La doble vida de los perros prohibidos en Irán

La doble vida de los perros prohibidos en Irán

Estos animales se hacen cada vez más populares en Teherán. Está prohibido llevarlos en los carros.

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06 de enero 2015 , 06:10 p. m.

La noche es de los perros en Teherán. Sus dueños tienen la creencia de que en la oscuridad están más seguros. Y es que, como muchos otros países de mayoría musulmana, Irán no es el lugar más amigable para tener este tipo de mascotas, que según la creencia no son limpios. En esta república islámica, incluso, las acciones parecen ir más allá.

Una de las grandes autoridades religiosas del país, el ayatolá Makarem Shirazi, ha publicado una 'fatwa' en contra de tener perros en casa y un grupo de parlamentarios presentó hace poco una propuesta de ley que declara que tener este tipo de animales es una ofensa criminal que puede ser castigada con latigazos. A esto se suma que les tienen prohibido ir en los carros y es frecuente que las autoridades impongan multas a sus dueños cuando los encuentra en la calle.

Foto: Archivo particular

“No es el Gobierno, es un grupo especial de gente muy religiosa que habla mucho del asunto. Pero creo que lo que más les molesta son los perros pequeños, especialmente los que llevan las chicas jóvenes, que ellos consideran como un símbolo occidental”, cuenta Ali Soltani que tuvo su primer perro, un collie, después de la Revolución en 1979, cuando un tío le dejó su perro al irse del país. La misma suerte corrieron los perros de muchos otros que abandonaron Irán en aquel entonces.

Si bien los perros grandes eran comunes por ese tiempo, y había uno que otro problema en la calle, oficialmente no estaban prohibidos. “Pero ahora que están hablando más de los perros desde el sector oficial también hay más perros pequeños, más veterinarios y más productos especializados para perros y demás mascotas”, dice. Y es que las limitaciones y amenazas de castigo parecen haber tenido un efecto contrario. Los perros son cada vez más populares en Irán, especialmente en el norte de Teherán y barrios de clase media de otras grandes ciudades. También lo son las clínicas veterinarias que se han multiplicado en los últimos diez años.

Payman Mohevi, dueño del primer hospital veterinario privado de Teherán, cuenta que cuando empezó hace diez años en la ciudad no había más de una docena de centros veterinarios. Hoy hay más de 100 y alrededor de 200 en todo el país.
“Yo creo que este número de centros veterinarios tiene un gran efecto en las personas que, al darse cuenta de su existencia, se concientizan de que pueden tener mascotas, especialmente perros”, dice Mohevi en su hospital donde hoy trabajan más de 100 personas.

En la sala de espera varias jóvenes, algunas con sus maridos y otras con sus madres, aguardan a que sus mascotas reciban el tratamiento de belleza que se ofrece. Otras están allí para comprar los concentrados especiales, productos que hace pocos años eran difíciles de encontrar en este país. Irónicamente en los años que las sanciones han sido mayores, el número de lugares que venden productos importados para perros son cada vez más. “Irán es una sociedad que está cambiando rápido de ser tradicional a industrial. Ahora las familias son más pequeñas, al igual que las casas, y la gente decide tener mascotas para llenar los vacíos sentimentales de su vida. Y muchos prefieren los perros porque se adaptan mejor al hombre”, explica Mohevi.

Foto: Archivo particular

Pero tener perros no es fácil, como es el caso de Hanganeh, de 33 años, que optó por los gatos porque en el lugar donde vive no le es posible tener un perro. “No puedo porque ladran y a los vecinos no les gusta. Hay mucha gente en este país que no es receptiva con los perros”, dice. Para compensar tiene cuatro gatos. Irán, al fin y al cabo, es una sociedad gatuna donde los felinos no solo están en las casas, sino que se multiplican en las calles.

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“Mucha gente tiene creencias equivocadas hacía los perros y los ve como una amenaza”, explica Afsaneh Sarrin, responsable del área de adopción del albergue para perros Wafa, un centro pionero en recibir perros heridos o abandonados en Irán. En este terreno desértico a las afuera de Teherán, donde los perros viven en un par de patios cercados, se ve la otra historia de estos animales en Irán. La mayoría son perros callejeros, muchos heridos por personas que los rechazan y llevados hasta allí por un gran número de voluntarios que apoyan las labores del centro.

Otusa, de 24 años, colabora con Wafa desde hace más de seis años. Cada viernes conduce casi dos horas para ayudar en la limpieza de los patios y los animales. “Quisiera tener un perro pero mis vecinos no lo permitirían, así que vengo aquí”, dice. Lo mismo hacen otros jóvenes como ella que tratan de ayudar esta institución que comenzó hace doce años con no más de quince animales. Era el primer centro para perros perdidos y heridos en Irán. Actualmente albergan más de 600 perros y están desbordados.

“Tratamos de buscar quién adopte los perros y solo nos quedamos con aquellos heridos de por vida”, explica Ali Sani, administrador del albergue que asegura que no pueden cuidar todos los perros que quisieran y que son necesarios más albergues de este tipo. Sin embargo, desde el sector oficial no hay ninguna iniciativa para llevar a cabo este tipo de proyecto.

Otra opción, explica el veterinario Yeganeh de la clínica de Yusef Aabad, es que la gente aprenda a vivir con los perros y no los vea como enemigos. Por esta razón, un grupo de veterinarios se ha puesto en la labor de tratar de educar a los dueños de los perros para que limpien los deshechos en las calles y conozcan todas las reglas de urbanidad. “Tal vez así la gente les tenga más respeto a los perros”, dice. Al fin y al cabo, estos animales no son nuevos en la sociedad. En áreas rurales los campesinos siempre han contado con perros para el cuidado de sus rebaños y otros oficios, y la Policía también tiene los suyos.

“Sería mejor que todos aprendiéramos a vivir con los perros. Así yo no tendría tanto miedo cuando salgo a la calle con Nutella –dice Parmis, de 27 años, que tiene un pequeño terrier–. Siempre pienso en que algo malo nos puede llegar a pasar”.

CATALINA GÓMEZ ÁNGEL
TEHERÁN

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