Desastre y desarrollo

Desastre y desarrollo

La rápida y eficaz respuesta del gobierno filipino salvó muchas vidas, fue un esfuerzo planificado

03 de enero 2015 , 10:17 p.m.

NUEVA YORK. Cuando el tifón Hagupit tocó tierra en Filipinas el 6 de diciembre, estaban frescas en el recuerdo las más de 6.300 muertes que causó el tifón Haiyán. Según las Naciones Unidas, cerca de 227.000 familias (más de un millón de personas) fueron evacuadas. El tifón, uno de los más fuertes de la temporada, causó unas 30 víctimas. Todas las muertes por desastres son una tragedia, pero el hecho de que este número no fuese mucho mayor da cuenta del nivel de preparación que Filipinas ha alcanzado para los desastres naturales.

Como administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, he visto de primera mano la devastación y los daños emocionales provocados por desastres acaecidos en todo el mundo. Son pérdidas trágicas, pero también evitables, y sirven de recordatorio de que estar preparados para un desastre no es un lujo opcional, sino un proceso constante e intenso, y necesario para salvar vidas, proteger infraestructura y salvaguardar el desarrollo.

Si los países esperan sufrir embates naturales, invertir tiempo y recursos en prepararse salvará vidas y protegerá a las comunidades de otras pérdidas.

Lamentablemente, los gobiernos plantean prioridades diferentes. Con frecuencia tienen precedencia otras inversiones, y la historia nos señala que los donantes tienden a financiar ayuda de socorro ante hechos consumados mucho más rápido que a hacerlo con la preparación para evitarlos. Es necesario que eso cambie. Países como Filipinas siguen demostrando los beneficios de invertir en preparación, especialmente cuando se hace en el marco de una iniciativa de reducción del riesgo de mayor alcance.

La rápida y eficaz respuesta del gobierno filipino salvó muchas vidas, pero fue parte de un esfuerzo nacional bien planificado, que se venía preparando de mucho antes. Las autoridades tuvieron la sabiduría de reconocer las vulnerabilidades de su país y comprometer los recursos y el capital necesarios para desarrollar mecanismos de resistencia.

Filipinas incluyó la preparación como un componente clave de su estrategia general de reducción del riesgo. A lo largo de la década pasada, sus autoridades elevaron el nivel de conciencia, crearon y fortalecieron entidades de manejo de desastres y se esforzaron por recuperarse de desastres pasados. Se han mejorado los planes nacionales y locales de acción, además de establecerse sistemas de alerta temprana. El resultado final ha sido una verdadera transformación del modo como el país reacciona ante estas situaciones.

El PNUD y las Naciones Unidas están prestando apoyo a los gobiernos que ponen un mayor acento en la reducción de los riesgos ante desastres, incluida la preparación, fortaleciendo su capacidad institucional para planificar y actuar cuando sea necesario. Además de prestar ayuda de emergencia, es crucial que la comunidad internacional contribuya a introducir procedimientos básicos para responder mucho antes de que se produzca el desastre.

Por ejemplo, quienes dan los primeros auxilios necesitan entrenamiento y herramientas. Los refugios de emergencia y las rutas de evacuación se deben planificar y crear mediante evaluaciones de riesgos y simulaciones reales. Si se espera que las comunidades usen los recursos a su disposición, han de participar en el diseño y el desarrollo de planes de emergencia.
En marzo del 2015 se acordará en Sendái (Japón) un nuevo marco global para la reducción de desastres. Es esencial que allí los delegados presionen por un cambio que subraye la preparación y salve vidas. Filipinas puede servir de ejemplo. El archipiélago siempre estará en el camino de las tormentas tropicales: poco pueden hacer las autoridades para que no sea así. Pero lo que pueden hacer –y han hecho– es mejorar la reducción del riesgo y fortalecer la preparación. Se trata de una lección que debemos aprender.

Helen Clark*
* Ex primera ministra de Nueva Zelanda. Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Project Syndicate 

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