La ciencia pone ahora los ojos sobre impactantes hallazgos en Soacha

La ciencia pone ahora los ojos sobre impactantes hallazgos en Soacha

Grupos de arqueólogos analizan 20 toneladas de material recuperado junto al Salto del Tequendama.

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02 de enero 2015 , 07:00 p.m.

A finales del 2010, en el sector de Canoas (Soacha), cerca del Salto del Tequendama, que era un lugar sagrado para los muiscas, un grupo de investigadores del que hacía parte John Alexánder González, jefe de arqueología de Ingetec S. A., protagonizó uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del país.

En esa zona, donde hoy el Grupo EPM construye la subcentral eléctrica de Nueva Esperanza, se encontraron vestigios de una sociedad que habitó esta región entre el año 900 a. C. (periodo Herrera o Premuisca) hasta la llegada de los españoles (siglo XVI). (Lea aquí los resultados de los análisis hechos a vestigios similares hallados en Tibanica: 'Los muiscas rompen su silencio')

González, quien participó en los estudios de prospección arqueológica previos a la construcción de la obra de EPM, recuerda claramente esas primeras visitas: “Era una planicie de casi cinco hectáreas, que entonces estaba cultivada, y aun así a simple vista se veían trozos de cerámica. La ubicación, los fragmentos y la forma de la terraza nos llevaron a pensar en un contexto de vivienda o funerario”.

Las primeras excavaciones les confirmaron el potencial de la zona y fueron la base del plan de manejo arqueológico que se desarrolló. Luego de meses de sondeos encontraron huellas de estructuras de gran tamaño.

“Eso marcó la diferencia, pues no lo esperábamos. Excavamos más amplia y detalladamente y detectamos tumbas, huellas de postes y, luego, los vestigios de una estructura rectangular de 9 metros por 12... Meses después encontramos otra, de 24 metros por 12”, dice emocionado.

Los estudios hechos los llevaron pronto a concluir que no solo el terreno intervenido (de 4,8 hectáreas y donde estará la subcentral), sino el que lo rodea está lleno de rasgos arqueológicos, entre los que hay estructuras, tumbas y depósitos de arcilla y cerámica.

Aunque solo se hizo rescate en la zona de trabajos de EPM (el resto se explorará más adelante), se recuperaron, durante dos años de trabajo, 20 toneladas de material arqueológico, cerca de 30.000 fragmentos de cerámica y 139 piezas intactas, se exploraron mil tumbas y se recuperaron restos óseos de 800 individuos, así como de animales y vegetales de esas épocas.

“Fue una labor impresionante, en la que participaron 60 arqueólogos y 130 trabajadores de campo, algo inusual en Colombia”, afirma.

Los análisis de lo recuperado están en marcha y se espera que este año los grupos conformados para llevarlos a cabo aporten datos sobre la vida, la dieta y la salud de los muiscas (bioarqueología), sus estructuras complejas, sus unidades domésticas, la ecología cultural (Nueva Esperanza en relación con el entorno), geoarqueología (suelos), semillas y restos óseos de animales, sus comunidades, los volantes de huso (usados para fabricar telas) y artefactos de piedra (líticos) y cerámicos. 

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