El aerolito que le fue 'robado' a Colombia

El aerolito que le fue 'robado' a Colombia

Con una intervención, Elvira Escallón reconstruyó la historia del aerolito de Santa Rosa de Viterbo.

notitle
05 de enero 2015 , 04:12 p.m.

Parece una historia de ficción: del cielo cae una lluvia de meteoros sobre Boyacá. Una joven niña, Cecilia Corredor, se encuentra un objeto que parece de fuera de este mundo. La gente del pueblo, con mucho esfuerzo, lo arrastra hasta la plaza principal, en donde se exhibe con orgullo sobre una columna.

No se trata de un guion de cine, sino de lo que ocurrió en Santa Rosa de Viterbo en 1810, cuando se halló uno de los pocos aerolitos que se conocen en el país. En 1823, dos naturalistas lo reconocieron y lo compraron como primera pieza del Museo Nacional, pero por su peso no pudieron transportarlo a Bogotá y se quedó como orgullo local durante casi cien años.

Hasta que en 1906, Henry A. Ward, profesor de Historia Natural de Rochester (Nueva York) y cazador de meteoritos, se enteró de la existencia del aerolito y decidió adquirirlo como fuera.

Solo tuvo que convencer al Gobernador de entonces de cambiar el aerolito por un busto del General Rafael Reyes, presidente de la época, con el argumento de que este se vería mejor en la plaza. Al igual que en la cinta El embajador de la India, los habitantes se embelesaron con Ward, quien los invitó a una gran cena, durante la cual, casi 50 personas encargadas por él se llevaron el aerolito, sin que los habitantes se dieran cuenta.

Sobre el aerolito original cuelga una reconstrucción en resina. Las dos piezas se unen a través de un rayo de luz que ilumina al aerolito cortado del Museo. Foto: Cortesía de María Elvira Escallón

Un periodista advirtió el sospechoso movimiento y lo denunció en el informativo El Mercurio: “Antier secuestraron los agentes de Policía, en la Estación Caro, el aerolito de Santa Rosa de Viterbo que fue vendido por el Consejo Municipal de la Capital de Tundama al viajero americano H. A. Ward, por algo en dinero y una estatua del Sr. General Reyes. El Gobierno de la República hace muy bien en no dejar que se disponga de lo que sin metáfora nos ha caído del cielo”.

Esa última frase le dio nombre a un trabajo realizado durante dos años por María Elvira Escallón, que combina lo artístico y lo investigativo, y se presenta en el Museo Nacional, gracias a la Beca de Creación para Artistas de Trayectoria que otorga el Ministerio de Cultura.

“Uno de los motores para hacer este trabajo fue mi obsesión por reconstruir minuciosamente tanto la forma original del aerolito como por levantar, de la forma más precisa posible, los detalles de lo que aconteció con el aerolito, casi como si se tratara de la reconstrucción de la escena del crimen”, comenta la artista.

La muestra presenta una serie de dibujos en tinta, a manera de los grabados del siglo XIX, hechos por Juan Peláez, quien no suele usar el dibujo, pero resultó perfecto para este caso. Incluyen un breve texto, soportado con la investigación que hizo Escallón, y con un diseño específico para la sala del aerolito del museo: “Había momentos claves en esta historia del aerolito y quise proporcionarles una imagen, que a veces es necesaria para asimilar la historia”.

Escallón buscó la prensa de la época en la Biblioteca Nacional, la Luis Ángel Arango, el archivo histórico de la Universidad Javeriana y trabajos como el de Freddy Moreno, director científico del observatorio del Gimnasio Campestre. Luego viajó a EE. UU. con apoyo de la Cancillería y la Embajada de Colombia en ese país. Allí visitó el Museo de Historia Natural en Chicago, tomó fotos del fragmento de casi 100 kilos del aerolito que allí se encuentra e hizo un frottage –técnica en la que se frota un lápiz sobre una hoja que permite obtener la impresión exacta de un objeto–.

Enviando solicitudes durante casi un año obtuvo fotos e impresiones de los fragmentos en que fue cortado el aerolito, que están en museos como el de Historia Natural en Harvard, el Smithsonian y otros en España y el Reino Unido. Y así, la artista hizo una reproducción a escala natural de dichos pedazos, cada uno de ellos con frases escritas por Ward o documentación del caso.

Fotografía de cuando el aerolito fue cortado (en el siglo XX). Archivo

“Cada documento y fragmento que iba encontrando abría nuevas puertas y planteaba nuevas posibilidades, solo había que avanzar”, explica Escallón. Encontró las cartas y los diarios de viaje de Ward en su travesía por Colombia, copias del acuerdo de canje del aerolito, cartas de recomendación de Ward escritas por el embajador estadounidense a un ministro colombiano y otras escritas por Ward a su socio en Estados Unidos, "hablando de las ganancias del negocio, mientras aquí se le trató como a un destacado científico, o se simuló que lo era".

El trabajo y la investigación de Escallón permiten ver cómo desconocemos nuestra historia y no valoramos nuestro patrimonio. En sus palabras, el pequeño Museo del Aerolito “es un pequeño teatro en el que aparecen personajes, situaciones, actitudes y costumbres sociales que se repiten infatigablemente hasta nuestros días y tiene una gran vigencia”.

¿Dónde y cuándo?

De lo que sin metáfora nos ha caído del cielo’. Hasta el 1 de febrero. Museo Nacional, Cra. 7 n.° 28-66. Bogotá. Teléfono: 381-6470.

María Alejandra Toro Vesga
Cultura y Entretenimiento

Empodera tu conocimiento

Sal de la rutina

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.