patrocinios. Inicialmente argentinos, pero con la crisis económica de su país, buscó patrocinadores en los países que atravesaba y, paradójicamente, en África, Medio Oriente y Asia recibió más apoyo.

En Occidente se ha sostenido gracias a la venta de fotos, artesanías y de un libro que escribió en inglés y, desde hace año y medio, a un documental que resume su viaje por los sietes lugares que considera los más importantes: África, India, Tailandia, Tíbet, Australia, Medio Oriente y Norteamérica.

A Colombia llegó hace unos tres meses. Desde Panamá arribó a Cartagena, transitó por el caribe colombiano, fue a Venezuela, regresó y pasó por Cúcuta, Bucaramanga, Villa de Leyva, Bogotá y desde antes de Navidad está en la capital antioqueña.

De aquí, saldrá hacia las islas del Caribe, estará en Cuba y regresará a Colombia para ir al Eje Cafetero, Cali, Pasto, pasar a Ecuador, Perú y en el Amazonas coger un barco que lo lleve a Manaos, las Guyanas y volver al interior brasilero. Luego tomará la cordillera de los Andes entre Chile y Argentina, bajará hasta la Patagonia, Ushuaia y subirá a Buenos Aires.

A pesar de que ha recorrido tantos países, aseguró que el más lindo es aquel donde uno nace, porque “llevas contigo la idiosincrasia, los afectos, lo bueno y lo malo de tu tierra”. Aunque salió de Argentina a los 19 años y la conoce muy poco, la extraña.

Por eso, los 25.000 kilómetros que faltan de su aventura, cerca de dos años y medio, concluirán en su tierra, “será el postre, lo recorreré tanto como pueda” , concluyó.

Finalmente, el consejo que da a quienes se quieren arriesgar a una aventura como la suya es “no pensarlo mucho, las cosas van fluyendo en la ruta y sobre todo, al sociabilizar con la gente las posibilidades se abren día a día”.

MÓNICA MARÍA JIMÉNEZ RUIZ
Para EL TIEMPO
Medellín

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