El hombre que más sabe del negocio de la comida rápida en Barranquilla

El hombre que más sabe del negocio de la comida rápida en Barranquilla

La historia de William Orozco, quien ahora es un reconocido distribuidor de insumos.

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28 de diciembre 2014 , 11:54 a.m.

William Orozco Hernández es modesto si debe referirse a los logros que ha obtenido a lo largo de 48 años de vida.
Sin embargo, no tiene espacio para la duda cuando llega el momento de dejar claro que en administración de negocios de comidas rápidas es uno de los que más sabe en Barranquilla.

“Llegué hasta cuarto de bachillerato, pero desde mis comienzos sabía muy bien lo que quería conseguir con esta gastronomía, hoy patrimonio de los barranquilleros”, dice en una cómoda oficina.

Y es que para Orozco, nacido en el municipio de Fundación (Magdalena), pero que a los 5 años fue llevado por sus padres al barrio Las Malvinas, en el suroccidente de Barranquilla, es obligatorio referir lo que vivió 29 años atrás, cuando se desempeñó como ‘ayudante del ayudante’ (en sus propias palabras) de un carrito de perros calientes en la esquina de la calle 76 con carrera 50, en el norte de la ciudad.

Fue su primer encuentro con esta receta de influencia norteamericana, ese momento que le permitió ver más allá y proyectar un sinnúmero de cosas que se podían hacer como masificarla y llevarla a todos los estratos, pues, hasta ahí, era de exclusivo acceso de la clase alta de Barranquilla.

“Fue lo primero que aprendí, lo que al final me puso al frente el reto de buscar más clientes y aumentar el volumen de mis ventas”, agregó.

No olvida que fueron tiempos difíciles que recuerda con gratitud, ya que marcaron un camino que se inició desde cero tras el éxito, frente a tropiezos que lo fortalecieron y lo llevaron a fundar la marca Kiko’s Willy, hoy distribuidora de por lo menos 500 restaurantes que ofrecen este tipo de gastronomía a lo largo y ancho de ‘La Arenosa’.

“A duras penas se ofrecía el perro sencillo con salchicha, salsas y cebolla, así como un chuzo de carne o pollo en ‘el palito’. El negocio no era ese gigante comercial de estos tiempos, pero yo estaba deslumbrado por lo que aprendía”, relató.

Comenzaba la década del 80 cuando Orozco se dio cuenta, también, de que se podía ofrecer un mejor servicio al cliente para que este se sintiera más a gusto y retribuyera con propinas que con el paso de los meses fueron más generosas.

Es entonces cuando, con la ayuda de un par de clientes y su trabajo logró reunir 20 mil pesos de la época (el salario mínimo legal estaba cerca de los 14 mil pesos), y compró su propio carrito, uno destartalado, que luego de reparar instaló en la calle 84 con carrera 47, en el sector que más gozaba de prestigio para entonces.

Ese negocio le traería los primeros baños de fama a Orozco, quien ya empezaba a ser conocido por su clientela como ‘Kiko’, por su parecido con el entonces jugador de Junior, Jesús ‘Kiko’ Barrios, pero también como Willy, por su nombre de pila.

El despegue del negocio era un hecho por cuenta de los 300 o 400 perros calientes diarios que se vendían y que se despachaban a una clientela cada vez más amiga de William a la que le servía, además, como centro de información en una época en la que la telefonía celular no estaba ni cerca de llegar.

“Les preguntaba por sus familias y les entregaba mensajes entre sí, lo que los mantenía comunicados”, explicó.
Gracias a la presión que sintió cuando su jefe del pasado bajó a la mitad los precios de sus productos, Orozco no tuvo más camino que idearse e implementar en su menú recetas como la mazorca y el chuzo desgranados, los perros calientes de diversos tipos y otras recetas experimentales que iban naciendo y tomando fama entre un negocio y otro.

El hoy empresario insistía, con afán, en los frutos que le traería fortalecer el servicio al cliente, por lo que se surtió de dulces de menta que entregaba cuando los comensales pagaban la cuenta, lo que fue muy bien recibido e hizo carrera en las prácticas que llevan a cabo los restaurantes de tiempos actuales en Barranquilla.

Formalidad es vital

William, de tez morena y actitud bonachona, a quien el éxito no lo deslumbra, se hacía cada vez más famoso, por lo que motivado por la importancia de comenzar a hacer más formal su negocio, decidió inscribirlo en la Cámara de Comercio de Barranquilla.

Fue así como en 1992 nació Kikos o Willy, en un local en la calle 82 con carrera 49C, donde hoy funciona una clínica. La razón social cambió años después a Kiko’s Willy por consejo de un amigo publicista y después se instaló en la calle 93 con 49C, donde hoy funciona la sede principal de su negocio de distribución que con el liderazgo de sus hijos (tiene cinco) se ha logrado expandir a Santa Marta.

Todo marchaba de maravillas cuando la restauración de la vía, por parte de la Alcaldía, terminó bloqueándolo y ahuyentando a su clientela que también se veía golpeada por la ola de violencia y de secuestros que se comenzaban a presentar en la ciudad.

“Parecía que todo estaba acabado, pero siempre me gusta mirar a donde los demás no lo hacen. Por eso me lancé a la aventura de seguir con mi venta de comida, pero surtiendo a los demás negocios que en ese entonces no tenían un lugar idóneo para comprar sus insumos”, anotó.

Así fue como Kiko’s Willy dio un giro inesperado y un buen día, hace un par de décadas, se dedicó consolidarse como el negocio que esperaban los preparadores de comidas rápidas de Barranquilla. Un lugar donde a toda hora de la noche y con domicilio incluido, se consiguen a muy cómodos precios desde la salsamentaría hasta el pan, salsas e incluso los desechables para montar un restaurante de este tipo.

Humildad para triunfar

Orozco no pierde la oportunidad, cada vez que puede, de visitar su barrio, donde residen sus amigos de toda la vida, incluso, varios que han progresado con él en el negocio de la comida rápida, pues de ahí son oriundos un sinnúmero de preparadores de esta gastronomía.

Asegura que el hecho de seguir siendo la misma persona desde sus inicios, con la convicción de que lo mejor siempre está por hacer, y la compañía de su esposa, Damaris Quintana, han sido pilares de su progreso.

En octubre de 2011, Kiko’s Willy fue el gestor de la idea de hacer el perro caliente más largo del mundo, que con un total de 273,5 metros se preparó, en 17 minutos, en el parqueadero del estadio Metropolitano de Barranquilla. Ese día, William se puso el delantal y recordó sus comienzos a lado de sus amigos cocineros, por los que trabaja incansablemente y a los que trata de aconsejar y asesorar, otro de los servicios que ofrece.

“Les aconsejo que se organicen y que sean juiciosos. Esta es una industria que tiene mucho para dar”, concluyó.

ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ
Barranquilla.

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